El blog Familia Actual que acabamos de indexar en Otros Medioambientes es magnífico. Pilar Guembe y Carlos Goñi  forman un equipo extraordinario que va desgranando en cada post reflexiones cuya profundidad es directamente proporcional a su sencillez, destilando siempre un optimismo contagioso que nace del conocimiento de la naturaleza humana y de la fe – y la esperanza- en la educación familiar.

De vez en cuando, como no podía ser menos en un blog educativo dirigido a los padres con el apellido de “actual”, tratan el tema de las tecnologías. He seleccionado algunas perlas verdaderamente valiosas:

1.Huérfanos digitales.

Nos habla el post de ese complejo de inferioridad provocado por dualismo Prenskynativos vs emigrantes digitales- que hemos criticado aquí tantas veces y por el que los padres a menudo renunciamos a educar en el uso de las nuevas tecnologías . «Algunos padres se sienten niños al lado de sus hijos, porque no son capaces de manejar como lo hacen ellos un iPad, una tablet o un iPhone de última generación. Los hijos nadan como pez en el agua en ese líquido amniótico en el que han nacido,» y en el que, sin embargo, a menudo naufragan. Como se supone que no sabemos, ni ellos nos piden ayuda ni nosotros se la prestamos. «De esta forma, hemos creado una generación de “huérfanos digitales”, hijos sin padres que los orienten en ese mundo al que los hemos traído y del que nos inhibimos por miedo o comodidad.  […] Puede que nuestros hijos dominen mejor que nosotros todo ese universo digital en el que moran; sin embargo, no saben más que nosotros. Muchas veces se hallan perdidos, abandonados en su propio hábitat, que les resulta inhabitable, porque nosotros no hemos sido capaces de convertirlo en un verdadero hogar. Nos da apuro entrar en su habitación llena de tecnología, como nos lo daría ocupar el asiento de un piloto en pleno vuelo, pero lo tenemos que hacer, tenemos que atrevernos a entrar en su mundo, a tomar el timón. Quizá no sepamos pilotar la nave en la que hemos embarcado a nuestros hijos; sin embargo, podemos (y debemos) situarnos en la torre de control desde donde vemos lo que ellos no ven y desde donde podemos (y debemos) facilitarles las coordenadas de vuelo, el parte meteorológico y el permiso para despegar y aterrizar.»

Está es la perla educativa: Para educar en las tecnologías no necesitamos tanto habilidades –las mínimas-, sino, sobre todo, criterios.

2. Adultescentes

La niñez es necesaria. Y es necesario que transcurra según su propio ritmo lento para pasar poco a poco al mundo adulto. Sin embargo, «consciente o inconscientemente (ambas formas son igualmente culpables), por razones ideológicas o comerciales (ambas razones son igualmente detestables), por ignorancia o negligencia (ambas excusas resultan inexcusables), estamos robando a nuestros niños la niñez que se merecen. […]Aceleramos su entrada en la adolescencia para después, consecuencia paradójica, o no tanto, retrasar su salida. Recogemos, al fin, adultos con poca niñez y mucha adolescencia, personas más desprotegidas, vulnerables e inseguras. Por ejemplo: «La sexualización prematura de la infancia es un robo con violencia, una violencia tan sutil como real, de la niñez»

Y en otro post insisten con hondura y sentido común en este problema a propósito del acceso de los chavales  a una pornografía a la carta como una «irrupción brutal (y, por qué no decirlo, traumática) del sexo en sus vidas. El acceso que tienen los niños a la pornografía (los que tienen un teléfono móvil la pueden llevar en el bolsillo) provoca que el paso de la niñez a la adultez lo den como un salto desde un acantilado. ¡Qué distinto es entrar en el mar desde la playa! Ahora hacemos que se lancen solos al vacío y que se sumerjan de golpe en aguas profundas donde no pueden hacer pie. Saldrán a flote, es cierto, pero se habrán zambullido en una experiencia para la que no están preparados. [,,,] Las altas dosis de sexo duro a las que están expuestos los niños que comienzan a dejar de serlo no funcionan como una vacuna, sino como un hechizo imposible de controlar. Les estamos obligando a pasar de La Sirenita a Desmadre a la americana sin solución de continuidad como si esa fuera la única alternativa, como si la edad de la inocencia no fuera más que un engaño que no se puede mantener durante demasiado tiempo.»

Y aquí la perla final: «Vigilemos las “aventuras digitales” de nuestros hijos, pues los estamos abandonando en una realidad muy poco real. Todo el mundo enseña a los jóvenes a usar la tecnología, pero ¿quién les enseña a no usarla? »

  3. Sobreabundancia de imágenes

En este post nos comentan el paso del “Albúm familiar” -en el que las fotografías eran un puente a la memoria- a la sobreabundancia actual de imágenes almacenadas en el disco duro del ordenador o del móvil. No sólo se ha producido un cambio cuantitativo que constituye finalmente un obstáculo  para poder verlas, sino que también se da un cambio cualitativo al realizarlas: «Ahora lo fotografiamos todo, de modo que dedicamos más tiempo a registrar lo que nos está pasando que a vivirlo, […] En vez de vivir el momento, preferimos “inmortalizarlo” con nuestra cámara, nuestra tablet o nuestro móvil; en vez de vivir los primeros pasos de nuestro bebé, preferimos grabarlos; en vez de vivir el cumpleaños de nuestro hijo, preferimos hacer docenas de instantáneas y ver cómo han quedado.»

De este modo en vez de reforzar nuestra memoria la debilitamos, pues «De la misma manera que recordamos pocos números de teléfono porque los hemos confiado a la memoria de nuestro móvil, del mismo modo el recuerdo de nuestras vivencias no es tan nítido porque no las hemos vivido con tanta intensidad y las hemos encomendado a los megapíxeles de una cámara digital»

Perla final: «Es importante tener imágenes de lo vivido, pero lo es más vivirlo con intensidad. Está bien eso de poder ver la vida en diferido, pero es mejor vivirla en directo. Está bien guardar los recuerdos, pero vale más poder recordar. Hay muchas ocasiones en nuestra vida familiar que bien merecen que las fotografiemos, siempre y cuando no dejemos que las fotografías las sustituyan»

  4. Botellón electrónico

«El riesgo de “subir” es que te puedes quedar “colgado”», nos dicen en este post. A la red se sube de todo, pero  «El problema es cuando nuestros hijos “se suben” a sí mismos: sus perfiles, sus fotos, sus vídeos, sus datos personales, porque, entonces, pueden quedar irremisiblemente “colgados” en la red.»

Y eso es peligroso: «El resultado es que cuatro de cada diez menores sufren ciberacoso porque tienen su vida entera y su intimidad colgadas en las redes sociales. Muchos de ellos se convertirán a su vez en acosadores y algunos acabarán suicidándose.»

Y la perla:  «dormimos tranquilos porque nuestro hijo o hija no hace botellón junto a cientos de chicos y chicas de su edad, sino que se queda en casa, encerrado en su habitación; sin embargo, no nos preocupamos por el “botellón electrónico” que puede tener montado en su dormitorio, desde donde está en contacto con millones de personas de todo el mundo»

Bueno. Como veis, no estamos solos. Desde hoy nos acompaña también Familia Actual. A vuestra disposición, padres. Merece la pena.

Referencias:

Blog Familia Actual