Leo en el manifiesto.com un jugoso artículo firmado por Sarah Brunel que no me resisto a copiar íntegro aquí. Tiene el meritorio perfume conservador de ir contracorriente del medioambiente simbólico actual dominado en revistas, teleseries, informativos, tertulias… por tópicos progresistas intocables y sólo por eso constituye un soplo de aire fresco para mis pulmones contaminados por los residuos de una ingeniería social que una y otra vez se obstina en retorcer la realidad para hacerla encajar en las ideas del ingeniero en vez de intentar ajustar las ideas a la realidad para poder entonces, si es necesario, cambiarla. Es aquello de que no es la verdad la que nos hará libres, sino la libertad la que nos hará verdaderos (Zapatero dixit). Hace algún tiempo escribimos sobre esto en una entrada titulada «Ser lo que odias» que recomiendo encarecidamente releer. Os dejo con Sarah:
«Hay en la vida de una mujer actual ciertas cosas que conviene esconder so pena de muerte social, de infinitos rapapolvos y de verse una definitivamente encerrada en la casilla “carca casposa carente del menor interés”. Declararse “ama de casa” es una de esas cosas.Afortunadamente para mí, no lo soy. Tengo una actividad profesional asalariada, un jefe chillón e incompetente, unos colegas insípidos, un microordenador, una taza de café, una hora de transporte por la mañana y por la noche, y una serie de trabajos para hacer sin falta durante el fin de semana. Soy, pues, una mujer “realizada” y “feliz”. Ello me permite analizar muy sosegada y tranquilamente el tema. Se lo agradezco muy sinceramente al conjunto de la sociedad, a mi querida mamá, a los publicitarios, sin olvidar tampoco a los escritores, actores y demás animadores televisivos que, desde mi niñez, me han advertido virtuosa y enérgicamente contra la infame y oscurantista condición de “ama de casa”.En realidad, aun si ello no hubiese existido, creo que se habría podido evitar el peligro, ya que, considerando el precio de los alquileres y de una cesta de la compra de tipo medio, no veo cómo me las habría podido apañar para alimentar a mi pequeña familia sin un segundo salario en casa. Es ésta una “conquista social” que toma la forma de una “obligación económica”: ¡he ahí la libertad moderna!… Al mismo tiempo, como de todas formas una se ve obligada a hacerlo, más vale decir que se trata de una elección supergenial… Así no das la impresión de ser una inútil a quien no le ha quedado más remedio que agarrarse a algo.—¿Es para sobrevivir ganando unos dinerillos por lo que trabajas a tiempo parcial como cajera en Carrefour?—¡Oh, no, en absoluto! Es para no ser víctima de la opresión patriarcal y retrógrada que sufren las amas de casa.Vale, es cierto que mis queridas colegas que vituperan al “ama de casa” en la Tribunas Libres de Le Monde o de Libération, raramente son cajeras, secretarias o chóferes de autobús. Lo suyo es ser abogadas, responsables de marketing, directoras de cine, aristas plásticas subvencionas, periodistas… Lo cual cambia ligeramente la percepción del debate.La verdad es que nosotras, las que tenemos que rascarnos el bolsillo para pagar las facturas, alimentar a dos renacuajos e irnos una vez al año de vacaciones a Benidorm, no tenemos mucho tiempo para pensar en “la hermenéutica histórico-política de nuestra condición”. ¡Suerte, pues, que ahí están las queridas combatientes del feminismo para pensar en lugar de nosotras, para combatir nuestras “inclinaciones reaccionarias” (aquellas inclinaciones que la izquierda tuvo que frenar luchando tanto tiempo para que no se extendiera el derecho de voto a las mujeres, habiendo permitido dicha extensión tan sólo cuando “la escuela republicana” nos hubo reeducado como es debido…)! ¡Gracias les sean dadas!Se debe reconocer, sin embargo, que ser “ama de casa” permite no “depender” de un hombre. Da igual que este hombre sea aquel que has escogido libremente, al que quieres y con el que proyectas pasar el resto de tu vida… Depender de un hombre es horroroso, degradante…, algo que te envilece casi, pues se considera que un ser humano moderno sólo vale “socialmente” en la medida en que es capaz de “ganar pasta” por sí solo.De modo que depender un jefe de servicio frustrado, así como de las incertidumbres de los mercados financieros, ¡eso sí que es vida, eso sí que es gratificante!¿Lo dudan? Tomemos un ejemplo la mar de sencillo:—Preparar el café por la mañana para el marido de una: acto de sumisión anticuadísimo, rancio y repugnante. ¿No puede hacerse solito el café? ¿Te toma por su criada o qué?—Preparar el café en la 12.ª planta de un rascacielos climatizado para el Ejecutivo de la oficina de ahí al fondo: marca indudable de independencia y de promoción social garantizada por un contrato laboral mileurista.Una de dos: o te lanzas a fondo en la vida laboral moderna, o tienes un alma de maruja con delantal, incapaz de hacer otra cosa que dedicarte a criar a tus hijos, cuidar de tu huerta y ocuparte de una asociación caritativa, en lugar de afrontar las maravillosas aventuras y los fantásticos retos del mundo laboral.Y ya no hablemos de las oportunidades sexuales que éste te ofrece, bastante más numerosas, diversificadas y discretas, os lo aseguro, que las del cartero y el fontanero… Pero, en fin, es éste otro tema. […]»




Hombre …, a ver, no es que no sea brillante y esté cargado de razón lo que nos dice Sarah Brunel, además de decírnoslo con una envidiable prosa, peeeeero …. es que lo que nos dice es demasiado fácil, incluso, una vez leído su perfil, yo diría que poco auténtico. Y eso que en una primera lectura me encantó su artículo y hasta te lo envié.
