La directora del magazine YODONA, Charo Izquierdo, se despacha en su correo del 30 de abril, titulado Madres 2.0 con la siguiente anécdota «bárbara» (vid. barbariccos): «Me escribe un mensaje una amiga que está pasando unos días de vacaciones con sus hijos en París: “¿Sabes que hemos ido al Louvre y, cuando nos dirigíamos a la sala de la Monna Lisa, una de las niñas me pregunta que por qué no lo vemos mejor por internet?». Después, Charo pasa al terreno del «barbarismo» personal: «No es ni más ni menos que el fiel reflejo de cómo nos comunicamos, a veces incluso con nuestros hijos, que yo lo veo en casa, donde podemos estar cinco, cada uno hablando, twitteando o whatshappeando a través del suyo, o directamente uno con el iPad y otro con la Blackberry.». Para acabar sacando la siguiente sorprendente conclusión: «Afortunadamente tenemos la tecnología como cómplice de la información yo diría que, bien usada, de la educación y de la comunicación con nuestros hijos».  Y terminar con un cierre conclusivo absolutamente tópico: «Como en todo, hay problemas, como siempre habrá quien diga que por culpa de las nuevas tecnologías hay niños que estudian menos, porque se concentran peor ya que están dándole  a otras teclas; habrá quien cuente la cantidad de páginas desagradables al alcance de los niños… Y yo contestaré lo de siempre, y es que el filtro está en casa, en la educación recibida y en el control.
Más allá de eso, la realidad es que la tecnología nos ayuda. Estés donde estés (no puedo decir aquello de estén donde estén, porque no es evidente que siempre cojan el teléfono o te den acceso a sus cuentas de Facebook…, por poner sólo dos ejemplos), te localizan. Si estudian fuera, te hablas y te ves como si estuvieras al lado y a un coste bajísimo. Si quieres, te comunicas mucho más, más a menudo y mejor de lo que se hacía antes. Esa es la cara bonita de la moneda».

En definitiva: la niña a la que le da lo mismo la ficción de la imagen de internet que la realidad del cuadro; los cinco que están en casa sin estar porque cada uno está a lo suyo, en la nube y en las nubes; los niños que no se concentran; las páginas desagradables -qué delicado eufemismo-…; nada importa porque cuando estás lejos, te comunicas mucho más, más a menudo y mejor. Y es que ya se sabe: las nuevas tecnologías, bien llevadas, son fantásticas.

Habría que decirle a Charo, entre otras cosas que aunque acabemos fingiendo que la tecnología no tiene la menor importancia, aunque nos digamos que lo que importa es cómo la utilizamos como si fuera algo inerte que se puede usar y luego dejar sin que nos afecte, una tecnología moldea lo que vemos, cómo lo vemos y, con el tiempo, si la usamos lo suficiente, nos transforma, a veces en lo que no queremos ser.  Como dice McLuhan ―y ya lo siento, Charo―: «Nuestra respuesta convencional a todos los medios, en especial la idea de que lo que cuenta es cómo se los usa, es la postura adormecida del idiota tecnológico». Las utilidades de un medio son sólo «el trozo jugoso de carne que lleva el ladrón para distraer al perro guardián de la mente». Lo que sucede ahora es que no podemos pensar demasiado en medio del banquete de contenidos y utilidades que nos estamos dando.




P.D.: hoy es mi cumpleaños y, por lo tanto, el del Blog que comenzó el 2 de mayo del 2008 y que, con esta entrada nº 562, lleva ya tres años de andadura. Gracias a todos los que nos seguís, y un abrazo.