Tom Cruise cumple 50 años. Le hemos visto no crecer en la pantalla. Y fuera de ella, hemos visto a su imagen sobre las alfombras, o en el papel satinado de las revistas, casarse varias veces, descasarse otras tantas, tener y adoptar hijos como si de otra película se tratara. Se ha ido, como siempre mitificando ante nuestros ojos con la gloria de los protagonistas que interpretaba. Nos ha repetido cientos de veces que la vida es cortar por lo sano, solucionar mágicamente los problemas. Nos ha explicado que los problemas no son sino un recurso narrativo para que el personaje los supere con la facilidad que el guión le proporciona para  agrandarse ante nuestra mirada hasta hacerse una imagen imprescindible que le ha permitido cotizarse ya que su rostro y su cuerpo prestados a su personaje eran un producto que arrastraba a los espectadores hasta los cines independientemente de la calidad de las historias que les contaban.
Hoy, simplemente Tom, nos mira en primer plano desde la portada de una revista en una imagen «natural» de sí mismo, sin Photoshop, sin maquillaje, con poros en la piel y pelos en la barba mal afeitada, con una luz frontal muy parecida a la auténtica que a uno le da cualquier mañana y el titular nos dice:
«La vida son problemas. La cuestión es afrontarlos, que no puedan contigo».
Y en el interior:
«Es curioso: de niño crees que, al crecer y dejar el colegio, todo será diferente. Error. Es mucho peor. Así es la vida: cambios, problemas, vivir…».
No lo sabíamos.