No, no es que con este título «demonicemos» a esa maravilla tecnológica que desde hace diez años se ha convertido en nuestro compañero inseparable. No. Hablamos literalmente de qué hacer cuando el móvil se nos rompe, envejece, nos cansa, nos aburre y lo cambiamos por otro: de repente, nuestro amigo, se nos ha convertido en basura. Yo había acumulado trece terminales en situación terminal procedentes fundamentalmente del machaque al que les someten los pulgares de mis tres hijos. Yo puedo presumir aún de tener un Nokia cercano a cumplir diez años que todavía me sirve fielmente. Trece móviles muertos, pues, con sus correspondientes baterías y cargadores que no me cabían en la caja de zapatos que había elegido como ataúd. ¿Qué hacer? Uno no es ecologista, pero tiene cierta conciencia de que los materiales que los componen no son precisamente agua de manantial. Pensé en un punto limpio…; creí recordar vagamente que hay gente que los compra… El caso es que eché un vistazo por la WWW para ver cómo estaba el patio.
Y así descubrí que el tema es de envergadura. Hay en España 53 millones móviles, en un país de 46,6 millones de habitantes. La obsolescencia media de cada aparato a principios de 2008 era de nueve meses, como un embarazo. Ahora, gracias a la crisis, les cogemos algo más de cariño y nos duran 14   —algo es algo—. Cada año se convierten en basura en España 20 millones de terminales. 18 millones van  a la basura literaldirectamente. Si a mí no me caben los trece que tengo que tirar, qué montaña no harán los 18 millones todos juntos… «Las asociaciones ecologistas del Reino Unido calculan que los terminales inutilizados en ese país rondan ahora mismo los 25 millones de unidades. Este volumen representa 2.500 toneladas de desperdicios, «lo que equivaldría a enterrar 14 Boeing 747 en los vertederos británicos cada año», según denuncianY si pensamos que en el mundo hay unos 3.000 millones de usuarios de móviles…
Y, sin embargo, los móviles, son reutilizables en más de un 90%: plástico, vidrio, hierro, cobre, plata, unos miligramos de oro…(«Con 50 móviles viejos podríamos reunir oro suficiente como para encargarle a nuestro joyero un buen anillo de boda»). El famoso coltán de las baterías, que es recogido por una miseria en las minas africanas….Y precisamente en las baterías, metales pesados como cadmio, litio o metal hidruro. «Una batería que acabe en un río puede contaminar hasta 600.000 litros de agua». Pero hay más: aunque en cantidades pequeñas hay también algunos metales tóxicos como arsénico, berilio, cadmio, plomo, níquel y zinc: una porquería, vamos. Como para tirarlos.
Así que al punto limpio.
¡Ah! y antes de tirarlos,  acordarnos de darles un buen martillazo para inutilizar los datos personales que quedan en la memoria del aparato, que no se sabe nunca donde pueden acabar.
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Fuente: El País