Creo que Sarah hace categoría de la anécdota: no es otra cosa su ilustración del «servicio de café a jefe gris», que resulta tan efectista y tan difícil de rechazar si nos la presenta como la sumisión y el amor, enfrentados. ¿Quién estaría en contra del amor, la justicia, la paz, la buena eduacación, la protección de la salud, ell salario justo, … ? El problema es que todas estas cosas no son la misma cosa para todos y así, por ejemplo, el amor para unos debe comportar sacrificios y para otros sólo placer.
Hoy no es practicable la vida familiar sin el concurso del trabajo de la mujer. Pero la razón no es sólo ni únicamente el coste de la vida –especialmente de la vivienda–, sino el hecho de que el trabajo de la mujer es necesario para perfeccionar la sociedad, amén de que en efecto para trabajar se ha preparado tanto o más y mejor que el hombre, no ahora por la crisis sino hace ya cinco o seis décadas; la vocación en el mejor de los casos y la socialización, no tienen sexo y son siempre ventajosas en el desarrollo de las personas.
El problema REAL, es que la mujer, y más aún la mujer–madre, sigue «pringando» en el reparto de lo doméstico. No es suficiente que el hombre cambie pañales, cargue el lavavajillas o barra y friegue de cuando en vez; la vestimenta de la familia, nutrir la nevera, decidir los menús, reponer víveres, botiquín, ropas, … preparar las condumias, planchar, supervisar consumos, ir a las citas escolares, y tantas y tantas cosas más, siguen a cargo de la mujer de la casa ¿o no?
El desequilibrio a favor del hombre es constatable. Y encima … ¿quién se sirve las alas y el cuello del pollo para que el rey de la casa y sus vástagos tengan siempre lo mejor? … Pues eso.
No creo que Sarah Brunel ponga en cuestión el trabajo de la mujer. Sólo cuestiona la libertad de llevarlo a cabo o no. La pesadilla no es trabajar, sino estar obligada a hacerlo tanto por los imponderables económicos como, sobre todo, por los imperativos de la corrección política y el pensamiento único.
Si miras a qué se dedica Sarah Brunel, parece difícil que esté interesada en pasar a ser políticamente correcta, y lo del pensamiento único supongo que le importa más bien poco, entre otras cosas porque, trabajando, ha podido desarrollar muy bien el propio. ¿Entonces?: ¿porqué pone el acento en que la mujer que trabaja fuera de casa lo hace por ser políticamente correcta y no salirse del pensamiento único, si no es su caso? ¿porqué supone que las cajeras de los supermercados, o las administrativas peladas, sí están donde no quieren estar y estarían mejor en sus casas? ¿para quién escribe? ¿no es el trabajo, todo trabajo, algo bueno en sí mismo?
Trabajar la mujer fuera de casa no es una cuestión, hoy y aquí, de pensamiento único, ni creo que la motivación que lleva a trabajar a las mujeres sea «sobre todo, por los imperativos de la corrección política». Sí está «obligada a hacerlo», por lo general, por «imponderables económicos», como los hombres.
«…, parece difícil que esté interesada en pasar a ser políticamente INcorrecta, …», perdón.
Es un discurso tan malo que podía haberlo firmado Sarah…Palin.
Sarah Brunel, nunca hubiera escrito nada semejante si las ‘feministas’ no hubieran abierto la brecha para igualar en derechos a las mujeres. Luego cada individuo o ‘individua’ puede pervertirlos, incluso.
Sólo me interesa, Susan, -por eso está incluido en el blog- la incidencia «medioambiental» – series, revistas, medios, etc…-de una ideología que impone y, por tanto prohíbe.
