A3 acaba de celebrar su vigésimo aniversario. Todos encantados de verse. Tanto en sus televisiones como en Onda Cero, la emisora del grupo, dedicaron en todos sus programas algo de tiempo al asunto y el Director de las teles, anduvo de programa en programa vendiendo las excelencias de la cadena a todos los oyentes y espectadores. Estos últimos también participaron, y también muy contentos, en una ceremonia de la nostalgia hablando de los programas, personas, personajes, series y jingles con los que habían crecido y convivido durante estos veinte años. Todo positivo, nada negativo.

Sin embargo, para este usuario, el aniversario es, sobre todo, el de un desencanto. Aquella primera ilusión por una televisión privada que nacía como una alternativa de libertad ante el monopolio de la televisión pública, pronto se convirtió en una pérdida de la inocencia: primero por el famoso antenicidio protagonizado por el grupo Prisa con la connivencia gubernamental; después por el progresivo deterioro de la programación de toda la televisión pública y privada en su lucha por las audiencias. Han sido veinte años de perpetrar televisión convirtiendo en normal lo que a nivel de calle era simplemente anormal. Veinte años en los que los usuarios hemos hecho lo que hemos podido para evitar que nuestras biografías y nuestros ojos se vieran comprometidos por montañas de tiempo de polución visual. Hasta hoy. Para muestra, dense un paseo por la web de Antena 3: televisión pura y dura.

Celebro una oportunidad perdida. Para la televisión, para los telespectadores, para el país. Porque durante veinte años nos han hecho creer que no hay otra televisión posible y es mentira. Porque los telespectadores hemos perdido mucho mirando tanto y actuando tan poco. Porque la televisión ha sido la gran educadora de la ciudadanía durante veinte años. Una lástima.

Como crónica, remito a un enlace que hace un repaso verdaderamente exhaustivo de hechos, sonidos e imágenes en el foro de televisión de Libertad Digital. Allí está prácticamente todo para recordar.

Simpsons

Los Simpson también cumplen 20 años. Una magnífica serie para adultos, llena de aciertos y de talento que, sin embargo, ha sido programada sin talento ni acierto por la cadena del aniversario como dibujos animados para niños; una cadena que compró sus derechos y la ha convertido en buque insignia de su NO programación infantil. Un estupendo ejemplo de cómo la televisión y su audiencia no la construyen los contenidos, sino los programadores.

Tricicle

Déjenme que añada, contrapuesto, otro aniversario memorable. 30 años llevan Joan Grácia, Paco Mir y Carles Sans haciendo algo antagónico por completo a la televisión: inteligencia, talento, respeto, trabajo… Una demostración de que la televisión no es, como decimos los que la analizamos, espectáculo. Espectáculo de verdad este. Los dos necesitan de los espectadores, los dos llenan el ojo. Pero mientras con uno sólo te diviertes, con el otro disfrutas y llenas, además el cerebro. Enhorabuena.