Marina3

Tengo a gala haber publicado, unos años antes de que lo hiciera  aquí Marina , estas palabras: “Una imagen vale más que mil palabras sólo cuando hemos podido decir por lo menos mil palabras sobre ella”. La imagen es muy expresiva, pero sólo se puede apropiar uno de su significado mediante el pensamiento, es decir, mediante la palabra. Son muchas las entradas en las que hemos dado vueltas sobre este importantísimo concepto.

Es un privilegio sentirse plagiado por alguien mejor que tú.

Imagen y palabra

«Según uno de los dogmas más confundentes de nuestra cultura, una imagen vale más que mil palabras. En cierto sentido es irrebatible. También un olor vale más que mil palabras y una caricia y una música y un dolor de muelas. Todo conocimiento perceptivo sobrepasa en algo a la palabra, se mueve en otro registro. Pero gracias a la palabra, que es un medio lento, desplegamos el significado de la percepción, que es un medio veloz. Hacen falta mil palabras para analizar una imagen y, posiblemente más para exponer un argumento. La imagen es una totalidad que nos seduce por la rapidez con que la captamos. La explicación, el razonamiento, la argumentación, son frutos pausados de la palabra. Por eso desconfío de la capacidad de los medios audiovisuales para razonar. Su poder de persuasión va por otro lado. No me extraña que los debates televisivos se conviertan en espectáculos, es decir, algo para ver, donde le público aplaude por los motivos más extravagantes o más escenográficos.

[…] El lenguaje tiene que linealizar, convertir en líneas lo que percibimos, sentimos, conocemos en bloque, y ésta es una tarea lenta. Somos un procesador de textos muy poco veloz. Pero pretender saltarnos esa limitación haciendo surfing es condenarnos a no entender nada, a guiarnos por espasmos mentales, y a caer en el garlito de las consignas brillantes. La cultura de la imagen fomenta el timo de la estampita. Por eso reivindico la vuelta al curso apacible de la palabra.  … Frente a la velocidad del hipertexto… elogiaré la lentitud del discurso. Frente al flash que compacta, la palabra, que hace navegable la realidad permitiendo de paso el disfrute reflexivo de la imagen.

[…] Mirando desde el Albaicín la ensimismada Alhambra se ve a las claras la plenitud y la limitación de la imagen. Sólo nos entrega el presente. Pero el presente no es más que el filo consistente y efímero de una catarata. La línea donde el fluir del pasado se despeña en el fluir del futuro. Una de las ventajas de la lectura sobre la imagen es que nos permite conocer la genealogía de las cosas y su testamento, su pequeña historia y su escondida herencia. Y con ellas, su verdadero significado.»