«Las esperanzas de miles de empresas start-ups de Silicon Valley es que compañías como Facebookestén capturando información sumamente valiosa en el llamado «mapa social». Utilizando esa información, un anunciante podría, hipotéticamente, dirigir su publicidad a todos los miembros de un grupo de edad justo en el mismo momento en que se está formando una opinión sobre las marcas.» (p.77)
 
«Sólo existe un producto capaz de mantener su valor mientras todo lo demás se devalúa bajo el estandarte de la noosfera. Al final del arco iris de la cultura abierta, yace una primavera eterna de anuncios. La cultura abierta eleva la publicidad … hasta situarla en el centro del universo humano [al principio, con el espíritu hippy de Silicon Valley,] antes del insólito crecimiento de Google, los anuncios se hallaban en el mismo corazón del peor de los demonios que destruiríamos [con la cultura libre]: la televisión comercial. [ja-ja-ja-ja-ja, ingenuos hippies…].
 
Irónicamente, en el mundo que nos aguarda, la publicidad ha sido elegida como la única forma de expresión digna de protección comercial. Cualquier otra forma de expresión está allí para ser remezclada, convertida en anónima y descontextualizada hasta que llega a carecer de sentido. Sin embargo, los anuncios deben ser cada vez más contextuales, y el contenido del anuncio es hoy absolutamente sagrado.» (p111)
 
«Un momento, pero ¿nosotros no odiábamos la publicidad?. Bueno, odiamos la vieja publicidad. La nueva publicidad es discreta y útil».
«Si te interesa saber lo que sucede en una sociedad […] solo tienes que seguir el rastro [verde como la cizaña de Goscinny y Uderzo] del dinero. Si va a parar a la publicidad y no a los músicos, los periodistas y los artistas, entonces esa […] sociedad está más interesada en la manipulación que en la verdad o la belleza. Si el contenido carece de valor, entonces la gente empezará a volverse tonta e insustancial.» (p112)
 
«La combinación de la mente colmena y la publicidad ha dado como resultado un nuevo tipo de contrato social. […] alentar a los autores, periodistas, músicos y artistas a tratar los frutos de su talento como fragmentos para ser entregados gratuitamente a la mente colmena. La reciprocidad adopta la forma de la autopromoción La cultura está destinada a convertirse solo en publicidad
[…]
Existen unas cuantas historias de éxito […] excepcionales […] posibles sólo porque nos encontramos en un período de transición, en el que unas pocas personas con suerte pueden  beneficiarse al mismo tiempo de las ventajas de los medios de comunicación viejos y nuevos, y en sus orígenes insólitos se puede hilar una historia de marketing todavía novedosa.» (p113)