El álbum de fotografías familiar está muriendo. Sin embargo, según un estudio de Samsung, en España se suben a la red 5,7 millones de imágenes al día.

Empiezan los padres: la primera ecografía, el primer biberón, la primera  sonrisa, el primer paso, el primer día de cole, el primer móvil… y ya están listos ellos para ir completando su biografía en imágenes que quedará allí, en la nube, fijada para siempre jamás.

Es lo que explica bastante bien un artículo que he leído en Abc, la necesidad urgente de exponer todo lo que hacemos, a los hijos también, que para eso los hemos hecho. Un exhibicionismo que Nora Rodríguez califica de «Narcisismo autista»: subes las fotos y esperas los comentarios de aprobación y te desesperas cuando estos no llegan.

Hay quien dice que el primer riesgo de los hijos en la red somos los propios padres que con nuestro ejemplo, normalizamos la conducta  exhibicionista que luego, interiorizada, se exacerba en la pubertad y adolescencia de nuestros hijos. Antes eran aquellos padres que babeaban cuando sus niños salían en la televisión en uno u otro concurso. Ahora pueden televisarlos –es decir, mandarlos lejos para que los vean– desde casa  a toda la red. En tecnología –con la tele, el móvil, internet…– los límites que pueden y deben ponerse desde la educación paterna empiezan siempre con el ejemplo.

Por otro lado en el Blog Familia Actual, que tenemos enganchado en el nuestro y que recomendamos vivamente a los padres, dicen de manera muy expresiva: «El problema es [que nuestros hijos no suben unas fotos, sino que]  “se suben” a sí mismos: sus perfiles, sus fotos, sus vídeos, sus datos personales… [Y es un problema] porque, entonces, pueden quedar irremisiblemente “colgados” en la red.» Y una vez allí, agitándose con los pies en el aire, cuatro de cada diez sufrirán ciberacoso, otros se convertirán en acosadores y alguno acabará suicidándose. O exageramos…

Decía el otro día Chema Alonso que internet está lleno de gente mala que no hace sino aprovecharse de la ingenuidad de los usuarios: mediante el «morphing», por ejemplo, los malos pueden convertir cualquier fotografía inocente en una imagen pornográfica que luego circulará por la red descontrolada e indefinidamente. Pero no hay que llegar tan lejos –o tan cerca, porque esa realidad existe–, simplemente, en ocasiones, hay que limitarse a respetar un poco la privacidad de los hijos a los que no siempre les gustará que sus padres les expongan haciendo algo que en la intimidad familiar tiene sentido, pero fuera de ella ninguno en absoluto.

En Familia Actual, concluyen: nos quedamos tranquilos porque nuestro hijo no hace botellón en la calle, sino que se queda encerrado y seguro en su habitación, sin preocuparnos del botellón electrónico que puede tener montado en su dormitorio, en medio de la calle virtual, en contacto con millones de personas de todo el mundo, buenos y malos. Y no sólo eso, es que en infinidad de ocasiones, somos los propios padres los que les hemos conducido desde pequeños, encantados y de la mano  a esa borrachera digital.

 Referencias:

Ojo con tus datos

Familia actual, “Colgados en la red”

Artículo de abc

www.protégeles.com

«Nora Rodríguez, Educar niños y adolescentes en la era digit@l» (Paidós),

La Familia Digital,

http://www.ciberfamilias.com

I Jornada de la Fundación Legálitas: Protección de los menores ante las tecnologías de la información y comunicación