Guerra Civil Española dia a dia: Agustín de Foxá (1903-1959)

Fernando, en su comentario del otro día, nos ponía sobre la pista de un artículo de Agustín de Foxá, escrito en el diario ABC hace… ¡64 años! cuando  la hegemonía mediática estaba en la prensa; el cine ya estaba en su máximo esplendor como entretenimiento popular generador de mitos, pero aún tenía un fuerte apoyo en los diálogos; la publicidad –todavía ingenua y primitiva- era ya un referente social de primer orden que comenzaba su camino hacia el márquetin centrado en el consumidor en vez de en el producto; el teléfono era fijo y se utilizaba todavía para lo que se inventó -para comunicar lo imprescindible a distancia-; y, sobre todo, era la radio la reina que penetraba todos los hogares como el primer gran aglutinador de un enorme patio de vecinos global. En 1950, no había sido todavía destronada por la televisión, ni había aparecido el ordenador, ni internet, ni los móviles, ni los satélites. No se había producido la revolución tecnológica. Pero el Medioambiente Simbólico ya existía muy condicionado por el mundo mediático.

Agustín de Foxá, abogado, diplomático, periodista, miembro de la RAE, fue un escritor maldito olvidado por la derecha a la que perteneció y arrinconado por la izquierda a la que combatió y en este artículo demuestra una finura de análisis sorprendente ante el  medioambiente Simbólico que se estaba gestando.

La lectura del  artículo –que tenéis completo en la referencia que nos da Fernando y que incluyo más abajo- es una clásica tercera de ABC, escrita con humor y agudeza reflexionando sobre el valor de la palabra y el diálogo verdaderamente humanos, tanto para la vida individual como, sobre todo, para la vida social e incluso política. De ahí que Fernando la recordara al hilo de la exigencia de salvaguardar “la conversación” que nos hacía Sherry Turkle hace un par de post.

Habría que decir, primero, que detrás de la aparente sencillez de ese vocablo elegido por Turkle,  se esconde en realidad el mensaje mucho más hondo y complejo de la necesidad de la desconexión para el encuentro interpersonal, mensaje que hoy hace necesario la burbuja cibertecnológica en la que se ha sumergido la comunicación humana. Conversación significa presencia, diálogo, mirada,  compañía, cara a cara.  Conversar es estar, vivir, compartir, salir de la burbuja del espejismo de conexión fantasma en la que nos encierra lo tecnológico cuando se convierte en atadura.  Eso es lo que de algún modo pone en riesgo la conexión tecnológica y nos pide Turkle que rectifiquemos. 

Una atadura que, como nos recuerda Foxá en el artículo, no ha empezado con internet, los satélites y los móviles, sino que es muy anterior: ya existía en esa prensa que indicaba durante el desayuno a los norteamericanos, según Foxá, la consigna de lo que debían opinarYa existía en aquel primer dispositivo móvil –transportable- que fue el transistor que generalizó la costumbre de “ir a la playa con un pequeño aparato de radio. Los nadadores, las hermosas bañistas se contemplan sin casi dirigirse la palabra. Un movimiento en el “dial” cambia el tema de una conversación pronunciada por una invisible garganta.” Ya existía en la vida del hombre común esa introducción de un tercero en discordia que dificultaba o hacía imposible el diálogo que siempre es cosa de dos: la prisa, el ámbito urbano, la falta de un tiempo dedicado en exclusiva a la producción, la fragilidad del cansancio; y, sobre todo,  la radio. “La radio es la tertulia familiar, la sobremesa; las noticias del día; las buenas noches. La radio dice las palabras y comentarios que no tuvo con su esposa. La radio sustituye a los amigos. Ella, algunas noches, congrega a los hijos. Es la nueva abuela mecánica, no en torno a la chimenea, sino junto a la nevera. […] La radio está acabando con el diálogo de los hombres; habla por ellos. […] y como el tábano de las antiguas cabalgaduras no se despega de él, a pesar de la velocidad. Nos dicta, implacable, sus anuncios las noches de luna.” Ya entonces, el medioambiente simbólico se llenaba de slogans, desde el mundo político o publicitario, “una especie de comprimidos mentales, un criterio en píldoras, que evita toda reflexión”.

En 1950, a pesar de la radio –o incluso gracias a ella que planteaba una audición muy visual- la cultura se apoyaba ya de manera muy fuerte en el ojo más que en el oído lo cual construye, según el articulista una cultura más materialista que espiritual “La vista es materialista … el oído es espiritual …[y] nuestra civilización es óptica. El ojo es nuestro protagonista, se le ha agrandado hacia arriba con el telescopio y hacia abajo con el microscopio” y hacia afuera con la televisión –añadiríamos nosotros-. Ya en los cincuenta del siglo pasado el cine era más visual que verbal: “El diálogo es lo de menos; lo que importa es la acción, el argumento. Una conversación en el celuloide no resiste más de tres minutos”.

Desde hace 64 años, esas líneas-fuerza de la incomunicación señaladas sagazmente por el autor, no han dejado de fortalecerse con cada uno de los avances tecnológicos de la comunicación: la consigna del pensamiento, el dispositivo móvil que nos aísla, la fragilidad del cansancio deshumanizador, la omnipresencia de lo mediático en el hogar a través de la radio y la televisión, la hegemonía de lo visual frente a lo verbal…

El diagnóstico final de Foxá es apocalíptico, pero no por eso menos premonitorio. Lacónico y durísimo en la austera expresión de cada frase que resuena como un aldabonazo:

La Humanidad, al olvidarse de hablar, dejará también de pensar; perderá todo espíritu.

Eso irá ganando el feroz Estado mundial que nos amenaza para el porvenir.

La propaganda sistemática, dirigida por técnicos y psicólogos, va idiotizando insensiblemente a la Humanidad […] socializando la estupidez.

Pronto habrá “detectores del pensamiento”. Todos los cerebros serán como de cristal, transparentes.

El mayor delito será el del Yo. El peor crimen, la personalidad.

Y una férrea minoría dirigente gobernará, tranquila y tediosamente, sobre un triste universo de sordomudos.

Ahí está la superficialidad del “surfing” de los Bárbaros de Baricco; el omnímodo control de los gobiernos  y las corporaciones a través de la información que les proporcionamos en la red; la enorme sofisticación y eficacia del márquetin publicitario y la propaganda política; la absoluta falta de privacidad; la disolución de la individualidad en la Big Data; el aislamiento burbuja de una miríada de mudos que no hacen más que hablar sin decir nada y no hacen sino mirar sin ver y oír sin escuchar.

Adivinación profética. ¿Futuro o presente?

  Referencias

Blog de Jorge Álvarez del que hemos copiado el artículo.