El mundo mediático se revela en el positivo de la película fotográfica. El que no sale en la foto no existe. Por eso traigo aquí una fotografía recogida en los medios, pero muy poco mediática porque el medio es una fábrica de juguetes rotos. No sólo hay que salir, sino mantenerse haciendo más ruido que el resto de espejos de colores que constantemente nos deslumbran.

Es Irena Sendler. Una mujer extraordinaria. Una auténtica heroína de esas que sostienen de verdad el mundo. Irena ha muerto el mes pasado en Varsovia a los 98 años. Irena salvó la vida a 2.500 niños judíos durante la ocupación alemana de Polonia luchando contra la Gestapo y a menudo contra la desesperación de las propias familias que se resistían a separarse de sus hijos. En ataúdes, en maletas, ocultos en las basuras o guiados por las cloacas fueron saliendo uno a uno hasta dos mil quinientos. Irena apuntó sus datos y los enterró en latas bajo el manzano del jardín de una de sus colaboradoras en la red clandestina. Descubierta por la Gestapo fue arrestada, sometida a torturas extremas para que revelara el paradero y la identidad de los niños y, finalmente, condenada a una muerte de la que se salvó gracias a un soborno realizado por la resistencia polaca ante su carcelero. Tras la cárcel siguió trabajando con una identidad falsa y las tremendas secuelas de su interrogatorio y, tras la guerra, se ocupó personalmente de devolver la identidad y de reconstruir la vida de cada uno de los niños salvados y escondidos en monasterios polacos. Nada más.

Un trabajo escolar de unos chavales de un instituto de Kansas la ha salvado de ser sólo memoria de unos pocos.

A mí no me escandaliza que su vida pase desapercibida: el mundo se salva cada día gracias a millones de vidas tan heroicas y desapercibidas como la suya. Lo inquietante es que una vez sacada del anonimato y propuesta al Nobel de la Paz en 2007 compita con Al Gore y triunfe el hombre público. El hombre anuncio. El hombre mediático

Quizá es que era católica, creyente y practicante; posiblemente es que los niños salvados eran judíos y no conviene agitar hoy ciertas aguas; acaso el holocausto es ya un tema fonéticamente agotado por Schindler; quizá es que conviene olvidar viejas heridas; a lo mejor su vejez; quizá no hubiera vendido…. Tal vez es que a lo mejor era una verdad mucho más incómoda que La Verdad Incómoda.

El medioambiente está de moda en el medioambiente simbólico. Es verdad que Gore no ha salvado a personas con nombres y apellidos, pero nos ha salvado a todos, anónima opinión pública, de una muerte segura por el cambio climático. Acaso le podrían haber dado al ecologista el Nobel de Economía por ecolojeta, es decir, por la facilidad de hacer dinero con los media. Ganó Gore. Ganó y gana, según dicen, mucho. Es más: parece que gana, entre otras cosas, porque ganó. Y ganó el Príncipe de Asturias. ¿O fue el Príncipe de Asturias el que ganó el premio Al Gore?

Busquen la información, no la consuman o serán consumidos por ella.