Coincidiendo con la publicación de la encíclica del Papa en la que aborda el Medioambiente Simbólico Digital, ha llegado a mis manos el libro de Chul Han al que se refiere el título de este post y publicado en el año 21. Pura coincidencia, pero ambos textos son complementarios y extensiones el uno del otro: dignidad humana, nuevo régimen de poder digital, crisis de la verdad, crisis de la democracia, transhumanismos y posthumanismos…

Comienza Byung-Chul Han haciendo una descripción comparativa de tres regímenes de poder para diferenciar mejor y aislar, por contraste, las características del poder del medioambiente digital que él denomina régimen de la Información o Infocracia. Mientras que el poder en las grandes monarquías se caracteriza por exhibiciones ostentosas, violencia y tormentos físicos públicos… «un poder que se deja ver, se da a conocer, se vanagloria y brilla» y, en los regímenes  totalitarios posteriores, el poder se hace invisible mientras impone una vigilancia permanente a sus súbditos sometidos, confinados y aislados en modo , Big Brother, el régimen actual de la información, en cambio, -nos dice- no explota «cuerpos y energías, sino información y datos».

El poder hoy es el acceso a la información para la vigilancia, el control y el pronóstico del comportamiento. «Los cierres se sustituyen por aperturas y las celdas de aislamiento por redes de comunicación. La visibilidad se establece ahora […] no a través del aislamiento, sino de la creación de redes.  La tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia. Cuantos más datos generemos, cuanto más intensamente nos comuniquemos, más eficaz será la vigilancia. El teléfono móvil […] explota la libertad y la comunicación. […] Las personas no se siente vigiladas, sino libres. […] El sujeto del régimen de la información no es dócil ni obediente. Más bien se cree libre, auténtico y creativo. Se produce y se realiza a sí mismo. (pág.10) Es precisamente la sensación de libertad la que asegura la dominación» En este régimen, «la gente se expone sin ninguna coacción externa, por una necesidad interior. […] Las personas se esfuerzan por alcanzar la visibilidad por sí mismas. […] Se colocan de manera voluntaria ente el foco, incluso desean hacerlo».  El poder «Se esconde detrás de lo agradable de los medios sociales, la comodidad de los motores de búsqueda, las voces arrulladoras de los asistentes de voz o la solícita servicialidad de las smarter apps. […] El poder represivo deja paso a un poder inteligente que no da órdenes, sino que susurra, que no manda, sino que […] da un toque con medios sutiles. […] La dominación se presenta como libertad, comunicación y community». Así, «se crea la ilusión de la «libertad de la yema de los dedos». […] Ser libre no significa actuar, sino hacer clic, dar al like, postear». Y da mucho gusto.

Primero fue el libro

El nacimiento de la democracia se apoyó en el discurso racional instaurado por el libro y la hegemonía de la palabra como vehículo del pensamiento: debates sobre hechos e ideas, participación en el discurso público. Incluso la radio era una medio electrónico que no llegó a romper esa dinámica.

Luego llegó la televisión y la extensión y dominio de las pantallas.

La destrucción del discurso racional, la imposición de la hegemonía de la imagen, la mediocracia, en la que «los receptores están condenados a la pasividad. […Expuestos]  al peligro de recaída en la inmadurez. […] Los programas […] restringen las reacciones del receptor. […] Cautivan al público como oyente y espectador, pero al mismo tiempo le privan de la distancia de la “madurez”, de la posibilidad de hablar y contradecir.  […] Es una esfera pública solo en apariencia». […] La democracia se convierte en telecracia. […] «El esfuerzo del conocimiento […] se sustituye por el negocio de la distracción. […] Nos divertimos hasta morir» (Postman) […] La distinción entre ficción y realidad se torna difusa. […] La política se agota en las escenificaciones de los medios […] es una teatrocracia. Lo que cuenta ahora no son los argumentos, sino la perfomance. El tiempo [de los candidatos] se acorta de forma radical. […] Quien ofrezca un mejor espectáculo ganará las elecciones. El discurso degenera en espectáculo y publicidad [(Homo videns, de Sartori)]. La televisión fragmenta el discurso. Hasta los medios impresos se vuelven televisivos. […] Ni siquiera la radio […] se libra de ese proceso». Ante «la pantalla de televisión la gente no está vigilada, sino entretenida. […] Se vuelve adicta. […La dominación por el dolor da paso a la dominación por el placer de Un Mundo Feliz.  «Orwell temía que lo que aborrecemos nos destruyera. Huxley temía que nos destruyera lo que nos gusta».

