Un libro con un buen título que promete más que lo que da. Blum se plantea en el prefacio su encuentro con un interrogante que todos nos hacemos: la corporeidad de la red. Cuando su conexión a internet muere por culpa del mordisco de una ardilla al cableado exterior de su casa, internet, la nube, esa extensión amorfa, totalmente desencarnada, ese espacio inconcreto y casi espiritual donde está todo, adquiere de repente textura: una consistencia física que se puede morder. Y si es masticable,  es que tras ese fenómeno que tendemos a ver  como una extensión de nuestra mente se extiende una verdadera geografía que merece la pena buscar, localizar y describir en un mapa… ¿Dónde está? No importaría tanto derivar mi vida a unas máquinas si supiera al menos dónde se encuentran, quién las controla y quién las ha puesto ahí –dice Blum.

Y del mismo modo que para ver de verdad la televisión, para entenderla, lo primero que hay que hacer es apagarla, distanciarse, reflexionar, para contestar su pregunta el autor se aleja del teclado y comienza a tirar del hilo, del cableado, de los tubos por los que circula ese fantasma virtual que llamamos internet.

A partir de ahí las 250 páginas se quedan en un intento fallido. El autor viaja de aquí para allá, visitando empresas, almacenes de datos, centrales con enormes routers, cableados y refrigeraciones, describiendo ambientes, personas y paisajes, pero poco más. No deja de ser norteamericano y, como tal, se ve en la obligación de sacrificar el análisis y el orden en la exposición al entretenimiento divulgativo. Sabemos cómo son y visten los ingenieros con los que se encuentra, el pueblecito que visita o el hotel donde se hospeda, pero nos quedamos con ganas de desenmarañar la tupida red de empresas -propietarias del cableado de fibra óptica, operadores de la señal, dueños o arrendatarios de la banda ancha, fabricantes de routers, ordenadores o equipos, proveedores de servicios, centros de intercambio…- que constituyen la red global: Cogent, AOL-Time Warner, IBM, Microsoft, Google, Facebook, Equinix,  AT&T, Cisco, Digital, Cablevisión, Netflix, Comcast, Verizon, Level3, Tata…

De hecho, tras leer el libro, la idea que nos queda clara es que por supuesto que la red es un telar físico tejido por personas concretas que hacen negocio con él, pero el entramado de nombres, empresas y corporaciones es tan complejo  y da tanta pereza intentar pentrarlo que al usuario no le queda sino volver a la bendita ignorancia de encender el ordenador y hacer clics con el ratón y que sea lo que Dios quiera .Eso sí, con la convicción de que está completamente vendido porque si tuviera que intentar protestar o protegerse o exigir sus derechos… no sabría ni por donde empezar, por lo que seguirá derivando su vida a unas máquinas sin saber ni  dónde se encuentran, ni quién las controla ni quién las ha puesto ahí que es lo que alegremente hacemos cada día todos nosotros.

Lo malo es que creo que esa impotencia ante lo aparentemente inabarcable no es sólo propia del analfabetismo digital de los usuarios, sino que en esa misma tesitura están los legisladores y los «expertos». De ahí el caos y la desregulación que algunos llaman interesadamente libertad cuando no es sino  opacidad, secretismo y falta de transparencia.

Y no te digo nada, nosotros, las Asociaciones. Si ya lo teníamos crudo con la complejidad de las corporaciones y productoras televisivas, con Internet, mucho más. No obstante, seguiremos en la brecha. No sé si conseguiremos aclararnos, pero, al menos, contrarrestaremos el ciberoptimismo supercial imperante.

Mientras tanto algunas representaciones de esa tupida e inextricable red:

http://www.telegeography.com/assets/website/images/maps/global-internet-map-2001/global-internet-map-2001-x.jpg

TeleGeography. Global Internet Map 2010.

Chris Harrison. Internet Map: City to city connections

BeiHang University. AS level IPv6 backbone network topology