Cuarta entrega

Intimidad, Distancia, Respeto
«El mundo del siglo XVIII es un teatro del mundo. El espacio público se parece a un escenario teatral. La distancia escénica impide el contacto inmediato entre cuerpos y almas. Lo teatral se opone a lo táctil. La comunicación pasa a través de formas rituales y signos, y esto alivia el alma. En la modernidad se renuncia cada vez más a la distancia teatral a favor de la intimidad. […] una funesta evolución.

«[En el siglo XVIII, las emociones] son representadas y no expuestas. [En cambio] el mundo es hoy un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. […] Hoy, la representación teatral cede el puesto a la exposición pornográfica. […] se cree conseguir la transparencia del alma por el hecho de revelar los sentimientos y las emociones íntimos, desnudando así el alma. […] Los hombres se hacen sociables si mantienen la distancia entre ellos. En cambio, la intimidad la destruye. […] Es una sociedad de la confesión, del desnudamiento y de la pornográfica falta de distancia. […] Hoy […] reina una total falta de distancia, en la que la intimidad es expuesta públicamente y lo privado se hace público. […] La comunicación digital deshace, en general, las distancias. La destrucción de las distancias espaciales va de la mano de la erosión de las distancias mentales.»

«En nuestro tiempo [digital] se produce una eliminación total de la lejanía. Pero esta, en lugar de producir cercanía, la destruye en sentido estricto. En vez de cercanía surge una falta de distancia.»

«El respeto presupone una mirada distanciada, un pathos de la distancia, que es típica del espectáculo. El verbo latino spectare, del que toma su raíz la palabra «espectáculo», es un alargar la vista a la manera de un mirón [frente a la] consideración distanciada (respectare) del respeto. La distancia distingue el respectare del spectare. Una sociedad sin respeto, […] conduce a la sociedad del escándalo.»

«La comunicación digital fomenta esta exposición pornográfica de la intimidad […] las redes sociales se muestran como espacios de exposición de lo privado. […] Roland Barthes define la esfera privada como «esa zona del espacio, del tiempo, en la que no soy una imagen, un objeto». […] Hoy no tenemos ninguna esfera privada pues no hay ninguna esfera en la que yo no sea ninguna imagen, donde no haya ninguna cámara. […] el ojo mismo hace imágenes. [La expresión máxima de esto son las Google Glass]»

«[…] La comunicación anónima que es fomentada por el medio digital, destruye masivamente el respeto. […] Las shitstorm [Literalmente ‘tormentas de mierda’es decir, las campañas viralmente sucias de las redes sociales] son, sobre todo, un fenómeno genuino de la comunicación digital que se distingue fundamentalmente de las cartas del lector […] que se envían a la prensa con un nombre explícito [y están caracterizadas] por otra temporalidad. Mientras las redactamos de manera laboriosa, a mano o a máquina, la excitación inmediata se ha evaporado ya. En cambio, la comunicación digital hace posible un transporte inmediato del afecto. […] Las olas de indignación son muy eficientes para movilizar y aglutinar la atención. Pero […] no son apropiadas para configurar el discurso público. […] demasiado incontrolables, incalculables, inestables, efímeras y amorfas, […] surgen con frecuencia a la vista de aquellos sucesos que tienen una importancia social o política muy escasa. […] La sociedad de la indignación es una sociedad del escándalo. […] no permite […] ningún diálogo, ningún discurso. […] No engendra ningún futuro. […] Las shitstorms tampoco son capaces de cuestionar las dominantes relaciones de poder. Se precipitan solo sobre personas particulares, por cuanto las comprometen o las convierten en motivo de escándalo.»

«Hoy se habla de sentimiento o de emoción de una manera creciente. En muchas disciplinas se investigan las emociones. De repente, tampoco el hombre es un animal rationale, sino un ser de sentimientos. Pero apenas se cuestiona de dónde proviene este repentino interés por las emociones.»