Hoy la telescreen ha sido sustituida por la touchscreeen. «El nuevo medio de sometimiento es el smartphone.  […] Las personas ya no son espectadores pasivos [sino] emisores activos». Prosumidores produciendo y consumiendo información constantemente. «Nos comunicamos hasta morir».

Se multiplica la información hasta llegar a niveles tóxicos fragmentando la percepción. «La información tiene un intervalo de actualidad muy reducido. Carece de estabilidad temporal, […] fragmenta la percepción. Arrastra la realidad a un «permanente torbellino de actualidad». Es imposible detenerse en la información. Esto deja al sistema cognitivo en estado de inquietud. La necesidad de aceleración inherente a la información reprime las prácticas cognitivas que consumen tiempo, como el saber, la experiencia y el conocimiento. […] El discurso tiene una temporalidad intrínseca que no es compatible con una comunicación acelerada y fragmentada. Es una práctica que requiere mucho tiempo. La racionalidad también requiere tiempo

La racionalidad es también degradada por el emotivismo. «no son los mejores argumentos los que prevalecen, sino la información con mayor potencial de excitación. Así las fake news concitan más atención que los hechos»

Crisis de la democracia, crisis de la verdad 

El show mediático televisivo de las campañas políticas es sustituido por el reino de la desinformación. «En la infocracia […]las campañas degeneran en una guerra de información. […] Los votantes son llamados por robots e inundados con noticias falsas. […] Ejércitos de troles y teorías conspirativas. Los bots […] se hacen pasar por personas reales y publican, tuitean, «likean» y comparten.  Difunden fake news, difamaciones y comentarios cargados de odio. […] Infunden determinados sentimientos [con un coste marginal cero], inflan de manera artificial el número de seguidores, fingiendo de este modo un estado de opinión inexistente […] La información se utiliza como un arma. La verdad y la veracidad ya no importan. La democracia se hunde un una jungla impenetrable de información.»

«La democracia es lenta, larga y tediosa. […] La información corre más que la verdad, y no puede ser alcanzada por esta. […] Es resistente a la verdad». Aquel sueño inicial de la democracia traída por internet, se ha demostrado falso. Los enjambres digitales no forman un colectivo […] políticamente activo. […] Los followers [siguen a sus influencers como] ganado consumista. Han sido despolitizados. […] Son zombis del consumo y la comunicación, en lugar de ciudadanos. […] Las communities digitales […] en realidad son commodities. No son capaces de acción política alguna. […] Las fuerzas centrífugas que le son inherentes hacen que el público se desintegre en enjambres fugaces e interesados».

Eli Pariser, con su teoría del filtro burbuja y la personalización algorítmica, explica que cuanto más tiempo pasamos en la red se refuerzan nuestras creencias ya que no se nos ofrece sino la información que nos gusta. Sin embargo, ese efecto es amplificador de algo que tiene lugar ya offline: «Las tribus digitales se encierran en sí mismas seleccionando la información y utilizándola para su política de identidad. Las opiniones expresadas no son discursivas, sino sagradas, porque coinciden plenamente con su identidad. […] El discurso es así sustituido por la creencia y la adhesión. […] El tribalismo […] divide y polariza a la sociedad. […] En lugar de discurso, tenemos una guerra de identidades. […] Ya no nos escuchamos. Escuchar es un acto político en la medida que integra a las personas en una comunidad. […] La democracia es una comunidad de oyentes».

Conductismo, Transhumanismo, Posthumanismo.

