Resultado de imagen de Antoni Gutiérrez rubíInnerarity fundamentaba su desenredo de la ilusión en que «Internet no elimina las relaciones de poder sino que las transforma»; en que el uso realmente libre y eficaz de la red está en manos de minorías capaces y no de las masas indiferenciadas; en que los usos de búsqueda y de exploración condicionan nuestros hábitos y son, en cierto modo, la «expresión de una ideología» cuyo valor supremo es la libertad de expresión a la que todo queda peligrosamente supeditado; en que  hoy por hoy, parece que la Red sirve más para derribar que para construir: para construir un candidato atractivo más que para hacer un buen presidente, para ganar unas elecciones más que para gobernar, para comunicar bien y no tanto para tomar buenas decisiones; y en que, finalmente, «el acceso a los instrumentos de democratización no equivale a la democratización de una sociedad» que es algo más complejo porque exige una postura activa por parte de los ciudadanos.

Gutiérrez, en cambio, construye su ilusión transformadora en tres pilares: primero que «la cultura digital está recreando una nueva escala de valores: (compartir, reconocer, participar) que nos pueden hacer mejores demócratas» liberándonos «de identidades excluyentes,  de ideologías herméticas, de trincheras partidarias». Segundo que, en su opinión, el hecho de «que sea fácil activar una acción  (un “me gusta”, un clic o un retuit) no significa que sea de peor calidad democrática» y que bajo esa aparente facilidad, se esconde en realidad un activísimo luchador. Tercero que  «la Red no es tecnología, es cultura, es sociedad, es un poderoso sensor social de temas y preocupaciones»con el que la política debe conectarse para reencontrarse. «La velocidad, la brevedad,  lo efímero, la reconfiguración del conocimientodice a la manera de Bariccoson un signo de los tiempos, que debe ser complementado —y no negado— con otras prácticas que no impidan razonar, elaborar y organizar con nuevos mimbres y formatos». Admite que «las dificultades de la cultura de la democracia directa para ofrecer una alternativa no son pocas ni pequeñas» pero —concluye— «la política debe abrazar la inteligencia de las multitudes, el crowdsourcing social, como nutriente de análisis y soluciones diferentes».

El debate es interesante. Si en el título de ambos artículos está la ilusión, es porque en el fondo de los dos está la desilusión ante un sistema democrático que no acaba de funcionar y en el que han irrumpido las redes sociales y las nuevas tecnologías imponiendo sus potencialidades y sus límites, como decíamos ayer, aún ininteligibles. Innerarity hace referencia muy prudentemente a la necesidad de distanciarse críticamente del optimismo que oculta las limitaciones y miserias de Internet. Gutiérrez desea fervientemente que este nuevo foro multitudinario no sea un fiasco y se apunta a ponderar la utopía que debería ser. El debate pone de manifiesto lo cerca que estamos para poder juzgar con perspectiva y lo lejos que aún queda, a pesar de la velocidad del presente, la concreción de un futuro del que nada sabemos. Todavía no ha llegado el momento de hacer un balance definitivo. 

Me preocupa, no obstante, que -como en todo el resto de las cuestiones debatibles- en esta penetre también la polarización y el sectarismo. Es muy fácil: será de izquierdas el aplaudir y animar la ilusión de la red por su aparente aire libertario y asambleario y, sobre todo, porque desde la izquierda creo que suponen que la mayoría de los usuarios activos de la red lo son… de izquierdas. Será de derechas, ¡Ay! cualquier sombra de duda, cualquier juicio crítico, cualquier intento de regulación. De nuevo el maniqueísmo de apocalípticos e integrados

Ojalá me equivoque. Veremos. 

En cualquier caso, de los tres pilares de Gutiérrez, sólo el primero me parece sostenible: es innegable que la red propicia un nuevo modelo de participación global que puede ser muy positivo. En cambio el segundo me parece el más endeble: estoy convencido de que la facilidad del clic, ya lo hemos comentado aquí muchas veces no sólo es de peor calidad democrática, sino que es lo que propicia la mayor parte de las esclavitudes. Y en cuanto al bárbaro nuevo conocimiento a partir de la rapidez, la brevedad y lo efímero, creo que no sólo debe ser complementado, sino superado por el conocimiento de verdad a partir del ejercicio de la inteligencia, de la profundización y de la razón.