Desde hace cuarenta años, los expertos discuten sobre la probabilidad de los efectos del cine, de la televisión, de la narración visual permanente a la que estamos todos sometidos. A mí, en cambio, me parecen obvios: los veo todos los días reflejados en mi entorno:
a)     Socialización: un mundo compartido de valores a través de una educación no reglada no a través del discurso, sino a través del relato: les conferimos tanta autoridad que la realidad no es la que vivimos, sino la virtual transmitida por los personajes de las series.
b)    Homogeneización: llegan a millones de personas nacionales o internacionales.
c)     Espejo de la realidad: llegan, pero distorsionados porque reflejan una realidad interesada desde el casting de los actores hasta la selección de situaciones dramáticas.
d)    Identificación: nos identificamos con los protagonistas. Los buenos y los malos. Asumimos sus roles. Imitamos sus comportamientos.
e)     Legitimación social: nos hace admitir acríticamente situaciones: convivencia en el noviazgo, aquí te pillo aquí te mato, rupturas familiares, adulterio, promiscuidad sexual, culto al cuerpo y, aunque sea políticamente incorrecto, homosexualidad normalizada.
f)      Sugestión: suponen una representación viva y fuerte que se apodera de nosotros.
g)     Manipulación de la experiencia: se viven como una experiencia vicaria, pero que sentimos como real
h)    Impacto multisensorial: música, diálogo e imagen que, de nuevo, refuerzan mensajes que van más allá de la razón.
i)       Transferencia de personalidad: al ver teleseries y películas nos ponemos en el lugar del protagonista asumiendo sus ideales, empatizando con sus emociones. Incluyendo la simpatía o carácter previos que incorpora el actor a su personaje.
j)       Re-creación de la familia: Su mayor influencia se produce sobre la imagen de la familia ya que la mayor parte de las sit-coms están construidas sobre modelos familiares porque nos son más próximos.
No son efectos, son efectísimos.