«El medio digital es un medio del afecto. La comunicación digital facilita la repentina salida de afectos. […] la comunicación digital transporta más afectos que sentimientos. Las shitstorms son corrientes de afecto. […] Son una expresión de la subjetividad.»

Pornografía, la agonía del Eros
«El porno no solo aniquila el eros, sino también el sexo. La exposición pornográfica produce una alienación del placer sexual. Hace imposible experimentar el placer. La sexualidad se disuelve […] puesto ante la mirada, no es ningún placer.»

«Es obsceno el pornográfico poner el cuerpo y el alma ante la mirada.»

«La transparencia o la univocidad serían el final del Eros, es decir, la pornografía. No es casual que la actual sociedad de la transparencia sea a la vez una sociedad de la pornografía »

«Hoy, todas las imágenes mediáticas son más o menos pornográficas. En virtud de su complacencia, les falta […] toda intensidad semiótica. […] Son, a lo sumo, el objeto de un me gusta.»

[Según Barthes, las imágenes cinematográficas adolecen del mismo defecto:] «ante la pantalla no soy libre de cerrar los ojos; si no, al abrirlos otra vez no volvería a encontrar la misma imagen». [ son inasequibles a la contemplación que exige una demora… En el cine, ] las imágenes que se suceden unas a otras obligan al espectador a una «constante glotonería», [una mirada consumista]

«Además, advierte Barthes, la fotografía debe «ser silenciosa». Solo en el «esfuerzo por el silencio» la fotografía revela[…] Es un lugar de silencio, que hace posible un demorar contemplativo. Por el contrario, no nos demoramos en las imágenes pornográficas. Estas son estridentes, fuertes, […] sirven solo a la excitación y satisfacción inmediatas. […] no dan nada que leer. Actúan […] de forma táctil y contagiosa. Se vacían para convertirse en espectáculo. La sociedad porno es una sociedad del espectáculo

Se dice que hoy el amor está en crisis. Y es porque «hoy está en marcha algo que ataca al amor más que la libertad sin fin o las posibilidades ilimitadas. […] la erosión del otro que tiene lugar en todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo de la propia mismidad.»

Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad.[…] Al narcisista el mundo se le presenta como proyección de sí mismo. […] Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo.

«El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se le puede consumir. En este sentido, el otro ya no es una persona, pues ha sido fragmentado en objetos sexuales parciales. […] Si el otro se percibe como objeto sexual, se erosiona […] El otro como objeto sexual ya no es un «tú»

«El porno es la antípoda del Eros. Aniquila la sexualidad misma. […] «La sexualidad no se desvanece en la sublimación, la represión y la moral, se desvanece con mucha mayor seguridad en lo más sexual que el sexo: el porno» (Baudrillard) […] La sexualidad hoy no está amenazada por aquella «razón pura» que, adversa al placer, evita el sexo por ser algo «sucio», sino por la pornografía.

«La cultura de consumo estimula el deseo y la imaginación […] La imaginación prospectiva mediada por Internet […] eleva el umbral de aspiraciones masculinas y femeninas sobre los atributos deseables en la pareja y/o sobre las posibilidades de una vida en común» Por eso, hoy se «genera decepción» con más frecuencia. La decepción «viene de la mano de la imaginación».

«Los nuevos medios de comunicación no dan alas precisamente a la fantasía. Más bien, la gran densidad de información, sobre todo la visual, la reprime. La hipervisibilidad no es ventajosa para la imaginación. Así, el porno, que en cierto modo lleva al máximo la información visual, destruye la fantasía erótica.»

«La pornografía agudiza la habituación, porque borra por entero la alteridad. Su consumidor ni siquiera tiene un enfrente sexual. Habirta la escena del uno. De la imagen pornográfica no sale ninguna resistencia del otro o de lo real. […] De esta forma, la pornografía incrementa la dosis narcisista del yo. En cambio, el amor como acontecimiento, como «escena de lo dos», des-habitúa y reduce el narcisismo.»