Siendo el hecho visual más importante de nuestro siglo, resulta paradójicamente invisible cuando nos proponemos pensar en ella. Todo intento de reflexión sobre el medio se ve oscurecido por la claridad de la pantalla, por su omnipresencia, por su obviedad.



Está siempre con nosotros de un modo silencioso, discreto y rutinario. Forma parte de nuestras vidas de manera tan cotidiana, tan próxima, tan doméstica, que se ha hecho imperceptible.



Es como el aire que respiramos: está ahí, forma parte de nuestra vida, pero no nos damos cuenta de que está ahí.  No está delante de nosotros, sino dentro de nosotros, la hemos interiorizado. Podríamos decir que el verla tanto no nos deja verla de verdad, no nos deja pensarla y que para hacerlo, la tendríamos que apagar más a menudo. Para ver televisión la tenemos que tener encendida, pero para ver la televisión lo primero que tenemos que hacer es apagarla.


Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella