Estar vivo ya no es algo certificable únicamente por los médicos. El ritmo cardiaco, la respiración, la actividad cerebral ya no son suficientes. Ahora hace falta, además y sobre todo, que el gran doctor  mediático te ilumine con sus focos. Hoy sobrevivir es sobresalir.
Estar vivo es salir en los medios. Destacar no es hacer algo mejor que los demás, sino ser reconocido por unos cuantos cientos de miles de miradas.

El anonimato de la vida cotidiana, es la muerte en la vida mediática. La presencia es el ser, la ausencia es la exclusión. Antes estar de cuerpo presente ante los ojos de los demás era estar muerto. Ahora, la presencia del cuerpo ante las cámaras es la única posibilidad de seguir vivo. Sólo vale el presente del estar para poder seguir siendo. El que no sale en la foto no existe. Si el gran Gurú mediático te expulsa de su ámbito de difusión, es como si declarara tu certificado de defunción. Estás muerto. Eres un juguete roto que pasa al desván de lo inútil.  

No importa la excelencia, sólo la presencia. No importa la memoria: recordar, rememorar, reconstruir desde la historia de las edificantes y mínimas miradas personales. Importa la cresta de la ola electrónica de las pantallas encendidas, desde la tele a las redes sociales.  Sólo importa el presente del continuo audiovisual que todo se lo traga y todo lo soporta.