Se recrudece el conductismo de Skinner, aparecen los transhumanismos, los posthumanismos … Todos ellos «ven en el big data y la inteligencia artificial un equivalente funcional [un sustituto] de la esfera pública discursiva hoy a punto de desmoronarse. […] Incluso afirmarían que la inteligencia artificial escucha mejor que los humanos. […] Desde su punto de vista, el discurso no es más que una forma lenta e ineficiente de procesar la información. Creen que el big data y la IA nos permiten tener una visión divina y global que capta con precisión todos los procesos […] y encuentran soluciones óptimas a los problemas y conflictos de una sociedad concebida como un sistema predecible. […] Toman decisiones más inteligentes, incluso más racionales, que los individuos humanos, cuya capacidad para procesar grandes cantidades de información es limitada. […] Prometen un mundo sin guerras, sin epidemias, con ciudades bien diseñadas, con el índice de criminalidad reducido, con más productividad y más creatividad… siempre que se superen «las dudas en torno a la privacidad y el hecho de que todavía no tengamos un consenso sobre el modo de equilibrar los valores personales y sociales» (Pentland).  Imaginan una sociedad que puede prescindir por completo de la política. […] La democracia de partidos dejará de existir en un futuro próximo. Dará paso a la infocracia como posdemocracia digital. Los políticos serán entonces sustituidos por expertos e informáticos que administrarán la sociedad. Una gestión de sistemas basada en datos. […] Creen que el comportamiento de un individuo puede predecirse y controlarse con precisión […haciendo] obsoleta la libertad del individuo: «su abolición ha sido diferida demasiado tiempo—dice el conductista Skinner— El hombre autónomo es un truco utilizado para explicar lo que no podíamos explicarnos de otra forma. Lo ha construido nuestra ignorancia y conforme va aumentando nuestro conocimiento, va diluyéndose progresivamente la materia misma de la que está hecho. […] Al hombre en cuanto hombre, gustosamente lo abandonamos. Solo desposeyéndolo podemos concentrar nuestra atención en las causas verdaderas de la conducta humana. Solo entonces descartaremos las creencias, para fijarnos en los datos observados. […] podemos observar a los humanos igual que observamos a los monos o a las abejas y podemos derivar reglas referidas al comportamiento, las respuestas y el aprendizaje». La política y la gobernanza son sustituidos por la planificación, el control y el condicionamiento».

La crisis de la verdad

«Un nuevo nihilismo se extiende en nuestros días […] fruto de las distorsiones patológicas de la sociedad de la información.  […] Las verdades fáticas se han esfumado. […] desaparece también el mundo común.» Y el sentido común que lleva aparejado.

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«La verdad […] mantiene unida a la sociedad. […] La crisis de la verdad se extiende cuando la sociedad se desintegra en agrupaciones o tribus entre las cuales ya no es posible ningún entendimiento, ninguna designación vinculante de las cosas. […] La verdad ejerce una fuerza centrípeta que mantiene unida a una sociedad. […] La crisis de la verdad hace que la fe en los propios hechos se tambalee. Las opiniones pueden ser muy dispares, pero son legítimas siempre que respete «la verdad factual». La libertad de expresión […] degenera en farsa cuando pierde toda referencia a los hechos y a las verdades fácticas.»

«El mundo digitalizado […] debilita la conciencia de los hechos […e] incluso la conciencia de la propia realidad. La información por sí sola no explica el mundo. A partir de un punto crítico incluso oscurece el mundo. Recibimos la información con la sospecha de que su contenido podría ser diferente. […] Se acompaña de una desconfianza básica. […] La sociedad de la información […] es una sociedad de la desconfianza. [La verdad] proporciona sentido y orientación. La sociedad de la información, en cambio, está vacía de sentido. […]. Hoy estamos bien informados, pero desorientados. […] Sin la verdad, la sociedad se desintegra internamente. […] Un fuerte ruido de la información difumina los contornos del ser. La verdad no hace ruido.

Referencias
 Infocracia, la digitalización y la crisis de la democracia, síntesis completa en Pensar los Medios