(Octava entrega de la síntesis del libro de la socióloga de Harvard, Shoshana Zuboff, un texto imprescindible para quien quiera entender  el mundo contemporáneo.

El 99’9% del texto que presentamos son palabras literales de la autora tal y como las escribe en su obra. Sin embargo, las hemos desplazado y reorganizado de acuerdo a nuestra comprensión del texto original sin señalar paginación alguna y con una serie de subrayados en negrita que igualmente son nuestros.  No obstante, al final de cada entrada tenéis el enlace a  la síntesis ordenada esta vez sí con las páginas y en el orden en el que Zuboff las presenta para que sea más fácil citarla.

Creo, por supuesto,  que merece la pena acceder al original y pido perdón a la autora por el tejemaneje al que hemos sometido su texto, pero esperamos que esta síntesis que presentamos pueda servir de aperitivo para abrir el apetito de la obra completa.

Hoy toca la número ocho:  el asalto por parte de la tecnología «inteligente» a nuestro interior a partir del análisis de la expresión de nuestras emociones: «Ya no se trata de que se exprima un excedente de mis búsquedas, mis compras o mi historial de navegación. Ahora se quiere algo más que las coordenadas que ubican mi cuerpo en el tiempo y en el espacio. Ahora se profana nuestro santuario más íntimo.»

En 2015, una startup llamada Realeyes obtuvo una subvención de 3,6 millones de euros de la Comisión Europea para el proyecto SEWA (análisis automático de sentimientos en estado natural, en inglés) para «desarrollar tecnología automatizada que sea capaz de leer la emoción de una persona cuando esté viendo un contenido». Es lo que se conoce como computación afectiva, analítica de emociones y análisis de sentimientos.  Un software especializado para explorar caras, voces, gestos, cuerpos y cerebros, captándolo todo con unos sensores biométricos y cámaras imperceptiblemente pequeñas para recoger la dirección de la mirada, los parpadeos, micro expresiones faciales, movimientos oculares, emociones, estados de ánimo, estrés, engaño, aburrimiento, confusión, intenciones, etc., «grabando a las personas viendo vídeos en sus hogares para que podamos captar reacciones genuinas». Sus conjuntos de datos contienen más de 5,5 millones de fotogramas (con anotaciones individuales de más de siete mil sujetos de todo el mundo. «Al final nos convertiremos en unos maestros en leer los sentimientos y las intenciones»

En 2017, una firma líder en investigación de mercados pronosticó que el mercado de la computación afectiva, que comprende todo aquel software dirigido a reconocer lenguaje oral, gestos y expresiones faciales, pero también sensores, las cámaras, los dispositivos de almacenamiento y los procesadores usados con ese mismo fin, crecería desde los 9.350 millones de dólares de volumen de negocio de 2015 hasta 53.980 millones en 2021. El primer factor de crecimiento era la demanda de mapas de las emociones humanas proveniente especialmente de los sectores del márquetin y la publicidad

La investigadora Kaliouby, desde su empresa Affectiva, está convencida de que pronto se instaurara una nueva «economía de las emociones»: «Creo que, en el futuro, daremos por sentado que todos los dispositivos sabrán leer nuestras emociones» cada vez que miremos uno de ellos. Prevé por ejemplo que YouTube escaneará las emociones de sus visitantes mientras estén viendo vídeos en la plataforma. «Según lo veo yo, no importa que tu Fitbit no incorpore una cámara, porque tú teléfono sí la lleva y tu portátil también, y tu tele la llevará. Y todos esos datos se fusionarán con indicadores biométricos transferidos desde tus dispositivos ponibles y conformarán todo un perfil emocional específico sobre ti»

Cuanto más a fondo se interna el imperativo predictivo en el yo personal, más irresistible se le antoja el valor del excedente conductual que encierra y más amplia es la escala de las operaciones de acaparamiento. Ya no se trata de que se exprima un excedente de mis búsquedas, mis compras o mi historial de navegación. Ahora se quiere algo más que las coordenadas que ubican mi cuerpo en el tiempo y en el espacio. Ahora se profana nuestro santuario más íntimo desde el momento en que sus máquinas y sus algoritmos deciden lo que quieren decir mi respiración y mis ojos, mis maxilares, ese nudo en la garganta o los signos de admiración que mostré con toda inocencia y esperanza.

Referencias:

Síntesis completa de La Era del Capitalismo de la Vigilancia ordenada y paginada

 La era del capitalismo de la vigilancia en Casa del Libro