Dice la FundaciónTelefónicaque ha subido este vídeo a YouTube– que un grupo de jóvenes responden en él a ritmo de rap a la pregunta de cómo debería ser la educación en el siglo XXI. El rap –con música de El Langui y Keru Dj, y producción de Yllana– es, a mi juicio malo de solemnidad y supongo que un pequeño insulto para los raperos de verdad que lo puedan oír y un tiro por la culata para la eficacia que supongo se buscaba con este modelo supuestamente juvenil…, pero lo que me importa es, sobre todo, no el envoltorio, sino el contenido del mensaje. Esto es lo que dicen:

 
 

El comienzo con la facilona referencia machadiana que, sin embargo, no es de recibo. Del camino hecho con nuestros pasos que dejan huella en él mientras lo construimos, al surfing internáutico superficial y efímero hay un trecho.

En cuanto a lo del planeta y el mundo nuevos, ya se sabe la eficacia publicitaria del adjetivo. Pero a mí me suena a hueco. Los alumnos de hoy siguen siendo personas y poco de nuevo hay en ellas. Y son ellas y nosotros, las personas, y no las circunstancias las que hacen el mundo nuevo. Para eso hay que educarlas, para que renueven el mundo que con toda las ‘nuevas’ tecnologías sigue siendo tan viejo como siempre. Y, por supuesto, ¡Ah!, ¡las emociones…! Ya salieron. Me temo que volverán a aparecer, seguro, más adelante. Todo es muy emocionante hoy: desde la inteligencia –emocional- hasta el mundo de la imagen que apela no a la razón, sino a las vísceras. Pero sigamos.

Hay que encenderse, conectarse, ser COOL, estar IN, dándole al ON. Lo de siempre, si no estás conectado, no estás, ya se sabe. Nada de libros, nada de estudiar, nada de reflexionar, por supuesto nada de memorizar –para qué si está la Red que es nuestra memoria colectiva– creatividad, ¿sentido?, sueños, emoción otra vez, y esa rara discordancia de no saber qué hacer en ese esquema con el verbo ‘pensar’: [en ¿valores y atención?]

Lo que sea, pero no seas troglodita, no seas antiguo, apúntate al carro de la tecnología, déjate hipnotizar por el brillo de la pantalla que lejos de estar vacía, está siempre llena, siempre sin sitio para la reflexión.

Lo de que la gente de su edad habla de libertad, sin comentarios. En cambio, la definición del colegio inteligente, en el que cada uno aprenda con un ritmo diferente…, merece la pena detenerse un poco porque hay ahí ­–dentro de la demagogia y los lugares comunes que impregnan todo el texto– un guiño a un sistema educativo que consiga integrar a todas las desigualdades naturales de los alumnos en un ritmo de aprendizaje individualizado: todo un reto de la LOGSE que se ha quedado hasta ahora reducido a que para que los menos dotados puedan aprender algo, se haya conseguido que la mayoría no aprenda nada a base de reducir contenidos y bajar los niveles: todos igual, aunque sea igual de ignorantes. ¿Se piensa quizá en que ahora, con las pantallas, podremos individualizar la clase para que cada uno se encapsule en su propio ritmo?

Aula y jaula dice luego con de nuevo la fácil demagogia de la falsa idea de libertad: desde que el niño deja su hogar y entra en el aula-jaula, se le exige una nueva disciplina de atención y nuevos hábitos imprescindibles para salir de sí mismo y socializarse. En cuanto a que su mundo, su rollo, su realidad, compuesta de virtualidades, consumo, superficialidad, series, reallyties, pensamiento débil, videojuegos y videovídeos sea de verdad y no haya truco… Precisamente uno de los grandes papeles de la escuela hoy es poner en evidencia ese truco permanente en el que algunos viven mirándose en el espejo de las pantallas, hacerles despertar y ofrecerles la pastilla roja que les permita salir de Matrix y afrontar la realidad en la que les va a tocar vivir: un mundo en el que tendrán que operar en el quirófano, investigar y descubrir alguna vacuna, enseñar a otros, escribir algún libro, etc…, es decir, trabajar para mejorar el mundo real.

Profesor, cambia tu rol, dale al ON de este mundo.com. Más bien, profe, acompáñame en este lío para orientarme en el caos de superabundancia informativa para ver cómo entenderla y, por favor, no te dejes deslumbrar por tanta quimera digital y haz que tenga una buena cabeza, bien estructurada, con los conocimientos necesarios adquiridos, con el sentido crítico en marcha, con la capacidad de distinguir el blanco del negro y así poder hacer algo con toda esa avalancha y llegar a ser lo que quiera ser.

En fin: no sé lo que ha costado producir este vídeo a la Fundación Telefónica, pero más le valiera invertir en realizar productos que adviertan a los chavales no de lo que se van a encontrar en las aulas, sino de todo aquello que están afrontando ya fuera de ellas.