Foto: Mekakushi

De nuevo XLSemanal nos trae un análisis  —firmado esta vez por Tony Dokoupil— relacionado con las nuevas tecnologías y sus riesgos. Es de esos que los ciberutópicos calificarían de apocalíptico, catastrofista y aguafiestas, pero a nosotros nos interesa.

Poco a poco se acumulan las pruebas de que es posible que una tecnología influya por sí misma en lo que pensamos y sentimos y en cómo lo hacemos. «Tanto que el manual que se usa para diagnosticar enfermedades en Estados Unidos incluirá el próximo año por primera vez el trastorno de adicción a Internet, si bien en un apéndice con la etiqueta «a ser estudiado«. En China, Corea y Taiwán, en los que hasta el 30 por ciento de los adolescentes están considerados adictos a la web, ya está aceptado dicho diagnóstico, y el uso problemático de Internet está empezando a estimarse como una grave crisis sanitaria No tardará mucho en concretarse en la OMS y entonces llegará a Europa.

Vivir en conexión permanente hace que todos nosotros nos convirtamos sin darnos cuenta en extensiones de las máquinas a las que nos conectamos. Creemos estar eligiendo el uso de esta tecnología, pero en realidad es la tecnología quien se adueña de nosotros «merced a su potencial para la gratificación a corto plazo. Cada pitido puede ser aviso de una oportunidad social, sexual o profesional, y nuestra respuesta en el acto genera una minirrecompensa en forma de descarga de dopamina. Estas recompensas son pequeñas inyecciones de energía que alimentan el motor de la compulsión, de forma muy parecida al frisson sentido por el jugador cada vez que alguien deja una nueva carta sobre la mesaexplica la especialista del MIT Judith Donat-. En términos acumulativos, el efecto es potente y difícil de resistir». De este modo, «hoy todos somos ‘cyborgs’», señala Sherry Turkle, psicóloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Y ¿qué es ser un ‘cyborg’?: dedicar ocho horas diarias a mirar pantallas, por ejemplo; conectarse a internet antes de poner el pie en el suelo cada mañana y acostarse echando una última mirada al cristal del samrtphone cada noche; recibir una media de 400 mensajes de texto al mes en el móvil (los adolescentes un promedio de 3.700 sms mensuales); creer que el móvil vibra en el bolsillo cuando no es así; sentir inquietud y desasosiego cuando nos quedamos sin batería o nos olvidamos el móvil; chequear los mensajes de texto, el correo electrónico o el estado de nuestras redes sociales «todo el tiempo» o «cada 15 minutos»; juguetear constamente con la Blackberry sin darnos cuenta de que lo hacemos; sentirse «definido» por cuanto colgamos en la web, «exhaustos» por tener que estar siempre colgando información y por completo incapaces de abstenernos de Internet por miedo a estar perdiéndonos algo; ser como Doug, un alumno de una universidad del Medio Oeste americano que tenía cuatro avatares y mantenía los cuatro mundos virtuales abiertos en el ordenador, junto con sus trabajos universitarios, correo electrónico y videojuegos, y que pensaba que su vida real «no es más que otra ventana más» y «tampoco es que se trate de mi mejor ventana».

Referencias:

XLSemanal