Esta vez es Bárbara Alpuente, vecina del Pedro Simón de ayer, la que en la columna que no reproduzco, sino que reconstruyo nos cuenta algunas cosas interesantes.

Para que no intentemos salir de la incultura, lo que se hace desde los medios es asegurar que la incultura está de moda y que además es positiva. “No pasa nada porque creas que Karl Marx era uno de los hermanos Marx, eso déjaselo a los intelectuales”- Lo importante es animar a los incultos a que sigan siendo ellos mismos.  También es importante marcar en prime time a las víctimas del sistema para que todos sepamos de quién toca reírse en cada época mediática. Perverso. Pero ahora  me topo con esta campaña que sugiere que la vanidad es natural e incluso recomendable: “No te sientas culpable por mirarte en todos los escaparates”, basta con que te sientas imbécil. Porque es una imbecilidad vivir pendiente de uno mismo, pero lo es mucho más vivir pendiente de la imagen de uno mismo. Nadie nos animará a buscar la felicidad más allá de nuestro reflejo, a encontrar la armonía en lo que aprendemos, lo que hacemos, lo que creamos, lo que leemos o lo que viajamos. Eso no vende. Y lo peor de la campaña es la juventud de sus protagonistas, porque si esto funciona, tenemos a chicas de apenas 20 años enfocando su vida en la dirección equivocada. Estar guapa es estupendo, pero dedicarse a estar guapa es una gilipollez. Estar sano es estupendo, pero dedicarse a estar sano es una gilipollez. La dedicación dejémosla para cosas realmente esenciales  que no acabamos de ver porque nuestros ojos están clavados en el espejo más próximo.

Así es el medioambiente simbólico. Consumimos en él no sólo objetos, sino sobre todo, símbolos que incorporamos a nuestro imaginario vital, a nuestra forma de ver el mundo, a nuestra vida.

Os añado el magnífico vídeo de Dove que ya puse en otra entrada anterior.