Mi amigo José Luis me envía este análisis de uno de los carteles que ofrecía el post del día 13. Ahí va.

La inteligencia del lenguaje publicitario
EL ESLOGAN:
«America needs a thinker» “América necesita un pensador” en alusión y contraposición a la “impulsiva” conducta representada por el adversario. El propio Bush y sus distintos responsables militares, asesores políticos, etc., tuvieron que reconocer numerosos errores de cálculo en la guerra de Irak.

«Think your vote. Think Obama» “Piense su voto. Piense Obama”. Esta es la brillante estrategia del lema del cartel: Identificar la acción del “presidente” con la de su pueblo y la de éste con el aspirante, empleando el mismo verbo. Algo así como: “ Voy a pensar en América con los americanos. Les pido a Vds. lo mismo: piensen en América conmigo. Les propongo pensar todos juntos una nueva América”. THINK pensamiento, pensamiento, pensamiento: ideas, ideas, ideas.

OBAMA:
¿Porqué su figura silueteada?

La razón es de libro. Es una experiencia general, que la fotografía en blanco y negro de un objeto y su contexto, impacta más que su correspondiente en color. El color aporta excesiva e innecesaria información sobre lo fotografiado que el cerebro debe procesar igualmente, repartiendo el impacto de la observación. De otro lado, cuando el fotógrafo utiliza el blanco y negro, tiene que decidir qué parte de la información es innecesaria y la minimiza u oculta, enfatizando sólo la que es esencial para lograr su personal estilización del modelo retratado. Personal, digo, porque sólo el proceso de estilización, siempre personal y distintivo, de la realidad física o mental, da carácter o rango de arte a una obra. Lo que impacta más, queda fijado en el espectador por más tiempo y con mayor intensidad semántica.

Pero si de la imagen en blanco y negro, con sus grises intermedios siempre presentes en mayor o menor proporción, eliminamos éstos para quedarnos sólo con el negro y el blanco, además de producirse la estilización ya comentada, se consigue la esquematización de su referente. Del mismo modo que el sustantivo propio “Obama” nos refiere a la persona Obama, como un esquema del mismo –una vez conocido-, su silueta opera como sustantivo visual del propio Obama. Lo esquematiza, lo convierte en un símbolo, lo hace fácil de retener, nos explica al personaje como el croquis de un tesoro explica dónde está escondido y cómo llegar al mismo: cuatro rayotes bastan; una silueta de dos colores sobra para que el esquema Obama pase a ser nuestro. A la vez, el contorno diluye por completo lo polémico de su raza, el color negro, absorbe al negro de la piel, porque ya no hay color, hay sólo símbolo.

Observen, cómo el icono Obama ocupa todo el campo disponible del cartel, toda América. Y lo hace en las dos vertientes de la praxis política: en la base, con los pies pisa la tierra, conoce la realidad y, por arriba, su mente recibe la luz a la vez que la genera con su pensamiento: no hay duda de que va a tratar los asuntos pensando en todos, hasta en los países del exterior, eso es lo que indica que el halo de luz rebose el campo del territorio americano, del cartel. Obama quiere oír al mundo, pensar con él y restablecer las buenas relaciones y el prestigio de su nación en el mundo entero. Por eso la luz llega fuera de campo, de lo que en teoría de la imagen se denomina de un “espacio en off homogéneo”.

Observen cómo estas dos características de su propuesta política aparecen resaltadas mediante un mayor contraste con el fondo del cartel: los pies sobre las letras más grandes y de un azul más claro que el fondo, y la cabeza sobre el halo luminoso. El resto de su cuerpo no reclama casi la atención de la mirada, se puede interpretar como conjunto: el que supone la vasta extensión de gentes y territorios americanos, que constituyen la grandeza, el capital del país, a la par que el poder de su gestión.

No es un detalle menor que la luz, al entrar, ilumine las últimas letras de la palabra “América”. Esa parcial iluminación basta para indicar que toda América será igualmente iluminada.

La utilización del campo semántico de “la luz” es amplísimo: verdad, acierto, entendimiento, sabiduría, valor, honradez, claridad, transparencia, ¿religiosidad? etc.

