¿La red democratiza la sociedad al permitir el acceso de todos a todo? Puede parecerlo, pero veamos que nos dice Marina:

Democracia, acción, opinión, mayorías, silencios culpables

«Muchos consideran que la red es la mayor ayuda que la democracia ha recibido desde la imprenta. […] Me temo que las cosas son más complicadas […] la idea de información implícita en ella no es liberadora sino que atenta contra la autonomía personal. [El hipertexto por el que me muevo por la red y que incluso colaboro en construir parece el colmo de la autonomía democrática. Sin embargo, más que una democracia real, sería una democracia lingüística en la que] el mundo de la acción … queda reducido al mundo de la opinión. El mundo de la autonomía a decir lo que se quiera. Pero todo esto es un gigantesco espejismo. La democracia no es comunidad de opiniones, sino […] de voluntad y de acción. La realidad es algo más que … discurso. Vivir es actuar. La autonomía personal no se constituye con un sujeto que habla en un mundo virtual, sino con un sujeto real, valiente y sabio, que actúa en un mundo real

«La democracia se basa en la ley de las mayorías, pero lo que necesitamos son unas mayorías ilustradas y decentes en las que podamos confiar. Y más todavía cuando llegue esa futura sociedad de la información que será, sobre todo, la sociedad de la mediación y el mangoneo. Los medios de comunicación se van a convertir en los intermediarios entre nosotros y la realidad. [ los medios, no las personas…] Y si no estamos atentos serán los medios más elementales y simplificadores los que se lleven la clientela al agua.  […] Leo en Le Point que el 30% de los jóvenes franceses de 18 a 25 años de edad son incapaces de comprender un artículo sencillo de periódico. Eso quiere decir que todo su régimen intelectual se reduce a una imagen o a una consigna. Si en la era de la información seguimos diciendo que una imagen vale más que mil palabras, o que el cómic es la cima de la creatividad, apaga y vámonos.»

«Los silencios cautelosos, las claudicaciones cínicas o escépticas o simplemente cómodas nos enredan  a todos en una complicidad maligna o boba. [No es lo mismo] ‘colaborador’ que ‘colaboracionista’ […] éste colabora con el enemigo, con la mentira, con la equivocidad, con proyectos que no deberían ser los suyos.

Todos nos quejamos de cosas a las que estamos ayudando a existir: la mala televisión, los falsos prestigios, los fracasos familiares, la cultura de la adicción, la sexualidad frívola, el despojo de la infancia, la violencia implícita o explícita, la superficialidad en los debates, la impaciencia, la prisa, el desánimo, la blandura con los culpables, el olvido de la víctimas, la burla de la inocencia, las injustificables tolerancias, la desconfianza en la bondad, el elogio de la transgresión, el cántico a la incoherencia. Somos víctimas de modas, costumbres, creencias en cuya consolidación participamos sin saberlo.»