Unas palabras de Marina encabezan la justificación de este blog. Hace algún tiempo ya publicamos, además, algunas agudas y brillantes reflexiones en torno a la imagen, la palabra, la falsedad de la imagen televisiva….Ordeno mis papeles y veo que tengo reseñado el libro del que sacamos aquellas agudezas, Crónicas de la Ultramodernidad, (Argumentos, 244, Anagrama, Barcelona, 2000) y me apresuro a subirlo a la sección de Pensar los medios  en donde lo podéis encontrar.

Aquí os traigo unas cuantas reflexiones realmente lúcidas sobre la relación del usuario con la tecnología y sobre la realidad y las limitaciones de esta. Los títulos y los subrayados en negrita son míos.

Información, conocimiento, aprendizaje, el pobre ser humano

«Se dice con demasiada frecuencia que entramos en la sociedad de la información o del conocimiento […] conectados a una red que guardará todos los conocimientos, todas las informaciones, toda la realidad, aunque sea en estado virtual. […]

Machado lo anunció hace muchos años: “Nadie sabe ya lo que sabe, pero todos sabemos que de todo hay quien sepa”. [Pero] ¿Qué sabemos cuando estamos enlazados con la red? Nada. Tan solo tenemos acceso rápido a un conjunto de informaciones. […] Los sistemas informáticos nos permiten un acceso veloz a todo. Pero en el magnífico despliegue técnico hay un elemento incordiante que no está a la altura de las circunstancias, un trasto mal diseñado, un cuello de botella que atasca la rápida difusión informativa: el ser humano. … un anacronismo [en la sociedad tecnológica] … una tortuga en la época del nanosegundo. […]una pulga en el mundo de los terabytes.»

«Por eso, frente a la sociedad de la información … virtual … reivindico … la sociedad del aprendizaje. Sólo poseemos la información que hemos incorporado a nuestra memoria, y que nos va a permitir comprender lo que pasa, someternos o rebelarnos, aceptar o criticar,  [decidir].  Si lo olvidamos acabaremos pensados por la red en vez de pensarla nosotros