«Yo sólo veo el telediario», dice el telespectador que ante el cuestionamiento de la televisión como creadora fundamental de banalización, superficialidad y telebasura, quiere significar que él no se deja engañar y que utiliza correctamente los medios porque lo que él hace es informarse a través de la televisión.

Sin embargo, «¿se puede explicar el mundo en media hora?» se pregunta Salvador Alsius una de sus 14 dudas sobre el periodismo en televisión (CIMS, 1997). Si en un día llegan a la redacción de un medio informativo alrededor de mil inputs informativos, un periódico será capaz de seleccionar entre cien y ciento cincuenta, es decir, aproximadamente un diez por ciento. En un telediario caben quizá no más de veinte noticias o lo que es lo mismo no más de un dos o un tres por ciento de la información disponible. Es cuestión de formato. Todo el contenido de un telediario cabría en un par o tres páginas de un periódico de maquetación normal.

Pero ¿qué noticias son las que la tele selecciona para llegar a ese dos por ciento o, lo que es lo mismo, cuál es el criterio de su selección? En primer lugar, la imagen. Aquellas noticias que tengan imágenes serán seleccionadas más fácilmente que aquellas otras que no las tengan. En segundo lugar la espectacularidad. La combinación de ambos elementos, hace inevitable que los telediarios se llenen de noticias irrelevantes pero espectaculares: sucesos, catástrofes, incendios, peleas, persecuciones, o imágenes rodadas por cámaras de metro, de cajeros bancarios o helicópteros. Son esas “noticias” del tipo «les vamos a mostrar imágenes que pueden herir la sensibilidad… etc» Por el contrario, las noticias verdaderamente importantes que necesitan de explicaciones verbales complejas serán inevitablemente desplazadas.

Las dictaduras y su maquinaria censora, movilizan a los desconfiados ciudadanos en busca de la verdadera información a través de vías alternativas a las oficialmente disponibles a través de la televisión y otros medios. En las democracias actuales, en cambio, el ciudadano vive en el espejismo de la falta de esfuerzo y la autosatisfacción del telediario para la búsqueda de la información. Nunca ha habido tanta información disponible, nunca ha existido tanto tiempo para el ocio y, sin embargo, los ciudadanos tipo «yo sólo veo el telediario» tienden a la parálisis, incompetentes para buscar información e incapaces de ser movilizados por ella.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.