Comento un par de artículos que, desde un posicionamientos de izquierda, abordan el problema de la nutrición cultural de los niños a través de las pantallas.

Uno lo escribe en Público  Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en la Universidad John Hopkins.

Nos dice en él que no se habla mucho –casi nada diría yo– del deterioro del medio cultural en el que está sumergida la infancia a través del mundo mediático, no sólo por el número de horas ante la televisión que no deja de aumentar –aunque tampoco se hable de ello: la tele ha dejado de existir en el imaginario de las preocupaciones pedagógicas, aunque siga existiendo (y mucho) en el imaginario colectivo infantil)–, sino por la calidad de los contenidos en los que priman cada vez con más fuerza excluyente los valores relacionados con el consumismo, el individualismo,  la violencia, el narcicismo, el egocentrismo y el erotismo.

Cuenta cómo la situación se está deteriorando sin parar desde que, hace casi cincuenta años, le tocó representar a la Asociación Americana de Salud Pública (APHA) ante el Comité de Asuntos Sociales del Congreso americano junto con los presidentes de CBS, ABC y NBC para analizar el impacto de los contenidos producidos por estas cadenas en los niños. Las cadenas de televisión negaron que tuvieran impacto alguno y el Congreso no hizo nada. En eso seguimos exactamente igual en EEUU y aquí. Pero entonces se hablaba sólo de televisión. Hoy los videojuegos e internet  a través de múltiplos soportes, no quitan, sino que añaden más leña al fuego de la que hace cincuenta años podía arder ante la única pantalla televisiva, tanto en cuanto al tiempo de exposición como en cuanto a la nociva calidad de los contenidos que, como fast food cultural, enfatizan la fuerza, el  ego y la satisfacción rápida e inmediata de lo deseado y presentan a las mujeres como simples objetos eróticos reproduciendo un estereotipo hipersexualizado y machista.

Me divierte la referencia  a Reagan y Thatcher como los causantes de este deterioro, como si los gobiernos de Clinton, Cameron o San Obama hubieran dado algún viraje en otra dirección. Pero eso es ideología…

Por su parte, Pilar de la Vega, socialista aragonesa de pro, y ex consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón, escribe en el Heraldo de Aragón Rojo y Azul, haciendo referencia a este artículo de Vicenç que acabamos de resumir y añadiendo algunas ideas propias.

También ella se hace cruces de que no se hable para nada de este tema –obviamente no leen mi blog–. Primero, como buena progresista, va al clásico tema de la perpetuación de roles y estereotipos a través del juguete –el rosa y azul del título- y cita este vídeo  de Riley Rant una niña de 4 años que explica con desparpajo su protesta contra el juguete sexista:


A mí, sinceramente, con permiso de Riley y de De la Vega, este tema me parece una nadería al lado del realmente importante que es el de la cosmovisión de la sexualidad, de la mujer, del varón y de las relaciones entre ambos que se construye en las series, en la publicidad, en el cine, en los reallity, en los talk shows, en las alfombras rojas o en los programas del corazón… y en el escaparate-espejo  adolescente de las redes sociales que es donde está verdaderamente el problema de la nueva esclavitud femenina y de la distorsión de la masculinidad de los varones.

De la Vega comentando el libro de la feminista Natasha Walter, Muñecas Vivientes nos dice que la autora «denuncia los excesos de la telebasura, la obsesión con el culto al cuerpo, la sexualización de la infancia. […] Le preocupa que las chicas de once años quieran ser modelos y las de dieciséis se presenten a concursos de ‘strip-tease’». ¡Qué razón tiene! Y lo más grave es que esto se sigue haciendo –y con éxito–  «en nombre de la libertad de elección, el poder femenino y la liberación sexual», consiguiendo que millones de mujeres piensen en medio de una continuada y profunda frustración personal «que la imagen es lo que determina su valor en el mundo».

No es un tema menor, dice. Ya lo creo que no. Ahí es donde está el objetivo al que hoy hay que plantar cara. Me alegra que ambos, desde la izquierda, se preocupen del asunto. A ver cuándo le preocupa también a la derecha. Pero digo izquierda porque es este espectro político el que se ha hecho con el marchamo de garante de la ética universal. La derecha, ya se sabe es la derechona y todo lo que diga sale de la caverna.Y hace falta una nueva izquierda que, libre de prejuicios ideológicos, luche por un nuevo modelo de mujer independiente, libre, fuerte y… ¿por qué no? maternal y familiar. Hace falta un nuevo feminismo que luche por liberar a la mujer del espejismo banal de la frustración de la imagen corporal que la convierte en un objeto y un sujeto de frustrante consumo y que reivindique su verdadera dimensión personal de igualdad en la diferencia permitiendo su completa inclusión laboral sin que esto sea un obstáculo para su vocación maternal y familiar a través de una verdadera conciliación familiar. Una izquierda que reivindique una educación afectivo-sexual en la que se hable más de amor y relaciones personales y menos de género, preservativos y «autoconocimiento» genital y que contrarreste la marea de perniciosa banalidad mediática del aquí te pillo, aquí te mato.

Entretanto, les dejo con el mejor vídeo que se ha hecho hasta ahora sobre el tema de la influencia mediática en los niños: ‘Habla con ella’. Aunque esté hecho por Unilever, una multinacional capitalista de la cosmética, y se refiera sólo a la construcción del imaginario de belleza femenina, se puede aplicar a todo lo demás. Véanlo si no lo han hecho ya.

P.S.: se me olvidaba decir que, curiosamente, ambos utilizan con sorprendente soltura el verbo ‘prohibir’ para solucionar algunos de los problemas sociales que se plantean… Pero ¿No estaba prohibido prohibir hasta hace cuatro días?

Referencias

Texto de Vicenç Navarro

Texto de Pilar de la Vega en Facebook

Síntesis del libro de Natasha Walter en El País