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El 10 de diciembre de 2013 coincidiendo con el Día Internacional de los derechos Humanos, 562 escritores e intelectuales de 82 países redactaron e hicieron público un manifiesto, de nombre Escritores contra la vigilancia masiva, para protestar contra el espionaje por parte de empresas y Estados a los ciudadanos en la Red.

Entre los firmantes se encontraban cinco premios Nobel de literatura y novelistas de renombre como  Martin Amis, Kazuo Ishiguro, Ian McEwan (Inglaterra), John Berger Richard Ford, Dave Eggers o los españoles Juan Goytisolo, Ricardo Bada, Javier Cercas, Rafael Chirbes, Rosa Montero, Julio Llamazares, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Javier Salinas.

Vale la pena recordar su texto que no tenía desperdicio. (Las negritas son nuestras y no necesitan comentario. Hablan por sí solas)

«A lo largo de los últimos meses, hemos descubierto el verdadero alcance del la vigilancia masiva a la cual todos los ciudadanos estamos expuestos. Con tan solo unos clics en un ordenador, los Estados pueden espiar nuestros móviles y correos electrónicos, acceder a nuestras redes sociales y revisar las búsquedas que realizamos en Internet. Tienen acceso a nuestras convicciones y actividades políticas y pueden, en colaboración con las grandes empresas de Internet, recoger y almacenar nuestros datos y predecir nuestro consumo y nuestro comportamiento.

El pilar de la democracia es el respeto a la integridad del individuo. Pero la integridad humana va más allá del cuerpo físico. En sus pensamientos y en sus entornos personales y de comunicación, todos los seres humanos tenemos el derecho a una intimidad libre y sin molestias.

Este derecho esencial ha quedado reducido a la nada por el abuso del desarrollo tecnológico por parte de Estados y de empresas para la vigilancia masiva a los ciudadanos.

Una persona bajo vigilancia no goza de libertad; una sociedad bajo vigilancia permanente no es una democracia. Nuestros derechos democráticos deben seguir vigentes tanto en el espacio virtual como en el real:

  • La vigilancia viola la esfera privada de los ciudadanos y compromete su libertad de pensar y de opinar.
  • La vigilancia masiva trata a cada ciudadano como sospechoso, comprometiendo un logro histórico: la presunción de inocencia.
  • La vigilancia hace transparente al individuo, mientras que el Estado y las corporaciones operan en secreto. Como estamos viendo, el poder excede sistemáticamente sus límites.
  • La vigilancia es robo. Los datos conseguidos no son propiedad pública: nos pertenecen a nosotros. Si son utilizados para predecir nuestro comportamiento, entonces nos roban otra cosa: el libre albedrío, indispensable para la libertad en democracia.

EXIGIMOS tener el derecho de co-decidir cuáles serán los datos personales que pueden ser recolectados, almacenados y compilados, y por quién. Exigimos estar informados acerca de dónde permanecerán almacenados nuestros datos y de qué manera serán utilizados. Y exigimos que esos datos sean borrados cuando sean recogidos y almacenados de forma ilegal.

HACEMOS UN LLAMAMIENTO A TODOS LOS ESTADOS Y EMPRESAS a respetar y reconocer estos derechos.

HACEMOS UN LLAMAMIENTO A TODOS LOS CIUDADANOS a defender estos derechos.

PEDIMOS A LA ONU que reconozca la importancia central de la protección de los derechos civiles en la era digital y que cree una Convención internacional de los Derechos Digitales.

PEDIMOS A LOS GOBIERNOS que acepten y respeten tal Convención.»

La petición se incluyó en Change.org donde consiguió doscientas y pico mil firmas y quedó cerrada. Han pasado tres años y he buscado en la red qué consecuencias prácticas ha tenido. No he encontrado nada. No parece que ni los Estados, ni las empresas, ni la ONU, ni los gobiernos, ni los ciudadanos -salvo los doscientos mil que firmaron- hayan respondido de algún modo. Y esta última falta de respuesta ciudadana es lo más preocupante: pocos textos explican mejor y en tan poco espacio, qué está pasando con la violación de nuestra intimidad y la manipulación de nuestros datos personales. Sin embargo, el impacto del espejismo del gratis total y el deslumbramiento de la eficacia tecnológica son más fuertes que cualquier grado de concienciación pública. Tremendo.

 ¿Nos tiene que llenar eso de melancolía? No. Simplemente así son las cosas. El texto es bueno y pone de manifiesto –nunca mejor dicho– verdades como puños suscritas no por indocumentados ni por recalcitrantes ciberpesimistas, sino por esa especie a extinguir que en el siglo pasado llamábamos “intelectuales”. Lo dicho dicho queda y siempre puede ser citado.

Soy optimista: creo que finalmente –no sé si tarde, tardísimo, espero que no demasiado tarde– acabará legislándose para proteger la libertad individual de cada persona.

Coda:

Javier Marías incluye en su blog un texto justificando su firma en un pdf escrito en inglés y, sobre todo y curiosamente, a máquina por razones anticibernéticas. Es muy interesante:

«No uso ordenador, escribo a máquina. Una de las razones para ello es que no quiero que nadie sepa lo que “googleo”, lo que busco, lo que consulto. Por eso continúo usando libros para todo  eso. No tengo correo electrónico porque no me gustaría que nadie se inmiscuyera en mi correspondencia, ni la policía ni el Estado. No es que yo tenga (generalmente) nada que esconder. Es solo una cuestión de principios. No puede haber libertad individual si puede suceder que seas espiado y puedan rastrear lo que dices y escribes en el momento que las autoridades decidan que deberías serlo.

No uso teléfono móvil excepto cuando viajo. Una vez estaba viajando en coche de Amsterdam a Bruselas. Incluso antes de que yo supiera que había entrado en Bélgica (sin aduanas, sin señal alguna de tráfico), mi teléfono móvil me envió un mensaje que decía: “Bienvenido a Bélgica” y demás. Nadie debería saber dónde estoy incluso antes de que  yo mismo lo sepa. Esa es la razón de que firmara, y por eso es por lo que no utilizo nada que pueda ser vuelto en contra mía. Creo que mis idas y venidas no le interesan a nadie. No soy un paranoico. Como he dicho, es una cuestión de principios. Reivindicamos el derecho a mentir, porque la mentira es uno de los escasos refugios para la libertad individual».

                                                                                  Javier Marías

Referencias

Blog de Javier Marías

Noticia de El País, 2013

Referencia en Change. org