Cristina me sugiere la lectura de este artículo de El País que nos ilustra sobre algunas prácticas publicitarias disfrazadas de buenismo internáutico. Hecha la ley, hecha la trampa. La capacidad de Internet para influir en la opinión pública atrae a aquellos que buscan notoriedad para ideas, personas o marcas y no tienen escrúpulos para utilizar el dinero manipulando así las corrientes innovadoras de la Red.

 “Un intermediario contactó conmigo en nombre de una gran marca. La oferta era vincular a un tuit un vídeo de YouTube en el que había un anuncio. La condición por cobrar era que no dijera que me pagaban”, dice un periodista con casi 20.000 seguidores en Twitter.

 “Sí, está pasando. A mí personalmente me han ofrecido, de una marca de bebidas, 300 euros por colgar un link, cuenta Mikel López Iturriaga, autor de El comidista, uno de los más populares blogs gastronómicos de España.

«Ellos te hacen seguimiento y, dependiendo de lo famoso que puedas ser, te pagan más o menos. A mí me han propuesto durante un mes postear ciertas cosas en Twitter o en Facebook y después me han pagado”, dice una internauta barcelonesa que no quiere desvelar su identidad.

Un reputado tuitero confirma esta práctica. “A mí me han invitado grandes marcas a eventos que están guay, con su catering y su barra libre y su excusa (“celebramos el lanzamiento de…”). Pero luego todo está diseñado para que tuiteara desde la fiesta con su hashtag y tal.»

El tema alcanza no sólo a las cabeceras de los blogs, sino también a los que comentan en ellos. En determinadas webs (turismo, hostelería, gastronomía…) los comentarios negativos pueden hundir una reputación, incluso aunque sean anónimos y nadie pueda verificar que han probado el producto que critican. «Pero se entra en terreno pantanoso si esas opiniones no solo no están fundamentadas, sino que además han sido compradas. “Los comentarios en este tipo de páginas se han convertido en una moneda de intercambio; pueden hundirte si son falsos y malévolos. Serán buenos si, a cambio, concedes algún favor”, explicaba a este periódico Aldo Cursano, vicepresidente de la federación de restauración» que  este verano se quejaba de este tipo de prácticas en nombre de un grupo de restauradores.

«Un estudio de 2011 aseguraba que el 80% de los comentarios “espontáneos” que aparecían en Amazon habían recibido algún tipo de regalo».

Según asegura  Ricardo Llavador, creativo especialista en publicidad digital, «Hay empresas que son muy guarras y tienen prácticas poco éticas. Por ejemplo comprar seguidores en Facebook o en Twitter, para aumentar la importancia de las cuentas”.

La influencia es dinero y hay empresas especializadas en localizar gente con influencia en la red. Pueden ser celebrities con perfiles en redes sociales o gente desconocida pero con muchos seguidores en la Red

«El rapero Snoop Dog –por ejemplo– ingresa 5.700 euros cuando cita una marca […] Kim Kardashian cobra 10.000 dólares (unos 7.700 euros) por […] cada mensaje en el que cuela una marca sin decir que es publicidad».

Como plantea el artículo, si antes desconfiábamos de los medios tradicionales porque estaban vinculados a intereses comerciales que podían interferir en la información,  ahora los blogueros y tuiteros no parece que se libren del mismo pecado. La manzana del dinero es poderosa. Y el paraíso de la información libre y democrática, según parece, está lleno de frutas mordidas y algunas… podridas.