No hay verdadero feminismo cuando se impone un modelo de mujer, un modelo de persona: la afirmación de inicio de que declararse ama de casa es hoy un oprobio es una verdad incontestable.
Nunca una liberación lo es del todo cuando es una liberación obligatoria.
A mí el artículo me divierte y creo que debajo de la caricatura y de la parodia hay mucha verdad.
No sé como escribe Palin, Susana, pero sí seé cómo lo hace Pajín. Y lo malo es que esta última escribe en el BOE.
Suscribo la crítica paródica que se hace en el artículo que trae el patrón de cabo a rabo. Así estamos.
Y nada tiene que ver esto con el trabajo de la mujer, sino con las ideas y los tabúes.
Y, desde luego, José Luis, el discurso es políticamente incorrecto. Es lo mejor que tiene. No se le puede hacer a una parodia satírica la crítica de que intenta hacer un retrato social.
Lo malo, Verbum, es que la que discursa es políticamente correctísima. Y yo, a mis años, ya pido ese plus de coherencia a quien me cuenta cosas. No veo, te lo digo de buena fe, que ser hoy en día ama de casa sea incorrecto, es más bien algo muy enividiado. La crisis y la posmodernidad han mandado a hacer buñuelos de viento a las ideas y los tabúes en este campo (es lo que me parece). Hoy ya no se adora tanto la libertad, ni la «realización» a través del trabajo, sino a LA PASTA directamente. Y si una se puede permitir quedarse en casa y no trabajar fuera, se le envidia porque eso quiere decir que no necesita «la pasta»: se supone que TIENE YA MUCHA PASTA.
Me perdonarás, pero yo no aprecio esa parodia satírica por ningún lado, ni mi crítica es la que dices, creo. Yo lo que critico es la incoherencia entre el discurso y lo que, me parece, es la vida real de la que lo escribe.
Gracias por tu comentario.
Sin duda debe ser un problema de entendimiento. O a lo mejor no estamos leyendo el mismo texto…
Yo no sé quién es la autora, ni me importa para este caso. Puede que su trabajo sea magnífico y sea jefa de sí misma; puede que no trabaje incluso…;pero tiene perfecto derecho -y eso no es incoherencia, porque si no toda obra literaria lo sería- a inventarse hasta una parodia de sí misma. Todo el texto es paródico y satírico en el sentido de que no está haciendo un retrato sociológico, sino una caricatura para destacar contradicciones sociales y una caricatura que nos hace sonreír como toda parodia.
¿Que ser ama de casa es algo envidiado por muchas?: claro, esa es la realidad y de eso precisamente habla el texto. Lo que pasa es que a pesar de ser envidiado, el discurso «correcto», único y por tanto impuesto es que no hay tal. Por eso muchas lo sienten, pero pocas lo dicen.
No hay tal incoherencia: la vida va por un lado -el de que ser ama de casa y madre en un porcentaje amplísimo de casos es lo que quisieran muchas- y la realidad del discurso progresista va por otro -el de que trabajar fuera de casa es la panacea único modo de realización personal-.
Eso es lo que critica el texo desde la primera línea hasta la última y como ese discurso es políticamente incorrecto, es decir, contrario al pensamiento único, oficial, progresista y supuestamente mayoritario, el texto es políticamente incorrecto, lo diga Sara Palin, Sara Pajin o Sara Brunel
Saludos.
Comprendo, Verbum, que tienes toda la razón en lo que me explicas y comparto que hay una lícita separación entre el texto y quien lo escribe que hace que no quepa hablar de «incoherencia». Lo que sucede es: 1. Que el tiempo me ha llevado –para bien o para mal– a interesarme por esa relación obra–autor de tal modo que aunque a la obra no se le pueda achacar «incoherencia», sí, sin embrago, no es estimable para mí en tanto no sea «coherente» con la realidad de quien la escriba. Un ejemplo de esto serían: Jorge Bucay, Arturo Pérez Reverte, Almudena Grandes, … y en general aquellos autores cuyos escritos pasan a ser productos culturales con «denominación de origen» (progresista) o sus autores se convierten en «marcas» culturales. No me sucede tanto, con autores alejados de la progresía y la oficialidad. 2. Sigo pensando, aún a riesgo de no estar acertado, que hoy en día, el trabajo de la mujer fuera de casa ya no es visto como sinónimo de corrección política y pensamiento único. Hace dos o tres décadas sí era visto así, pero hoy, lo que percibo, es la necesidad y LA PASTA. 3. A mí me gusta el artículo de Sarah Brunel como pieza literaria, nada más. Y al artículo de reflexión no le pido literatura sino utilidad. Es un artículo «fácil», que habla de lo que a mi juicio no es práctico ya hoy en día.
Un saludo y gracias, Verbum.