Hace diez años Alessandro Baricco publicó Los Bárbaros. Había en aquel libro un optimismo todavía inseguro que, por la ambigüedad de su título, confundió a gran parte de la opinión pública que creyó ver en ese sustantivo, ‘Bárbaro’,   un juicio de valor negativo, pero que, sin embargo, miraba ya entonces con simpatía y optimismo la pérdida del alma y de la profundidad, la desaparición de los intermediarios, la llegada de la democratización del saber a través del acceso ilimitado e individual a la información, etc. Su aparición resultó para nosotros todo un reto de lectura crítica que dio lugar a unas cuantas entradas en nuestro blog (tenéis al final el enlace por si queréis releerlas) intentando profundizar y responder a su tesis central: la existencia de una mutación de la naturaleza humana a partir de la aparición de unas herramientas tecnológicas que iban a cambiar radicalmente al hombre y al mundo liberándolo de gran parte de sus limitaciones.  

Ahora publica The Game y tras leerlo, nos da una enorme pereza tener que volver a hacer el mismo ejercicio diez años más tarde, con lo que ha llovido desde entonces, porque lamentablemente, insiste en sus principales tesis. Sin embargo, es ineludible hacerlo. Cierto que ha pasado mucho más desapercibido, pero en él Baricco, junto a un trabajo valioso de observación y recopilación de datos, hace algunas afirmaciones que no se pueden dejar sin contestar porque si entonces la mirada ciberoptimista ante la avalancha tecnológica, aunque clara, era todavía velada y tímida, en The Game, se revela en todo su esplendor y con un desmedido entusiasmo que constituye su peor defecto.

Efectivamente, al final del libro, Baricco hace tres afirmaciones respecto de la neutralidad y la distancia desde las que ha pretendido escribir y aproximarse al fenómeno de la digitalización social, que resultan llamativas porque el resultado final demuestra exactamente lo contrario de lo que afirman. «Quizá me sobreestimo   ̶ nos dice ̶ , pero si mi hijo me preguntara hoy adónde vamos, lo sé. De dónde venimos, lo sé. Por qué hacemos todo esto, lo sé». Y puede que lo sepa, pero al menos a este lector no ha sabido comunicárselo en absoluto con un ensayo que se pierde en un marasmo descriptivo de intuiciones inexplicables.

Dice luego: «el último capítulo es en el que digo lo que pienso de todo esto, del Game, de la insurrección digital, de Steve Jobs, de Zuckerberg […] Como habréis notado, es algo que durante todo el libro he intentado no hacer. Emitir un juicio». No es cierto. El libro entero es un enorme juicio de valor exageradamente ciberoptimista de la realidad contemporánea frente a un ruinoso pasado analógico personalizado en una mirada al siglo XX profundamente parcial injusta y anacrónica.

En tercer lugar, afirma: «Intenté limitar al mínimo los espasmos de entusiasmo o las cuchilladas de desprecio. En resumen, me importaba entender, no juzgar» Prueba no superada: todo el libro está plagado de adjetivos y sustantivos sorprendentemente valorativos, cuchilladas y espasmos de entusiasmo sin justificar, inadmisibles en un ensayo de pensamiento, aunque se le haya querido dar un tono lúdico acorde con la pretendida filosofía del Game.

Dicho esto, la tesis del libro es la siguiente: un grupo de ingenieros jóvenes y más o menos hippies de California intuyen, más que saben, que el siglo XX ha sido un desastre total a causa fundamentalmente de las ideas y del pensamiento y deciden dar un viraje y cambiar la civilización humana no con más ideas, sino con tecnología. «Habían visto tantas veces «las ideas» dando a luz desastres que albergaban con respecto a ellas cierto recelo instintivo. [Se trataba de] una élite masculina, técnica, racional, pragmática. […] Afrontaron el problema a fondo, INTERVINIENDO SOBRE EL FUNCIONAMIENTO DE LAS COSAS.» (Pág. 104)

Sin embargo, a pesar de no tener ideas, parece que sí había una cierta planificación en la actuación de los nerds, hippies y  beats que pululaban por los laboratorios informáticos de las universidades californianas. Uno de ellos, especialmente original y dotado, Stewart Brand, escribió un curioso libro titulado Whole Earth Catalog, según Baricco, para Steve Jobs la Biblia de su generación. Allí hay dos afirmaciones clave. Afirmaba, por un lado, que «’los ordenadores permitirían devolverle a cada uno «poder personal’» (pág. 108) Y, por otro, y más definitivo, que «’Muchas personas intentan cambiar la naturaleza de la gente, pero es realmente una pérdida del tiempo. No puedes cambiar la naturaleza de la gente; lo que puedes hacer es cambiar los instrumentos que utilizan, cambiar las técnicas. Entonces cambiarás la civilización’». (Pág. 112)

¿En qué consiste exactamente ese cambio? Resume Baricco en tres largos gestos, la generación de este nuevo campo de juego: 1. Digitalizar; 2. Personalizar el ordenador para meterlo en cada casa; y 3. Poner en contacto todos los ordenadores de todas las casas con Arpanet, Internet y Google. (Pág. 72).

