Resultado de imagen de marc augé
Marc Augé

Marc Augé nos describió en 1992 los No lugares: aeropuertos, hipermercados en extrarradios, outlets gigantescos… lugares artificiales, desarraigados, universalmente homogéneos, idénticos a sí mismos en Reus, París o Londres, que propician un ocio escapista  y de consumo y donde las relaciones interpersonales, cruciales para nuestra identidad individual y colectiva, son nulas. Unos no lugares que en vez de reducir su superficie, han ido extendiendo su no espacio, cada vez más extenso: « No sé si la Tierra ya es toda ella un ‘no lugar’», dice.

Acaba de publicar Pequeñas Alegrías (Ático de los Libros), en donde reivindica los pequeños gestos cotidianos pero profundamente humanos, (tararear o silbar una canción, tomar un café o un plato de pasta con los amigos, el retorno a una novela o a una película para recuperar el impacto que nos provocó, pasear, conocerse, estar atento al presente, ser útil a los demás…estar con los otros y con nosotros mismos…, en definitiva: cultivar nuestra humanidad)  como los gestos fundamentales que nos salvan, que nos reubican, que nos reorientan, que pueblan de nuevo ese vacío de los no lugares inhumanos e inhóspitos.

«Mi propuesta es modesta; ir aunque solo sea al bar de debajo de casa es una oportunidad de estar con los otros; puede parecer superficial, pero en cualquier caso es real. Todas las propuestas de mi libro están vinculadas al movimiento, al ir hacia otras personas; en esos pequeños momentos nos sentimos existir, con los cinco sentidos; […] Hablo de “pequeñas felicidades a pesar de todo; el más alienado puede experimentar esos momentos de existir intensamente que propongo; pero sobre todo debe ser consciente de estarlos viviendo: no son momentos que nos vendrán por azar, sino que hemos de saber que se están dando en ese momento, reconocerlos para que puedan permanecer con nosotros; si uno es consciente de ellos también son una promesa de futuro», nos dice. Y añade: «Hoy ya no se silba ni se canta; cuando era pequeño, lo oía constantemente en las calles, en las casas; era memoria histórica y nexo generacional, vinculabas el estribillo a algo de tu pasado…En cambio, en cafeterías, centros o instalaciones hoy no paran de sonar radios o hilos musicales; hoy no soportamos el silencio. ¿Miedo de estar con nosotros mismos? No, más bien es el sistema que quiere que estemos inmersos en el ruido, quizá para tenernos más en tensión… no sé. En cambio, el ruido, el volumen hacen más difícil la creación. Al cantar, tenemos la sensación de crear y de recrear

Pero lo que le ha traído aquí son, sobre todo, estas palabras clave sobre la tecnología y su influencia tóxica para nuestras relaciones:

«El miedo a tratarnos cara a cara es el gran mal de las redes, que están trastocando la naturaleza misma de la relación humana alterando el espacio y el tiempo: puedes contactar con alguien en cualquier lugar y circunstancia, cuando relacionarse con el otro necesita dedicar un tiempo y un espacio concretos. Es paradójico: las redes sociales están destruyendo las relaciones sociales. La gente debería detectar que no es suficiente lo que nos dan las redes. Y pasa también que provocan que los efectos de conocimiento sean sustituidos por los efectos de reconocimiento: vemos a un presentador de televisión como si lo conociéramos, pero solo lo reconocemos; y eso pasa con todo y con todos. […] Hoy se puede decir que el no lugar es el contexto de todo lugar posible. Estamos en el mundo con referencias que son totalmente artificiales, incluso en nuestra casa, el espacio más personal posible: sentados ante la tele, mirando a la vez el móvil, la tableta, con los auriculares… Estamos en un no lugar permanente; esos aparatos nos están colocando permanentemente en un no lugar. Llevamos el no lugar encima, con nosotros…» En el móvil que hemos introducido en nuestros bolsillos. Estamos sin estar porque, al estar conectados con lo lejano, nos alejamos de lo próximo: no estamos del todo aquí y ahora porque estamos, a la vez en otro sitio. Nuestros cinco sentidos quedan reducidos a dos -vista y oído- abducidos por la pantalla y/o los auriculares.

Tampoco tienen desperdicio estas otras palabras referidas a la introducción ciberoptimista de la tecnología en la escuela:

«Cierta pedagogía es hoy demasiado blanda porque estos instrumentos [tecnológicos], en sí mismos, no transmiten nada. Nada puede sustituir el aprendizaje de la palabra ni la relación física, profesor-alumno y esto es urgente entenderlo ya. Cuanto más se uniformiza la sociedad más se ahonda en las desigualdades; una paradoja, ¿verdad? Pero es así: cada vez hay un número más reducido de personas que están en la vanguardia del saber real y demasiada gente que no sabe…, pero que cree saber».

Un pequeño tesoro. Paradójicamente, solo nos pueden salvar de la gigantesca avalancha, los pequeños gestos.

Usa la tecnología; no la consumas o serás consumido por ella

Referencias

Marc Augé: “Con la tecnología llevamos ya el no lugar encima de nosotros”, en El País