«Nuestra primera herramienta es nuestro cuerpo», nos dice Carr. Somos a través del cuerpo.

«”El cuerpo es nuestro medio general para tener un mundo” (Maurice Merleau-Ponty, La fenomenología de la percepción, 1945) Vemos las montañas elevadas no porque las montañas lo sean, sino porque nuestra percepción de su forma y altura está tallada por nuestra propia estatura. Vemos una piedra, entre otras cosas, como un arma porque la construcción específica de nuestra mano y de nuestro brazo nos faculta para cogerla y lanzarla. La percepción, como la cognición, esta encarnada».

Somos cuerpo. Somos a través del cuerpo. Es nuestro vehículo de percepción y de contacto, es ‘nosotros’. Pero también es nuestro límite con la realidad. Es frágil y limitado. Tiene un corto alcance. Encierra una mente y un corazón que pugnan por ir más allá.

«Esta tensión entre lo que el cuerpo puede lograr y lo que la mente puede visualizar es lo que alumbró y continúa propulsando y moldeando la tecnología. Es el estímulo para que la humanidad se extienda a sí misma y transforme la naturaleza. La tecnología no es lo que nos hace «posthumanos» o «transhumanos», como han sugerido recientemente algunos escritores y académicos. Es –o debería ser, diría yo– lo que nos hace humanos. La tecnología está en nuestra naturaleza. A través de nuestras herramientas damos forma a nuestros sueños».

«La tecnología, al permitirnos actuar de maneras que van más allá de nuestros límites corporales, también altera nuestra percepción del mundo y lo que el mundo significa para nosotros.[…] Cada vez que un instrumento nos lleva a cultivar un nuevo talento, el mundo se convierte en un lugar diferente […] A las posibilidades de la naturaleza se le añaden las posibilidades de la cultura. “En ocasiones –escribió Merleau-Ponty– la significación que se persigue no puede alcanzarse con los medios naturales del cuerpo. Debemos entonces construir un instrumento, y el cuerpo proyecta un mundo cultural alrededor de sí mismo”. El valor de una herramienta bien hecha y bien utilizada reside no solo en lo que produce para nosotros, sino en lo que produce en nosotros».

¿Y qué está pasando con las tecnologías digitales? «Estamos pasando menos tiempo actuando en el mundo y más tiempo viviendo y trabajando a través del medio abstracto de la pantalla de un ordenador. Nos estamos desvinculando de nuestros cuerpos, imponiendo restricciones sensoriales a nuestra existencia. […] Hemos logrado, con suficiente perversidad, diseñar una herramienta que nos roba el placer corporal de trabajar con herramientas».

La caída comprobada de la actividad mental de los ratones de laboratorio cuando se mueven en un espacio generado por ordenador «nace probablemente de la falta de signos próximos –olores, sonidos y texturas ambientales que nos dan pistas sobre nuestra localización– en las simulaciones digitales del espacio. “Un mapa no es el territorio que representa” (Alfred Korzybsky). Cuando los ratones entran en la jaula de cristal –y cuando nosotros nos situamos frente a una pantalla– se nos pide que nos despojemos de buena parte de nuestro cuerpo: esto no nos libera; nos disminuye». De nuevo es una cuestión de resistencias: «El yo sólo puede prosperar, crecer, cuando afronta y supera las resistencias de los alrededores».

Referencias:

Nicholas Carr, Atrapados, cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Madrid, Taurus, 2014.

Superficiales, Doce entradas del blog comentando el libro anterior de Carr

Texto íntegro del resumen paginado del libro