Pablo, de 20 años, está muy enganchando al móvil y a la redes sociales. (Fotografía: Daniel Méndez).

XLSemanal trae en la portada de su primer ejemplar de febrero un título que es de por sí un auténtico reclamo para padres: «A solas con el móvil. ¿Qué hacen los jóvenes cuando se encierran en su cuarto (y a usted jamás le dirían)».

En la sección correspondiente, Daniel Méndez firma un reportaje con título distinto aunque igual de suculento para el lector curioso o el padre preocupado: «Ligues, peligros &redes sociales». ¡Luz roja, luz roja…!

Cita el reportero, cinco aplicaciones móviles que todo padre debería conocer, sabiendo perfectamente que de nada le servirá conocerlas porque son App’s cuya cualidad entre otras es, precisamente, que no van dirigidas a los padres, sino a los hijos:

  • Snapchat: una monada que consiste en poder enviar imágenes que el receptor solo  ve durante 10 segundos y luego desaparecen. Si eres rápido, puedes hacer un pantallazo y guardarlas. Es un ‘ahora me ves, ahora no me ves’ para enviar fotos comprometidas (¿?).
  • Chatroulette:  conversaciones con vídeo con personas desconocidas del mundo entero.
  • Tinder: dos millones de usuarios ligando cada día. Con localización geográfica para saber dónde se encuentra tu interlutor.
  • Sexting: una práctica, más que una aplicación: mensaje con intención sexual se dice ahora. Un mensaje guarro, se decía antes.
  • Mylol: página en la que desde los trece años puedes ligar y juguetear con desconocidos.

Bien. Ya sabemos que existen. ¿Y ahora qué?

Ilustran el reportaje cinco testimonios de quiceañeros que básicamente lo primero que hacen al acostarse y al levantarse es mirar el móvil; cuelgan miles de fotos en la red; utilizan Twitter, esa supuesta herramienta para compartir información, para compartirse ellos en fotos y comentarios buscando seguidores; conocen a alguien en la vida real y luego lo ‘investigan’ y ‘siguen’ en la red; conocen a alguien en la red comentan un par de cosas que haya subido y ya está, creen haber ligado…

Viven en la red. Son ‘residentes’, como explicamos en el último post. Hasta siete horas conectados al día si tienen entre 8 y 18 años: con el FOMO (Fear Of Missin Out, ‘miedo a perderse algo’) en el cuerpo. Hasta siete horas de no dejar más huella o aportación en la red que su propio yo, su identidad, su perfil, sus fotografías, su curiosidad y su morbo. ¿Viven en la red?
¿Eso es vivir? Quizá estén desviviéndose.

Luego algunas consideraciones estadístico- descriptivas: el 76% por ciento de los chavales de 11 a 14 años usan WhatsApp (¿en qué estarán pensando los padres de algunos?). Facebook solo para contenido light compartible con familiares mientras ellos migran hacia  zonas ‘seguras’ solo para adolescentes como las que hemos visto más arriba .El 21’2% de los menores de 18 han recibido alguna vez requerimientos de imágenes comprometidas, 50% si la edad es de 18 años.

Es el olvido de que la soledad de tu cuarto es escaparate de millones de pantallas ajenas. «Jóvenes que exploran un mundo de trampas armados con dispositivos diseñados para explotar la impulsividad […] Me estoy encontrando con jóvenes de veintipocos años incapaces de establecer relaciones emocionalmente íntimas», dice una terapeuta norteamericana.

Es la presión de la presencia de los otros. Entre los 15 y los 20 años la presión de los amigos para afirmar la identidad es muy grande. Antes el hogar era un paréntesis,un descanso-refugio de esa presión. En casa, eras otra vez tú, sin el espejo-escaparate de los otros. Deseando volver al día siguiente con la tribu, pero descansando por fin y sin saberlo de intentar aparentar ser uno de ellos. Hoy la presión permanece las 24 horas. Hay que estar y estar todo el rato. Quien no está, no es nadie. El psicólogo de turno afirma que se gana y se pierde: se pierde intimidad y literatura (¿?) se gana en honestidad y democracia. ¿Entienden ustedes algo? ¿Honestidad? ¿Democracia? ¿Honestidad el montarse un perfil desde el anonimato del pantalleo que no resiste ni dos minutos de comunicación cara a cara? ¿Democracia la heterogeneidad que no distingue edades, circunstancias, culturas…?

Jorge Flores, de Pantallas Amigas afirma: «en internet hay orgías estudiantiles a patadas. Luego los chavales se ven con unas cervezas, un grupo de amigos y una cámara… No les va a parecer tan raro porque ya lo han visto antes. Hay chicos que han visto pornografía violenta y degradante antes incluso de que hayan cogido de la mano a una chica». Se normalizan cosas que en absoluto son normales. Cada vez baja más la edad de inicio de la primera relación sexual: de los 17 años a los 15 en cinco años. Tilly, una joven de 18 años, lo explica así: «Lo que sucede es que todos los preliminares tienen lugar en Internet, de forma que en la vida real ya no puedes ir mucho más allá; lo único que te queda es irte a la cama con el otro».

Después ya no te queda nada, supongo.

Referencias:

Reportaje de XLSemanal