No tiene desperdicio. Breve, pero contundente y exacta oposición entre la riqueza de la lectura y la pobreza de las pantallas digitales.

«Leed. No os imagináis el placer que vais a sentir. [Aunque sea difícil hoy el aproximaros este placer porque tiene que  competir con muchas distracciones.] La lectura es un placer inmenso que va a desarrollar vuestra imaginación, que os va a permitir abriros a mundos radicalmente nuevos en los que no entraríais si no fuera por las palabras; que os va a permitir entender quiénes sois; que va a poner en palabras aquello que sentís y que ni siquiera sabéis sobre vosotros mismos. […] Y esas palabras os van a calmar porque os harán comprender que […] no estáis solos. Una actividad solitaria que os abre al resto del mundo. Estáis solos, pero nunca estáis tan cerca de los demás como cuando leéis un libro.»

«Leed. Apartaos de las pantallas. Salid de las pantallas. Las pantallas os devoran, la lectura os alimenta Esa es otra diferencia. Las pantallas os vacían, los libros os llenan. Es un combate, sí, porque las pantallas son lo fácil, captan tu atención, te atrapan y están muy bien organizadas: saben daros, como a las ratas, pequeños estímulos nerviosos cada 5 segundos, cada 10 segundos, que os obligan a seguir pegados a la pantalla… Pero, por desgracia, eso no os permitirá desarrollar vuestra libertad. La literatura es un arma de libertad. Y las pantallas -no todas, aquí no hablo del cine, hablo de las pantallas de los gigantes digitales- pueden convertirse muchas veces en instrumentos de sometimiento. Las pantallas os pueden someter en vuestro consumo, en vuestro comportamiento, en vuestras prácticas o en vuestros gestos para orientar vuestros pensamientos. La literatura os da libertad. Las palabras os dan libertad para construiros y ser quiénes sois. […] Cada uno de vosotros es único. La literatura y los libros os permitirán descubrir hasta qué punto lo sois»