La publicidad conforma el mundo simbólico en el que vivimos, sin duda. Pero también lo refleja tomando de él las ideas fuerza que lo constituyen. La publicidad nos estudia, nos conoce bien, sabe de nuestras debilidades, de nuestros sueños, de nuestros anhelos y casi siempre nos susurra al oído, nos habla de nosotros mismos.

Oigo en Onda Cero Radio dos cuñas sucesivas y tan contradictorias como la paradoja medioambiental en la que vivimos con toda naturalidad. Como no encuentro la cuña radiofónica, os pongo el spot televisivo casi idéntico:

Casi idénticos, decía, porque -y es muy significativo- en la cuña de radio, curiosamente, una de las preguntas que la voz en off nos hace no se refiere a viajar, a vivir cerca del mar, ni siquiera a pasar más tiempo con los niños o leer montañas de libros,… se refiere a la televisión con el siguiente texto:

 ¿Cuántas veces has dicho algún día dejaré de ver el mundo por televisión?”

El fin es espúreo, como siempre en publicidad: compra el cupón y el dinero te hará libre. Pero el valor -la libertad- es hermoso:  deja de soñar en ser libre, deja de hacer propósitos vanos que nunca cumples, ahora puedes tomar el control de tu vida: lee más, dedica más tiempo a tus hijos, conoce nuevos mundos, deja de ver el mundo por televisión…

Es interesante que el creativo publicitario, cuando ha tenido que relacionar los propósitos de futuro que liberan al hombre contemporáneo de sus rutinas, incluya entre vivir cerca del mar, pasar más tiempo con mis hijos, leer más, conocer nuevos mundos,… el hecho rutinario de ver televisión, esa esclavitud que nos une al prime time televisivo desde su invención hace 60 años. Es muy interesante también que este deseo liberador no aparezca en la cuña televisiva sino sólo en la radiofónica a pesar de que el radioyente y el telespectador son un único destinatario. ¿Sería demasiado paradójico que la televisión te recuerde que sueñas con liberarte de ella?

Pero la vida sigue e, inmediatamente después, como si lo anterior hubiera sido un espejismo, un descuido, la cadena radiofónica emite otra cuña de su propio emporio empresarial anunciando el estreno en Antena3 de “Los  Viernes al Show”:

De este modo, el flujo mediático continúa imperturbable mandando dos mensajes contradictorios: «¿sueñas con liberarte de la televisión? Pues deja de soñar, vuelve a la realidad y no te pierdas el programa del viernes». Así son las cosas, así es nuestro mundo, así es nuestro Medioambiente Simbólico. Soñando que soñábamos dejar de ver televisión mientras la estamos viendo. Continuamos.

No aparte los ojos de la pantalla, por favor, que lo que vamos a ver es absolutamente repugnante. Es el magnífico comienzo de la película Tesis de Amenábar:

O más directamente expresado, desde la televisión, en el también magnífico final de la misma película:

Es la seducción de la curiosidad morbosa que está en nuestros corazones.

«Lo que vamos a ver es de una dureza extrema», dice el vídeo que os pongo más abajo en una pirueta irónica de lo que realmente hace la televisión. «Sin embargo, sólo se trata de televisión, de entretenimiento…» Algunos ejemplos: sangre,  dolor, accidentes de verdad con lesiones de verdad para adolescentes; la tortura como ingrediente habitual de los concursos en la televisión japonesa; el sexo explícito y la degradación de las relaciones humanas convertidas en juego en los reallities de cualquier país; el juego con la vida humana convertida en espectáculo; la disección de cadáveres humanos en directo;… la humillación, la violencia y la crueldad bajo la atenta mirada de un público insensibilizado que necesita dosis cada vez más extremas para seguir mirando la pantalla. Televisión en suma buscando batir records de audiencia para ganar dinero a costa de lo que sea y siempre bajo el paraguas de la libertad de expresión. Pero hasta donde puede llegar la televisión, se pregunta el documental: ¿llegará pronto la exhibición pública de la muerte real en prime time?

Lo mejor del vídeo son estas primeras consideraciones y esas últimas reflexiones y preguntas con las imágenes tan expresivas del satélite, la antena, las antenas en los tejados de todos los hogares…

«Es fácil constatar – dice la voz en off– que la televisión es hoy un sistema tan poderoso que su influjo sobre los individuos sobrepasa la de otros sistemas de influjo como el que pueda tener la religión, por ejemplo, en una sociedad mediatizada. El influjo del impacto de la televisión se ha forjado sobre cincuenta años de propagación de unos modelos de comportamiento que llegan cada día a todos los hogares.» Estamos más tiempo viendo la televisión que trabajando; es la segunda actividad después del sueño… Y el sociólogo de turno: «La tv impone sus valores, difunde sus modelos hasta convertirse en una autoridad completamente legítima para obligarnos a hacer lo que quiera. […] Ahora hay una masa de individuos televisualizados que han sido fabricados con el mismo molde, con la misma publicidad, con las mismas series, con los mismos concursos y los mismos programas y esa masa está controlada en su forma de pensar, en sus actitudes, en su comportamiento.» Un totalitarismo que aceptamos -aunque tengamos esa lejana inquietud del algún día… poder liberarnos- porque no nos pegan, ni nos meten en la cárcel, sino que nos entretetienen y nos divierten. (Podéis ver el resto del vídeo en la referencia de más abajo)

Cincuenta años de TV con unos índices de audiencia que no han dejado de aumentar. Millones de imágenes y sonidos repetidos sobre millones de familias e individuos con el lenguaje emocional del entretenimiento durante millones de horas. Millones de impactos:

Así se ha ido configurando  nuestro Medioambiente Simbólico: ese aire que respiramos y que «nos domina con tal sutileza que no nos damos cuenta de su dominación». Así tenemos todos la pinta que tenemos: ahogados en pinturas que no son nuestras y felices y satisfechos de que nos destrocen el salón cada jornada.

El vídeo sólo se refiere a impactos verbales, Imaginemos lo que suponen otro tipo de impactos: ayer, mismamente, estrenaron en Cuatro Adán y Eva, unos cuantos cabezas de chorlito persiguiéndose en bolas en un ambiente de isla tropical: «Chonismo, incultura, humillación, músculos, silicona, pelea de gatas y humor, mucho humor....» lo define un cronista al que, por cierto, le gusta y mucho. Igual que a los 2.816.000 espectadores (un 14% del sahre) que lo vieron encantados. Una nueva vuelta de tuerca. Una más. ¿Cómo se les quedó el salón de su casa de este impacto? ¿Qué destrozo de vulgaridad e insensibilidad humana se produjo en el amueblamiento de sus cabezas y en los salones de sus almas?

Referencias

Vídeo completo