Veíamos en la foto de familia de la Paramount muchas de las caras que han conformado nuestro medioambiente simbólico a través del relato cinematográfico. Pero nuestro imaginario colectivo se ha construido también a través de esos microrrelatos que son los spots y los slogans publicitarios, esas sentencias breves y dramáticas, simples, perdurables, originales e impactantes que, si los creativos han hecho bien su trabajo,  pasarán a formar parte de nuestras vidas interiorizadas y consumidas, aunque el producto al que hacen referencia no esté entre los que consumimos de verdad.
Por la mañana al afeitarnos nos da desde hace años un gustirrinín. Nos lavamos los dientes con un dentífrico que el mal aliento combate. Nos damos una ducha que es como el frescor salvaje del Caribe y nos aplicamos en las axilas el desodorante que no nos abandona. Dudamos al calzarnos y no sabemos si hacerlo con las zapatillas con las que nada es imposible o con las que todo es posible porque simplemente lo hacemos. Desayunamos con los frescos del barrioy con el desayuno y merienda ideal mientras tarareamos yo soy aquel negrito del África tropical. Lavamos la taza del desayuno con el estropajo sin el que no se puede estar y con el jabón del cual  un poco de pasta basta. Nos fumamos un pitillo con el genuino sabor del rubio americano. Salir en nuestro coche nos produce autoemoción y sus baterías le proporcionan un arranque instantáneo, un torrente de luz. Pasamos por la puerta de los grandes almacenes y aunque haga un frío del carajo sabemos que ya es primavera. En el trabajo, utilizamos el ordenador que piensa diferente. Con el bolígrafo naranja escribimos fino y con el bolígrafo cristal escribimos normal. Acabamos con las moscas con un insecticida que las mata bien muertas. Estamos convencidos de que nuestras compañeras se sentirán libres, se sentirán bien si las usan finas y seguras porque no se notan, no se mueven y no traspasan.
Hacemos un parón y donde estemos y sea la hora que estemos nos tomamos un vermout con una aceituna como ninguna. Quizá nos apetezca la probablemente mejor cerveza del mundo porque no es hora para el coñac que es cosa de hombres. Pero si realmente queremos estar bien, siempre nos quedará el remedio infalible: la chispa de la vida que nos proporciona esa indefinible y maravillosa sensación de vivir.
Sabemos que si nueve de cada diez estrellas usanun jabón, es que es bueno y además probablemente ha pasado la prueba del algodón que no engaña. Decimos adiós a la grasa  o utilizamos el detergente que lava más blanco y que lo hemos elegido después de buscar, comparar y no encontrar nada mejor. Para ciertas prendas utilizamos el del borreguito y quedan tan bien que alguien al tocarlas siempre nos dirá “Qué suave, ¿es nuevo?” y además nos pusimos muy contentos cuando supimos que por fin el frotar se va a acabar.
Por Navidad, alguien vuelve siempre a casa y compramos el turrón más caro del mundo mientras las muñecas se dirigen al Portal. Si no sabemos qué regalar recordamos que un diamante es para siempre.
Cuando determinado producto de belleza llama le damos la bienvenida a la república independiente de nuestra casa. Merendamos un paté más bueno que el pan, una rebanada de leche, cacao, avellanas y azúcar, un quesito del que nos fiamos y el zumo del primo protector. 
Como ven, me he quedado en la prehistoria de la publicidad televisiva casi de mi infancia. Es que ahora no veo mucho la televisión.
P.S.: aquí están las marcas que se vendieron con estos slóganes: Filomatic, Colgate, Fa, Rexona, Adidas, Nike, Bimbo, Cola-Cao, Scocht Brite, Gior, Winston, Seat, Tudor, El Corte Inglés, Apple, Bic, Raid, Evax, Martini, La Española, Carlsberg, Soberano, Coca-Cola, Lux, Tenn, Fairy, Omo, Colón, Norit, Perlán, Wipp Exprés, El Almendro, 1880, Famosa, Avón, Ikea, La Piara, Nocilla, El Caserío, Zumosol