Resultado de imagen de Antoni Gutiérrez rubí

 

El pasado 2 de marzo, Daniel Innerarity escribía el artículo Desenredar una ilusión, que Susana nos mandó y que glosamos aquí en su momento. Ahora Susana de nuevo nos envía la respuesta que Antoni Gutiérrez-Rubí publica en el mismo diario con el título de Transformar una ilusión.

 

Gutiérrez ya había escrito anteriormente otro artículo ­ —Constitución 2.0 en el que, ante una democracia representativa desnutrida, en sus cotas más bajas de credibilidad, veía necesario inyectar dosis de democracia participativa y en el que abogaba por seguir el ejemplo islandés y por incorporar en la nueva Constitución el reconocimiento de Internet como un derecho humano básico tal y como han propuesto recientemente las Naciones Unidas.

 

Si Innerarity se distanciaba de lo que calificaba como ciberutopismo —«esa ingenua creencia en la naturaleza inexorablemente emancipadora de la comunicación on line» obviando sus límites y sus riesgos—,  Gutiérrez pide una oportunidad y tiempo para que los nuevos caminos de la Red refresquen, animen y transformen la democracia que se muere de éxito entre el cansancio de los ciudadanos y la atonía ensordecedora, aburrida y monótona de los partidos.  «Todavía no ha llegado el momento de hacer un balance definitivo, de solemnizar y certificar la falta de capacidad transformadora de lo que se mueve en las redes sociales e Internet» —dice—. «Sobrevalorar es tan equívoco como infravalorar», «no hay que dejarse llevar por la fascinación»… Aunque es evidente que a él le puede intelectualmente la ilusión de lo que intuye que está pasando y la proyección de lo que puede llegar a ocurrir: «la energía política y cívica que se expresa a través de la cultura digital», «su capacidad disruptiva, su penetración global»…

 

Entre estas dos concepciones está el debate de una materia que tiene como característica su inaprensibilidad porque nadie se atreve todavía a definirla. Es tan próxima e inabarcable que no hay teórico capaz de encerrarla en una definición. Por eso el debate se desarrolla sobre la ilusión de lo que puede llegar a ser y no sobre lo que está siendo ya.