Ya vamos acabando esta serie dedicada a Lanier y su Rebaño. Estamos en la novena estación que tenía que haber sido la octava para enlazar con el tema del Copyright que no quedó zanjado porque todavía hay algunas perlas interesantes por rescatar. Ahí van.
«Para muchos universitarios, el intercambio de archivos se considera un acto de desobediencia civil. […] ¡Robar materiales digitales te sitúa en el mismo plano que Gandhi y Martin Luther King!
Llegado 2008, [se empieza] a reconocer lo evidente, que es que no todo el mundo se ha beneficiado con el movimiento.  (p. 118) […]  Las personas que dedican sus vidas a la creación […] son […] los perdedores.  [Sí. Quizá  algunos artistas podrían convencer] a mil personas para que gasten cien dólares al año en su producto. De ese modo podrían ganar cien mil dólares al año .(p119) […Pero] después de diez años viendo a muchísimas personas intentarlo, me temo que para la inmensa mayoría de periodistas, músicos, artistas y cineastas que se enfrentan al olvido profesional por culpa de nuestro idealismo digital fallido, [ese sistema] no va a funcionar. […] ¿Pueden veintiséis mil músicos encontrar cada uno mil aficionados de verdad? […] Una década y media desde el nacimiento de la red, una década desde la adopción generalizada de los archivos de música compartidos, ¿cuántos ejemplos de músicos que vivan según las nuevas reglas deberíamos esperar encontrar?» (p120)
«Ted Nelson, [inventor del hiperlink] propuso que en lugar de copiar los medios digitales, debíamos mantener de manera eficaz una sola copia de cada expresión cultural –como en el caso de un libro o una canción– y pagarle al autor una pequeña cantidad razonable cada vez que accediéramos a ese contenido.  […] Las personas que graban un vídeo de una broma que adquiere una popularidad momentánea podrían ganar mucho dinero en un solo día, pero un erudito poco conocido también podrían ganar lo mismo a lo largo de los años […] esta idea […] recompensa a los individuos y no a los dueños de la nube.  […] La mayoría de las personas aceptarían un contrato social en el que los bits tuvieran valor en lugar de ser gratuitos.» (p. 133-134)
«Todo el mundo tiene que estar de acuerdo para que algo tenga valor monetario.Si el resto de gente cree que el aire es gratis, no será fácil convencerme para que empiece a pagarlo yo solo. […] Debemos acordar que vale la pena pagar por nuestras expresiones culturales y creativas.» (p138) [¡Qué distinta hubiera sido y sería, por ejemplo la televisión, si hubiéramos tenido y tuviéramos que pagar por ella!]
Poner precio a la creatividad humana en un mundo tecnológicamente avanzado [crea un ambiente habitable para todos igual que lo hacen el resto de leyes que hay que cumplir]» (p139)
«No hace falta que exista una tecnología anticopia perfecta para que las personas no copien […] Somos mejor que eso. Es fácil robar coches y casas, por ejemplo, y, sin embargo, pocas personas lo hacen. Las cerraduras no son más que amuletos de dificultad que nos recuerdan a todos un contrato social. […] Es sólo la elección humana la que hace que el mundo funcione. La tecnología puede motivar la elección humana, pero no sustituirla.» (p141)[Por qué en el mundo físico sí y en el digital no, ¿sólo porque se puede? Lamentable razón y muy pobre argumentario ético. Para el tema del copyright necesitamos claramente otro contrato social]