De nuevo Aceprensa  con el título muy sugestivo que encabeza este post—me pierden los buenos títulos—,  se hace eco de un artículo de nuestro viejo amigo Nicholas Carr en The Wall Street Journal también titulado con un bonito juego de palabras Why Modern Innovations Traffic in Trifles, “¿Por qué las Innovaciones Modernas comercian con insignificancias?”,en el que sostiene que hoy las innovaciones tecnológicas por razones puramente comerciales apoyadas en la demanda han dejado de intentar solucionar grandes problemas de carácter social  como los grandes adelantos de otros tiempos y se dirigen a satisfacer necesidades cada vez más  triviales e insignificantes de los individuos.

Satisfechas las necesidades principales de la pirámide de Maslow, el individuo occidental, burgués y capitalista, busca satisfacer pequeños ajustes en sí mismo que no le cambian la vida, pero aumentan su bienestar y se la hacen más cómoda, más divertida, más entretenida.

No es que no haya talento para hacer cosas grandes, dice Carr, sino que los que tienen talento se aplican a satisfacer las necesidades mezquinas que demanda la cultura hedonista del individualismo porque es ahí donde está el dinero a ganar. De nuevo la paradoja de un mundo globalizado y superinformado, superconectado, como nunca antes abierto al mundo y, sin embargo, el individualismo es cada vez mayor y vivimos cada vez más aislados, cada vez más encapsulados en nosotros mismos.

 Si nuestros sueños son pequeños y centrados en nosotros mismos, difícilmente podemos culpar a los inventores de producir trivialidades”. O lo que es lo mismo: a una cultura mezquina, innovaciones mezquinas.

Salir de nosotros mismos, desencapsularnos, desindividualizarnos, abrirnos a los demás, tener mayor amplitud de miras, preocuparnos de lo que ocurre al otro lado del mundo, desconectarnos para poder conectar.