Digitalizar es desmaterializar, convertir la realidad -sonidos, imágenes, el mismo ratón demasiado físico que, por serlo, acabaría por desaparecer, las compras, las acciones…- en datos. «Un deslizamiento progresivo hacia una realidad carente de fricciones […] delimitar el contacto con la realidad física, para hacer más fluida, más limpia y más agradable la relación con el mundo, con las cosas, con las personas […] a salvo de las variables de la realidad material» (Págs. 82-83). Lo malo es que la realidad material es tozudamente existente y en efecto, exige el esfuerzo de la adaptación, la exigencia del roce, el aprendizaje para gestionar la obstinada presencia de lo otro y de los otros, para permitirnos crecer y no quedarnos en una ilimitada infancia o adultescencia. Es sin duda uno de los grandes problemas invisibles que plantea la digitalización progresiva de nuestras vidas.

El ordenador personal y luego, mucho más, los móviles, sumados a la interconexión de Internet producen una segunda consecuencia: «el Ocaso de las mediaciones: […] SE TRATABA DE ORGANISMOS QUE SE SALTABAN PASOS Y BUSCABAN UN CONTACTO DIRECTO CON LAS COSAS. […] Ya no existía una casta de sabios» Malvados sabios que trataban de intermediar entre nosotros y la realidad. El que ahora sabe es «un algoritmo que saltaba invisible y te llevaba directamente a lo que buscabas». El acceso al saber –¿la sabiduría? ̶   en manos de la aleatoriedad de una máquina. Pero, además, la máquina no te lleva al mejor saber, sino al más democrático: «EL MEJOR LUGAR ERA ESE AL QUE IBA MÁS GENTE» … O lo que es lo mismo: «la opinión de millones de incompetentes es más fiable, si uno es capaz de leerla, que la de un experto». ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Sin comentarios. Ese principio democrático ya lo había inventado la TV generalista con sus audiencias. Y así les y nos va. «Desaparecen los libreros, los carteros, los comerciantes, los expertos y, en resumen, cualquier forma de sacerdote». Otra fijación del texto: la desaparición de los intermediarios, ‘sacerdotes’   ̶ con ese apelativo peyorativo de opresión religiosa para denominar a los expertos, los que saben, los que estudian, leen, piensan, escriben, contrastan, hacen ciencia y/o filosofía y tratan de explicarnos un mundo que ya no necesita ser explicado ̶ . Ahora son Google, Wikipedia, Twitter, Facebook… «corrientes generadas por flujos colectivos de enormes dimensiones» las que nos dan acceso al saber. (Págs. 77-79)

Pero, ¡atención!, porque ahora viene, despacio y MUY ENTUSIASTA, con una catarata de frases y adjetivos positivamente valorativos el concepto clave de un nuevo mundo, un nuevo horizonte y, sobre todo, de un nuevo pensamiento lleno de posibilidades. Aparece «el hipertexto, un texto que no está obligado a ser lineal. Fantástico. Un texto libre de las cadenas de la linealidad» «Una trayectoria oblicua, laxa, rápida, que gira casi sobre sí misma […] una ligereza nunca antes sentida». «Navegar, leer, surfear en la web es una experiencia nueva, liberadora» «una nueva forma de mover la mente». En esto está de acuerdo Nicholas Carr: (Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Taurus, Madrid, 2010) aunque desde una perspectiva menos optimista. «Uno –nos dice, con ese lenguaje mitificador que domina todo el texto– se sentía un hiperhombre: UN HOMBRE QUE NO ESTABA OBLIGADO A SER LINEAL». «Esa sensación de ser humanos aumentados, sin estar ya obligados a movimientos rígidos, complicados, lentos». Que levante la mano el que haya ‘sentido’, experimentado, esa ligereza, esa rapidez, esa hiperhombría…Yo, desde luego, no. Y supongo que Baricco al escribir su libro  ̶ un texto sin hipertextos ̶  lineal, denso, difícil, rígido, complicado y de lenta lectura porque es pensamiento y no divagación; y desde luego yo al leerlo y tenerlo que ‘pensar’, tampoco. ¿Será que lo estoy leyendo en papel, aunque ahora escribo ante una pantalla? (Págs. 84-87)

