El medioambiente simbólico está íntimamente ligado a la sociedad del ocio, al ocio como negocio, como consumo. Las pantallas, antes que información son fundamentalmente entretenimiento. Tanto que convierten en espectáculo todo lo que tocan, hasta lo más serio. De ahí que no vengan mal estas reflexiones de Marina en el  post de hoy

Ocio, consumo, aburrimiento, divertirse y disfrutar

«El movimiento de la salud mental prometiendo una liberación de la angustia, que es un imposible, puede haber jugado un papel significativo en la común persuasión de que hay un derecho a gozar de bienestar mental, con lo que se está contribuyendo a un exagerado consumo de alcohol y a la casi universal prescripción de tranquilizantes por los médicos» (Nicholas Cummings, Asociación de Psicólogos Americanos)

«El tiempo libre plantea el problema de cómo llenarlo. Si el hombre es el único ser que quiere divertirse es, posiblemente, porque es el único ser capaz de aburrirse. Cuando el animal no tiene nada que hacer, duerme. El hombre, en cambio, permanece despierto y tiene que ingeniárselas para llenar ese gigantesco bostezo de la realidad.»

« … aspectos novedosos en los modos actuales de divertirse. En primer lugar la industrialización del ocio. Grandes complejos industriales como la televisión el cine, los vídeos, las empresas de informática, se encargan de surtirnos de diversiones. Concebimos la felicidad, escribió Aranguren […] como un triple consumo: «se consume información, se consumen los bienes a que esa información-anuncio se refiere, y se consume ocio». Esto va unido, por supuesto, a la ampliación del tiempo libre. Los españoles ven un promedio de tres horas y media diarias de televisión. [Ahora ya son cuatro].

Otro aspecto novedoso es que la diversión encaja dentro de horarios fijos, se hace diaria, deja de tener sentido la fiesta, y se masifica. Sabemos, por los índices de audiencia, que a una hora determinada veinte o treinta millones de españoles se están divirtiendo exactamente con los mismo. Divertirse por su cuenta parece una empresa excesivamente ardua. Durante siglos el castellano empleó la voz media «me divierto» para recalcar que el sujeto intervenía de alguna forma en la actividad felicitaría, pero en la actualidad nos parece más seguro y cómodo que «nos diviertan».

Otro aspecto interesante es la fascinación generalizada por el espectáculo [Es decir, la diversión se hace fundamentalmente visual]. Los actos políticos, religiosos, deportivos, culturales, quieren atraer por su espectacularidad. Incluso se presiona para que la escuela se incluya en el show-business. […] El presidente de Sony dice que aspira a que su compañía sea considerada como una empresa de diversión.  Y los hombres y mujeres del espectáculo están entre los profesionales mejor pagados del mundo. El único problema que veo es que al ser el espectáculo el formato único, o al menos el preferido, de nuestro contacto con la realidad, resultará difícil distinguir la realidad de la ficción. ¿Son reales los sentimientos expresados en un reality-show? A mí esas lágrimas en el momento adecuado, las exclamaciones de alegría o de tristeza, las reconciliaciones, los enfados, me parecen una simulación creída tal vez por los mismos protagonistas.» […]

«Uno de los modos de librarse de la pesadumbre de lo real consiste en idealizar la realidad. Desactivamos lo doloroso al convertirlo en espectáculo. Es espectador quiere mantenerse en contacto con una realidad que divierta y emocione con levedad, sin abrumar, y confía para ello en los profesionales de la diversión, que nos permiten elegir a horas fijas la emoción que deseamos sentir: miedo, curiosidad, comicidad, pena, furia. Sentir entretiene mucho, ya se sabe.

Dicen los sociólogos que la diversión en el mundo moderno se hace cada vez más febril […] Diversión y juego han asumido un nuevo aspecto obligatorio. […] La diversión aparece como la única salvación al alcance de la mano. Es la concreción más verosímil de la felicidad.»

(A este respecto, véase nuestra distinción entredivertirse y disfrutar.)