Alejarse de la actualidad, esa dictadura del fast think compuesta de titulares y noticias de vida corta, es norma de este blog. Sin la urgencia del periodismo, procuramos dejar reposar los acontecimientos para enfrentarnos a ellos con la distancia y la reflexión necesarias para poder entenderlos.

Sin embargo, los titulares acerca del espionaje norteamericano en las redes sociales, los ordenadores y los móviles de miles –¿millones?– de usuarios que pone de relieve la extraordinaria fragilidad de nuestras comunicaciones,  es un tema que teníamos suficientemente reflexionado mucho antes de que el informador informático lo convirtiera en noticia.  Es más, la única información que esta noticia contiene es precisamente el testimonio en sí del joven informático de la CIA, porque lo que ha contado ya lo sabíamos. Una vez más, la realidad es la que es, aunque sólo lo sea de verdad cuando se convierte en realidad mediada.

¿Qué los servicios secretos americanos nos espían? Por supuesto que sí. Y, sin temor a equivocarnos podemos afirmar que no sólo el norteamericano, sino todos los demás servicios secretos de todos y cada uno de los países que se lo pueden permitir.

Es una obviedad. Los gobiernos siempre han espiado a sus ciudadanos legal e ilegalmente. La única diferencia con el mundo digitalizado es que hoy es extremadamente fácil hacerlo de forma masiva, en parte porque la nueva tecnología lo lleva en su propia naturaleza, en parte porque nunca como ahora somos los propios ciudadanos los que hemos renunciado a nuestra privacidad de un modo que podíamos calificar de indecentemente voluntario.

Hace unos pocos años, en los tiempos de la vida analógica en la que las comunicaciones eran todavía de teléfonos fijos y correo de papel, una información como esta hubiera supuesto la inmediata dimisión del Presidente norteamericano. La inviolabilidad del correo y el teléfono formaban parte de nuestros más arraigados principios democráticos. Me atrevo, sin embargo, a vaticinar que Obama no va a tener gran problema en justificarse y que esto quedará en unos cuantos pelillos a la mar. Primero porque es San Obama un demócrata que haga lo que haga no puede ser sino con buenas intenciones al contrario que su antecesor, el malvado y republicano Bush;  segundo porque a la opinión pública, a los usuarios,  nos da exactamente igual: es lo que pasa cuando se renuncia a algo, que se deja de percibir como un valor.

Pero, además, es que hemos leído. Hace un año, la editorial Deusto, publicaba No sin nuestro consentimiento. Qué ocurre cuando los gobiernos se apropian de la red. La lucha por la libertad en Internet, de la norteamericana Rebecca MacKinnon. El resumen literal de lo que a mí más me ha interesado está aquí completo, pero vamos a ir desgranándolo a lo largo de la semana.

Para quien le interese, mañana empezamos.