En el ecuador de su libro, Baricco, plantea una de sus tesis principales que da título al libro: el juego, el videojuego, es la base en la que se inspiraron todos aquellos emprendedores californianos y el juego está en las tripas constitutivas de toda su tecnología. Crear «soluciones que tenían sabor a juego y a infancia. Los colores el diseño gráfico, esos iconos que parecían dulces […] CONCEPTUALMENTE ESTABA CONSTRUIDO COMO UN VIDEOJUEGO» «Facebook nace ya con un claro componente lúdico. […] Aparecen números (los likes, los followers…) que son claramente la puntuación del videojuego. […] Twitter aprenderá la lección y se convertirá por su parte en una máquina que en el fondo lanza resultados unos detrás de otros (retuits, likes, etc.) en un divertido e ininterrumpido hacinamiento de ganadores y perdedores.  […] los emoticonos» …Y ahora de nuevo la colección de frases excesivas: todo supone «la elevación del juego a esquema fundacional de toda una civilización. […] Vivir prometía convertirse en una intrigante colección de partidas. […] Un único, libre e ininterrumpido videojuego. The GameCon estos rasgos todas las herramientas: diseño agradable, estructura de problema-solución resuelta en poco tiempo, aprender jugando, sin instrucciones; disfrute inmediato; exhibición de una puntuación. (Págs. 147-156).

 

Pero hay más: la muerte de la profundidad. «El premio arriba, el esfuerzo abajo. Las esencias llevadas a la superficie. […] El iPhone está hecho así, Google está hecho así, Amazon está hecho así, Facebook está hecho así, YouTube está hecho así, Spotyfy está hecho así, Whatsapp está hecho así: despliegan una simplicidad donde la inmensa complejidad de la realidad emerge en la superficie». (Pág. 158) Y yo me esfuerzo, con tesón y sacrificio, es decir, a la antigua, en entender lo que Baricco quiere comunicarnos, pero ¿de verdad le puede parecer que frente al trabajo de concentración que exige la articulación del pensamiento para llegar a entender la realidad podemos situar las herramientas digitales que nos dan acceso de manera sencilla a la verdad de las cosas? Voy a encender mi móvil a ver si Google, Facebook, Spotyfy, YouTube o Whatsapp me ayudan, aunque lo dudo. E insiste: «El núcleo de la experiencia estaba sepultado en profundidad, accesible solo con el esfuerzo y gracias a la ayuda de algún sacerdote. […Pero ellos] rechazaban el mito de la profundidad […] ESENCIA Y APARIENCIA COINCIDÍAN […] si existía un sentido auténtico de las cosas era necesario sustraérselo […]  y hacer que subiera a la superficie» (Pág. 159) Sí. Insiste. Parece que quiere decir exactamente eso: que a partir de la creación de herramientas complejas que ofrecían una extraordinaria simplicidad, deja de haber apariencias porque las esencias se dibujan en la pantalla. La filosofía, el arte, el pensamiento al alcance de cualquiera simplemente encendiendo estas extraordinarias maquinitas. La profundidad ya no existe puesto que estas herramientas nos la han colocado en la accesible y facilona superficie…

Después de describir cómo la aparición de estas tecnologías hace que surja un frente de preocupación en las castas intelectuales, sacerdotales, profesorales, mediadores… que no entienden lo que está pasando y braman indignados porque ven en peligro su estatus, admite que algo había   ̶ «como una vibración» ̶   que se perdía en lo digital. ¿Sería el alma? 

En las páginas que siguen, Baricco se esfuerza en explicarnos la ‘posexperiencia’ cuando aún no había conseguido explicar lo que hasta ahora ha denominado ‘experiencia’. Palabras como ‘movimiento’ o ‘vibración’, aparecen una y otra vez en el texto intentando expresar lo inexpresable.  «La experiencia, como la imaginaba el siglo XX, era realización, plenitud, rotundidad, sistema hecho realidad. La posexperiencia, por el contrario, es arrebato, exploración, pérdida de control, dispersión. […] La experiencia estaba vinculada a categorías que se querían bien perfiladas e imponentes en su firmeza: la verdad, lo bello, lo auténtico, lo humano. Pero la posexperiencia es un movimiento y su cosecha no podría ser nada tan firme: […] procesos cambiantes, constelaciones que se regeneran de manera continua, oscilaciones perseverantes entre orillas que ni siquiera están del todo quietas» (Pág. 173) ¿Queda claro? Pues eso.

