Tras veinticinco años de mensaje masaje homosexual desde Hollywood, sobre todo a través de amables y divertidos personajes secundarios en el cine llamado familiar mucho más eficaces en su influencia sociológica que las películas específicamente homosexuales como Philadelphia o Brokeback Muntain, las teleseries españolas se han subido a ese carro y han abierto el armario de la televisión ― dentro del cual parecía que estaban únicamente obsesivo militante gay Jesús Vázquez y el histriónico Boris― para que salgan y entren en las casas de millones de usuarios un abanico de personajes Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales..

Abrió el muestrario el Tio Willy, con el que la rareza sociológica del estereotipo amanerado aunque humanizaba la diferencia terminaba, sin embargo, remarcándola. Un año más tarde un joven adolescente, admitía su condición de gay en Al salir de Clase. Luego vino la encantadora, entrañable, atractiva y coqueta lesbiana Diana en Siete Vidas. En Aquí no hay quien Viva se dio el salto a la cotidianeidad de la casa y la cama con Mauri que vivía con su novio Fernando en uno de los pisos de la sencilla, normal y corriente comunidad de la calle Desengaño 21. «Era el colofón ―dice Jesús Generelo, coordinador de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales―. Bromeaba de la homosexualidad y, aunque tenía mucha pluma, a nadie le importaba. A los niños les encantaba». Y continúa el más encantado todavía coordinador: «viendo que funcionaba, los guionistas decidieron incorporar a una lesbiana que, en su afán por ser madre, tiene un hijo con Mauri». Eso sí que era el colofón. Pero quizá tanto alocamiento pudiera despertar cierto rechazo en el sufrido espectador dispuesto a tragar con todo. Así que se volvió a la normalidad de Hospital Central donde la doctora Maca tiene una intensa historia de amor con la enfermera Esther que acaba en la apoteosis de la boda, ahora ya socialmente legal, en la octava temporada de la serie. «Queríamos hacer una labor de integración, que fueran personajes llenos de matices y que la homosexualidad fuera sólo uno de ellos», explica Jorge Díaz, coordinador de guionistas de la serie de Videomedia. Hubo homosexual en Los Serrano, lo hubo en Yo soy Bea, y por supuesto también en Aída y en Física y Química, en estas dos últimas el masaje del mensaje iba dirigido específicamente a los jóvenes con dos homosexuales adolescentes. «Una reformulación, para su integración narrativa y sin complejos, del estereotipo más tradicionalmente asociado a la homosexualidad, como si desde la televisión nos dijesen: el que quiera ser alocado, también tiene su hueco en el grupo», explica Alfeo autor del estudio de seguimiento hecho por la Universidad Complutense, refiriéndose al Fer de Aída; y en cuanto al de Física y Química, Montero, creador de la serie, nos dice: «También me hubiera gustado incorporar a un profesor gay, pero ya me parecía demasiado. Quizá para otra temporada», apunta. Quizá. No me cabe ninguna duda.

Por supuesto que desde el punto de vista de la eficacia, el cine y la narración visual son un excelente medio de contagiar valores, pero el problema está en que no se introduce el valor de manera reflexiva sino emocional. Y del mismo modo que puedo introducir un cambio en la sensibilidad social con las imágenes, puedo perfectamente introducir el contrario o el que se me antoje. Así se puede vencer, pero no convencer. Quizá sea suficiente para la FELGTB. Pero no lo es, desde luego, para mí. Y lo mismo que le pasa al juez Calatayud, me parece que hacer pasar por normales en televisión situaciones que no lo son es una operación de pura propaganda. Y, al contrario que él, no creo que sea cuestión de tiempo, sino de naturaleza. ¿Será que soy un pitecántropo homófobo y preconstitucional o que simplemente pienso sin dejarme llevar por las emociones?

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.