Hugo Sáez, en su última newsletter de Mind Tricks,—no os la perdáis—, introduce este par de conceptos biológicos —el de Parásito, es decir, aquel que vive extrayendo sus energías vitales del anfitrión en el que se instala manteniéndolo con vida ya que depende de alguna manera de él , y Parasitoide, aquel parásito que al instalarse en su huésped se alimenta de él hasta causarle la muerte— que me han parecido todo un hallazgo conceptual para definir de manera muy sencilla la relación que se ha establecido entre Google, Facebook y Amazon con sus usuarios, y para explicar su evolución desde que comenzaron su andadura proporcionando un buen servicio a los navegantes de la red para acabar cambiando su naturaleza hasta convertirse primero en parásitos de los usuarios y más tarde, unos más y otros menos, convirtiéndose en parasitoides de sus anfitriones.
Las tres fueron grandes descubrimientos digitales en el campo de la eficacia en la búsqueda (Google), la amplitud y facilidad de las relaciones (Facebook) y el comercio on line (Amazon), pero tal y como explica Sáez muy sencillamente (y Soshana Zubof en La Era del Capitalismo de la Vigilancia con mayor amplitud, sobre todo en el caso de Google) enseguida percibieron las enormes posibilidades económicas que les proporcionaba la presencia continua de los usuarios en sus plataformas y empezaron a parasitar esta presencia con publicidad, extracción y venta de datos, impuestos por la presencia en la plataforma, etc. y convirtiéndose en monopolios absolutos cada uno en su ámbito de actuación. Así lo describe Hugo Sáez:
Google comenzó siendo una plataforma orientada a la utilidad. En un Internet donde todo era caos, encontrar lo que buscabas era complicado. Google era el directorio definitivo: ordenaba la información por su relevancia, bajo criterios basados en el interés general, para que el mejor contenido siempre apareciese primero. Era limpio, claro y directo. Facebook, por su parte, también creció gracias a la utilidad. Una red donde conectar con todos tus amigos y conocidos, encontrar contenido interesante y poder compartir fragmentos de tu vida con aquellos que tú eligieses. Amazon comparte un origen similar a los dos anteriores. Vender por Internet era realmente difícil, no sólo porque montar un ecommerce propio era todo un reto, sino porque la logística derivada de la venta era realmente cara. Por no hablar de que los clientes tenían que encontrarte cuando tenían una necesidad que pudieses resolver, algo casi imposible en un universo tan extenso como Internet. Amazon resolvió todos estos problemas: simplificó los pagos, facilitó la logística y centralizó la visibilidad.
Las tres plataformas nacieron neutrales pero, poco a poco, fueron evolucionando. Gracias a ser tan útiles y a su bajo coste (dos de ellas gratuitas), cautivaron al mundo y se convirtieron prácticamente en monopolios, eliminando a la competencia. Y entonces comenzaron a cambiar.
La transformación de Amazon es la más sencilla de explicar. Al quedarse con gran parte del comercio electrónico mundial, cada vez era más difícil para las empresas aparecer en las búsquedas de los usuarios debido a la enorme cantidad de vendedores. Para aprovecharse de ello, la compañía de Jeff Bezos estableció un sistema de anuncios que invitaba a los vendedores a pagarle dinero por aparecer en las primeras páginas. Este servicio ha acabado convirtiéndose prácticamente en un impuesto para las empresas, ya que es imposible vender si no apareces allí. Si no quieres cerrar, no hay más remedio que pagar. En 2025 el sistema de anuncios de Amazon le generó más de 68.000 millones de dólares en ingresos. Este dinero sale de las empresas que venden en Amazon, y obviamente éstas acaban repercutiendo gran parte de este coste en los usuarios. La FTC, el organismo de Estados Unidos que vela por los derechos de los consumidores, ha demandado este agosto a Amazon por explotar este sistema en perjuicio de vendedores y usuarios.
Éste es el primer paso de la evolución, de plataforma neutral a plataforma parasitaria. Pero hay un segundo y último paso: de parásito a parasitoide. Según documentos internos de la compañía filtrados a los medios, Amazon sistemáticamente analiza los datos de los vendedores de su plataforma para detectar los productos que tienen más éxito, los copia, los fabrica y los vende con su marca propia. Para que sus copias aparezcan antes que los productos originales, modifica su sistema de búsqueda y fuerza a que aparezcan primero. Un ejemplo de ello es este vídeo, en el que la compañía Peak Design explica con mucho sentido del humor cómo Amazon le copió su producto estrella.
Obviamente muchas empresas no se han tomado esta estrategia con tanta ligereza, y han demandado a Amazon por ello. En el Reino Unido, 35.000 pymes se agruparon para presentar una demanda colectiva contra la compañía de Bezos exigiendo una compensación de más de 1.000 millones de libras por los daños y perjuicios causados.
