Uno de los hallazgos del libro es el que se refiere al término «fricción» que Carr emplea para designar todas las resistencias cotidianas a las que nos enfrentamos solo por el hecho de estar vivos. Dificultades que nos incomodan, pero que también son imprescindibles para crecer. Es un concepto especialmente importante para analizar los efectos de la tecnología en nuestra vida cotidiana porque, precisamente, una de las obsesiones de Silicon Valley es –a juicio del autor– «utilizar software para eliminar “fricción” de la vida de las personas». Es bueno hacer la vida más fácil, sobre todo en las miles de rutinas manuales que suponen una carga, pero del mismo modo que para formar el carácter y adquirir una buena dosis de resiliencia es necesario afrontar desde pequeños las frustraciones y dificultades, es imprescindible para el trabajo intelectual y artístico un entrenamiento constante de nuestra capacidad creadora.

«Un etnógrafo canadiense –cuenta Carr– había recordado […] su investigación sobre la tribu shushwap, un pueblo aborigen que vivió en la actual Columbia Británica. El territorio shushwap era una tierra de abundancia.[…] No tenían que migrar para sobrevivir,[…] consideraban su vida buena y rica. Pero los ancianos de la tribu vieron que en tales circunstancias cómodas anidaba el peligro. “El mundo era demasiado predecible y el desafío empezaba a desaparecer de la vida. Sin desafíos, la vida no tenía sentido”. Así, cada treinta años aproximadamente, los shushwap, […] se desarraigaban […] y adentraban en territorio salvaje donde descubrirían una serie de retos con los que todos se sentirían rejuvenecidos y felices.» Los ancianos de la tribu sabían de la necesidad de la fricción.

La mayoría de la maquinaria tecnológica está pensada para eliminar fricción a través de la facilidad de uso: un interruptor, un clic, un toque del dedo sobre la pantalla. «Ausencia de fricción» y «simplicidad» […] Los dispositivos esconden su complejidad técnica tras interfaces amistosas. Minimizan la carga cognitiva». No es necesario pensar, ni decidir, ni recordar. «No hace falta entender […] Esto tiene el beneficio muy real de hacer al software útil para un grupo más amplio de personas […] Pero el coste es el de […] la degradación de la destreza».

«”Creo que dentro de algunos años la mayoría de las búsquedas serán contestadas sin ni siquiera preguntar» afirma Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google. La compañía «sabrá que esto es algo que vas a querer ver». El objetivo último es automatizar totalmente el acto de buscar, eliminar la volición humana del mapa».

Lo mismo ocurre con las relaciones sociales. Las habilidades necesarias para relacionarse exigen un esfuerzo constante de adquisición desde la más temprana infancia. Sin embargo, las redes llamadas ‘sociales’ no van precisamente en esa línea.  «Facebook […] quiere lubricar el proceso caótico de establecer relaciones sociales. […] Un «compartir sin fricción», dice Zuckerberg, la supresión del esfuerzo consciente de la socialización.»

WhatsApp facilita la conexión protegiéndonos de la incomodidad, de las exigencias, del riesgo, de la intemperie de las relaciones telefónicas o físicas. De la fricción. Por eso, cada vez más y sin darnos cuenta, acabamos eligiendo el mensaje de texto frente al resto de alternativas. Hablar nos da pereza. ¿Para qué exponernos si podemos componer un mensaje escrito que nos mantiene a cubierto? «Como padres comprometidos que nunca dejan a sus hijos hacer nada por sí mismos, Google, Facebook y otros fabricantes de software… terminan por degradar y disminuir cualidades de carácter que, al menos en el pasado, han sido consideradas esenciales para una vida completa». Nuestra pereza es la mayor razón de su éxito. Sin embargo, ese paternalismo, esa ausencia de riesgos, erosiona nuestras habilidades sociales y no refuerza los lazos sociales, sino que los debilita. «Se forman fácilmente y se rompen con la misma facilidad». Parafraseando a Turkle, Together but Alone.

Y es que cuando la facilidad de uso tecnológico, se refiere a procesos «de indagación intelectual y vínculos sociales la ausencia de fricción se vuelve un ideal problemático». Nos hace más fácil conseguir lo que queremos, pero nos distancia de la labor de conocerlo y vivirlo con plenitud al alejarnos del trabajo de conseguirlo.

«Se apresurarán por el camino del menor esfuerzo, a pesar de que un poco de resistencia, un poco de fricción, podría haber sacado lo mejor de ellos».

Referencias:

Nicholas Carr, Atrapados, cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Madrid, Taurus, 2014.

Superficiales, Doce entradas del blog comentando el libro anterior de Carr

Texto íntegro del resumen paginado del libro