La Humanidad Aumentada: «No me parece que valga la pena discutirlo, pero si de verdad queréis hacerlo, pensad en cuatro gestos al azar yo qué sé, viajar, jugar, informarse, amar y comparad las herramientas que hoy nos ayudan a realizarlos con las que teníamos hace veinte años. Pues bien, la diferencia es abismal, no hay discusión. Humanidad realmente aumentada.» (pág. 216)

No es que niegue la evidencia de que las herramientas se hayan multiplicado y simplificado enormemente muchas de nuestras acciones. Lo discutible, amigo Baricco, es que esas herramientas aumenten nuestra humanidad, es decir, no está tan claro que su eficacia, su sencillez y su accesibilidad hayan producido un progreso de la civilización humana y que en demasiadas ocasiones lo que se produce es un aumento de los problemas para ese progreso humano; e incluso, no está tan claro que el progreso no sea en ocasiones tremendamente tóxico: como decía Sartori, el cáncer también progresa.

  ¿Viajar? De acuerdo. Nuestro ordenador –no sin dificultades y con una buena inversión de tiempo y paciencia– se puede convertir en nuestra agencia de viajes; los vuelos low cost, Airbnb, BlaBla car, etc abren nuevas vías de planificación para el movimiento, no exentos tampoco de problemas concretos nada idílicos. Pero no mitifiquemos: la apertura de nuevas vías es una facilitación, no es una revolución. Ahí están todavía presentes los mediadores para los que no quieren ir directamente al proveedor.

  ¿Jugar? ¡Ay, amigo! Terreno pantanoso el del desarrollo del entretenimiento digital que ha llevado a la OMS a incluir como trastorno la adicción a los videojuegos. El acceso cada vez más temprano de las pantallas en el universo infantil en detrimento del juego tradicional imprescindible para el desarrollo del cerebro, del lenguaje, de la lectura y su correcto aprendizaje, del crecimiento y del desarrollo sano de los niños y adolescentes.Por no hablar del crecimiento exponencial de la industria de las apuestas a través del circuito on line. Otro drama.

 ¿Informarse? Fake news. Posverdad. Sobreinformación. Infodemia. Crisis del periodismo. Bots fabricantes de millones de informaciones falsas. Filtros informativos fabricados a medida por los algoritmos que aumentan exponencialmente el individualismo ideológico y el sectarismo consiguiente, crisis del periodismo tradicional que se ha dejado arrastrar por la búsqueda de audiencias…

¿Amar? ¿De verdad las Apps de contactos con la cosificación de sus usuarios o la accesibilidad de YouPorn en el bolsillo de millones de chavales nos están ayudando a aumentar la calidad, la profundidad, la verdad, la humanidad del acto de amar?

Y acabo esa reseña con una referencia más al pensamiento. «Muchos se percataron, de repente, de poder PENSAR DIRECTAMENTE: tener opiniones sin deber esperar, para tenerlas, a que alguna élite las pronunciara, las liberara y luego las pusiera a disposición, concediéndote la posibilidad de compartirlas». ¿“PENSAR?”? ¿Vomitar en Twitter lo primero que se le viene a uno a la cabeza tras leer el tuit anterior? ¿Subir a Instagram una foto de mi desayuno? ¿Compartir la enésima puesta de sol? ¿Seguir al penúltimo Influencer, Youtuber o celebrity, dando un like?… Eso no es PENSAR. Pensar es concentrarse en una sola tarea, esforzarse por entender la realidad, sintetizarla, hacerla nuestra; leer un texto como el que estoy leyendo y poderlo comentar o incluso realizar la ardua tarea de planificarlo y escribirlo que es lo que ha tenido que hacer el propio Baricco para que yo llegue hasta aquí leyéndole.

 Y aquí me quedo. He sobrepasado ampliamente la medida de lectura que se ha impuesto en este nuevo mundillo digital en el que leer cinco páginas –y, además, sin enlaces, solo texto, sin hiper– es una empresa imposible para esos hiperhombres descritos por Baricco. Si queréis leer toda la síntesis completa con su crítica incorporada la tenéis –ahora sí- aquí:

Baricco, The Game: una lectura crítica

Os puede ahorrar la lectura del libro completo que, sinceramente, no recomiendo.

Referencias:

Posts dedicados a Los Bárbaros de Baricco.

Baricco, Los Bárbaros, en Anagrama

Baricco, The Game, en Anagrama