“Las consecuencias de la conducta abusiva de Amazon han sido inflar sus beneficios y perjudicar al sector minorista del Reino Unido, especialmente a los pequeños minoristas independientes que están pasando apuros en un momento de difíciles circunstancias económicas”.
Esta es la evolución definitiva de Amazon, un parasitoide que acaba devorando a sus propios vendedores, sustituyendo los productos estrella por los suyos propios y dándoles más visibilidad para que los usuarios los encuentren primero.
El caso de Facebook y su evolución ha sido un tema recurrente en Mind Tricks, y los lectores más fieles ya han leído mucho sobre ello. Puedes encontrar artículos aquí, aquí o aquí que cubren gran parte de su recorrido. En resumen, Meta (que agrupa Facebook, Instagram y WhatsApp) desarrolló un modelo de negocio fundamentalmente parasitario: las personas, los medios y las empresas aportan el contenido de manera gratuita, que es lo que consigue que los usuarios utilicen su producto. A partir de aquí, Meta extrae los datos de los usuarios (muchas veces, sin que ellos lo sepan) y los utiliza para colocar anuncios personalizados entre el contenido, cuyos ingresos van únicamente a su bolsillo.
En su ansia por aumentar sus beneficios, Meta no ha tenido reparos en promover el contenido más divisivo y peligroso para captar toda la atención de los usuarios posible, lo que ha terminado causando graves problemas en decenas de países y un impacto negativo en la sociedad cuyas consecuencias reales aún se están evaluando. Las sucesivas demandas que ha sufrido Meta en diferentes países durante esta última década por parte de gobiernos e instituciones, son testimonio de lo pernicioso de su modelo, y recientemente ha sufrido dos duras resoluciones en contra. La primera, un acuerdo antes de llegar a juicio, ha supuesto un pago de 18.000 millones de dólares por poner en riesgo la salud mental de niños y adolescentes. La segunda, una multa de 25.000 millones de dólares por extraer datos de los usuarios sin su consentimiento. Dos de las sanciones más grandes impuestas a una empresa en la historia.
Más allá de los numerosos perjuicios sociales de su modelo parasitario, la compañía de Zuckerberg ha tenido algún comportamiento parasitoide, sobre todo en lo relativo a los medios de comunicación, a los que durante un tiempo convenció de publicar contenido orgánico en sus productos para años después reducirles drásticamente el tráfico y quedarse con sus ingresos por publicidad. Muchos medios, sobre todo digitales, cayeron en la trampa y volcaron todos sus esfuerzos allí, lo que a medio plazo terminó con una caída enorme de sus ingresos, el cierre definitivo de varios medios y el despido de cientos de periodistas.
Y finalmente Google, otra compañía cuyo recorrido también he explorado en Mind Tricks (aquí y aquí). Una parte importante de su modelo de negocio consiste en colocar anuncios en las webs y en los vídeos de los usuarios (en el caso de Youtube). En este caso sí comparte una parte de los ingresos, así que no es estrictamente parasitario (aunque no podría ingresar nada sin ellos). Pero otra parte de su negocio sí lo es: similar al modelo de anuncios de Amazon, las empresas acaban teniendo que pagar una especie de impuesto por aparecer entre las primeras opciones en las búsquedas de los usuarios, lo que le genera al buscador una cantidad ingente de dinero. Google también probó el comportamiento parasitoide, pero no ha sido hasta la aparición de una tecnología revolucionaria que se ha lanzado de cabeza. Sí, obviamente estoy hablando de la Inteligencia Artificial.
Pero, para Hugo Sáez, no acaba ahí la cosa: es ahora con la inteligencia artificial, cuando se ha puesto en marcha la acción parasitaria a gran escala a la que se han apuntado rápidamente todas las corporaciones tecnológicas. «Es fácil argumentar que la Inteligencia Artificial es, por su diseño, el mayor parásito que se ha visto nunca. Su funcionamiento requiere de una alimentación constante de todo lo que existe, para poder generar lo que existirá. Las compañías de IA han recurrido a prácticas muy cuestionables para conseguir el conocimiento que necesitan para entrenar sus modelos, generando con ello una amplia animadversión y una respuesta legal de todos los perjudicados».
Magnífico. Leed a Hugo Sáez y suscribiros a su newsletter. Merece la pena
Muy interesante.
Referencias
La era de los parasitoides, Mind Tricks, Hugo Sáez
La era del capitalismo de la vigilancia de Shoshana Zuboff en nuestro blog
Shoshana Zuboff, La Era del Capitalismo de la Vigilancia,(I): concepto