Hoy el defecto físico es una lacra social,  envejecer está prohibido y la piel debe ser tersa y fresca, los ojos luminosos, las mujeres «neumáticas» ―precioso adjetivo del Mundo Feliz de Huxley― los hombres tabloides, metrosexuales. Hoy el gran tabú mediático es la normalidad corporal y por eso acudimos al eufemismo de ocultarla atiborrándonos por dentro con Revidoxes variados e infiltrándonos chutes hipodérmicos de Botox, para escapar de la inevitable ―y hermosa, por verdadera― oxidación que es el vivir; y nos embellecemos por fuera con los pinceles y máscaras de Photoshop, la ‘tienda de la foto’ donde intentamos comprar un billete para la eternidad virtual del parecer frente al ser.
Al XLSemanal ―a cuyo editor, por cierto, habría que dar un premio asociativo por su constancia en tratar temas relacionados con los medios desde el punto de vista del consumidor― le preocupan estos temas y de él extraigo estas dos perlas relacionadas esta vez con Photoshop, esa herramienta mediática creadora de realidades virtuales, ese eufemismo del cuerpo.

Una es la introducción del cartero de la revista, Lorenzo Silva:

« ¿es la realidad que percibimos y por la que nos guiamos la verdadera realidad o tan sólo el fruto de una manipulación? La pregunta tiene antigua raigambre filosófica, pero lo que antes de refería sólo a las trampas de nuestros sentidos o de nuestro razonamiento, ahora se refiere a un vasto entramado de interferencias que median entre las cosas y nosotros. Una de las más potentes y omnipresentes es Photoshop que empezó siendo un ingenioso programa informático para retocar y apañar las imágenes […] y que ha acabado convirtiéndose […] en generador de una despótica paralela realidad contra la que una y otra vez nos medimos para salir invariablemente derrotados. No, no podemos alcanzar las excelencias del Photoshop, en ningún aspecto. Pero consolémonos, nadie puede (mal de muchos…): ni la más rutilantes estrella al natural, ni el más excelso paisaje visto en vivo. Ni el mundo, esta entretenida y bella imperfección».

El otro, una de las cartas de los lectores, firmada por Asun Jiménez Colón:

«El otro día, mientras observaba a la gente con la que me cruzaba en el paseo que todos los días me gusta hacer por la playa, anduve durante una hora y no vi ni un solo cuerpo de esos que todo el mundo persigue y me pregunté: ¿existirán de verdad? ¿O es una ilusión óptica que nos han metido con el Photoshop? La realidad que yo vi, para mi consuelo, es que el 90 por ciento de las mujeres tiene celulitis; vientres planos, casi nadie; ya mucho menos, tableta. Seguramente, muchas de esas personas con las que me crucé se cuidan y hacen ejercicio durante todo el año sin llegar a conseguir esos cuerpos que nos restriegan en las revistas y en la televisión y lo único que consiguen es mantenernos permanentemente insatisfechos. Y si los insatisfechos fuéramos gente de cierta edad, pase, pero no me puedo quedar impasible ante jovencitas que machacan sus cuerpos  (y sus mentes) con dietas imposibles por perseguir un canon de belleza que ha inventado un ordenador».

Por favor: recuperemos la belleza de la imperfección.