El análisis de la postura silueteada de Obama arroja tantos frutos que bien podría constituir un segundo cartel por sí misma. De hecho, aunque perfectamente integrados, se pueden ver dos carteles en uno.

La cabeza, discreta, inclinada levemente hacia abajo, nada altanera, reflexiva, emana concentración, gesto de hombre común, capaz de tratar con otros estadistas sin esgrimir el imperio como argumento.

El cuello de la camisa, el único detalle en blanco, perfectamente occidentalizado, sirve para disipar posibles reservas o cuestionamientos por cuenta de sus orígenes étnicos.

Las manos en los bolsillos es el gesto propio de quien alberga cuestiones graves. Con las manos en los bolsillos no se pasea para solazarse, más bien se deambula para reflexionar. Pero, a la vez es un gesto cómodo, fresco, informal, accesible.

Las piernas abiertas en un leve pero exacto ángulo dan idea, junto con la línea angulada de su brazo derecho, de dinamismo. Obama se mueve, no está parado.

Los pies son la joya del cartel. El derecho en riguroso perfil apuntando hacia delante, nos dice: “avancemos”. El izquierdo no está en línea con el derecho, lo que indica que no andará en la línea recta del “más de lo mismo”. Antes bien, su apoyo en tránsito, señala el inicio de un giro en su marcha. Un giro que por la inclinación sólo puede ser hacia la izquierda. No obstante, la dirección del pie derecho puede indicar que ese giro lo va a dar con prudencia, sin dilapidar lo consolidado por anteriores gobiernos. De hecho, la posición de los pies no es del todo natural, lo que habla del trabajo de los expertos que así los han colocado.

EL DISEÑO GRÁFICO
Sin duda, debe existir una importante razón que explique porqué se ha utilizado esa tipografía en el eslogan. La tipografía recuerda a la utilizada en alguna emblemática producción cinematográfica -¿tal vez en WEST SIDE STORY?-. Desde luego, la temática del film no es ajena del todo a nuestro personaje. Una tipografía épica que oscila por su forma y textura entre la conquista del oeste norteamericano y la solidez de la piedra clásica. Una tipografía que aumenta de tamaño de arriba abajo acompañando a la vista hasta llegar al nombre de Obama, pero en una distribución no uniforme, sino dinámica, rota, de nuevo sólida y a la vez flexible.

Al fondo, difuminadas, suavizadas, las estrellas y las barras de la bandera salen de la luz en el punto de referencia visual constituido por la cabeza del candidato, llenando todo el cartel del América inicial.

Aparte del negro, el azul es el color masivo del cartel. Sabemos que los publicistas utilizan los colores para producir efectos concretos en los consumidores. La cromoterapia basa su trabajo en el fenómeno físico de que las distintas frecuencias de onda provenientes de la exposición a los distintos colores, tienen en las personas, efectos terapéuticos y/o psicológicos bien determinados. Pues bien, la consulta sobre el azul arroja que este color simboliza y produce paz y tranquilidad, también abre la mente y ayuda a combatir el egoísmo.

Paz y tranquilidad en los cielos, en los mares y en el interior de cada norteamericano, sin descartar guiños de alcance internacional atendiendo a la imagen belicista que, sobre su país, empezaba a consolidarse en el exterior. América entera, todo el cartel, en paz y tranquila, pensando juntos el pueblo y sus instituciones, abriendo sus mentes y hasta deseosos de que el egoísmo no sea ya más el conductor de su futuro.

CONCLUSIÓN:
Magnífico cartel, de factura cinematográfica, que anuncia el inminente estreno de una película largamente esperada: “Un hombre para América” sería uno de los títulos posibles….. si el pueblo americano saca entradas para ir a verla.

Sin duda, una OBRA MAESTRA de la publicidad.

José Luis

Si no somos capaces de analizar la imagen, descomponerla, apropiárnosla, convertirla en pensamiento, la imagen y su lenguaje nos dominan, penetran en nosotros sin que nosotros sepamos cómo. De nuevo, sólo el pensamiento, nos hace libres frente a la extraordinaria eficacia del impacto visual. Una imagen vale más que mil palabras sólo cuando hemos sido capaces de decir mil palabras sobre ella. En este caso, 1345 exactamente. Gracias, José Luis.

Vean publicidad, no la consuman o serán consumidos por ella.