El vídeo nos lo manda Cristina.
Otras veces es el contexto lo que nos tiene que aclarar simbólicamente la calidad de un producto al que somos incapaces de acceder pese a que es objetivamente bueno. ¿Qué es lo que hace a la música culta digna de ser escuchada, la música misma o el lugar —el contexto cultural— en el que la escuchamos? Es lo que quiso comprobar el Washington Post con Joshua Bell un violinista de prestigio mundial con un Stradivarius de tres millones y medio de dólares en las manos tocando en el metro una fría mañana de enero de 2007 durante 45 minutos. De las aproximadamente 2000 personas que pasaron solamente seis se detuvieron y lo escucharon por muy poco tiempo. Alrededor de 20 le dieron dinero sin detenerse a escuchar. En total recolectó 32 dólares, terminó de tocar su violín y el silencio se apoderó de todo. Nadie lo notó. Nadie aplaudió, no hubo ningún reconocimiento.
Dos días antes el violinista había tocado en un teatro de Boston abarrotado, donde los asientos se vendieron a un promedio de unos 100 dólares.



¡Qué ventaja tienen los ciegos! Algunas cosas les resultan más difíciles pero otras no.
Inteligente comentario, Amanda. Efectivamente: en estos dos casos, cuando el punto de vista es la falta de visión, se derrumba la barrera de las apariencias.
Hay encerrados al menos dos aspectos en lo que denominas «-el contexto cultural-» que son causa de la escasa audiencia de nuestro músico: uno más superficial, más costumbrista, más «urbano», y es el de la UBICACIÓN -en este caso desubicación-; el otro aspecto, más interno, más espiritual, más cultural, está determinado por el RITUAL que acompaña y da sentido a toda celebración.
Cuando Joshua Bell toca el violín en el hall de la estación, podemos decir que no solo está haciendo lo que hace, tocar música, sino que a la vez está «celebrando» la música que interpreta. Toda celebración requiere un ritual y un lugar adecuado para que la «comunión litúrgica» pueda darse. Sin esas condiciones previas, la comunicación resultará un fracaso.
José Luis.
Has dado en el clavo, José Luis. No es suficiente con el hecho en sí. Necesitamos también de la liturgia -¡qué bien elegida la palabra!- para dar sentido a la celebración. El lugar, las formas, sí importan: son parte importante del sentido.
Pues muchas gracias,Pepe… jeje.