Sexuality and Huntington's Disease

 

Leo en la prensa que sólo dos de cada 10 jóvenes reciben información paterna sobre sexualidad y contracepción. Los padres piensan que sus hijos ya lo saben todo porque lo han visto todo. Son esa generación deformada en la clarividencia, en la hipervisibilidad de las pantallas que todo lo desnudan, pero no enseñan nada. Mientras los adultos admiten desconcertados sus limitaciones, los llamados jóvenes viven la soledad de su propio desconcierto en el espejo de las series y la telerealidad, mientras los abortos entre adolescentes han crecido un 250% en menos de 10 años.

Después de las Elenas, Fortún y Ochoa, después de En tu casa o en la mía, y Hablemos de Sexo, después de cientos de Programas de prevención nacionales, autonómicos y locales, guías de anticoncepción, condones en las escuelas, y póntelo, pónselo a troche y moche…. Después de millones de cuerpos, de infinitos guiones de chico busca chica y de infinitas bocas con besos infinitos, de cientos de intimidades expuestas a la plaza pública, después de la muerte del pudor tras los cristales espía de los experimentos sociológicos, tras los juegos con los excesos barrocos de travestis y folclóricas, tras mucha física y mucha química, y mucho salir de clase parece que la cosa no funciona. O funciona demasiado. O funciona peor porque funciona demasiado.

Leo también que estudiosos de una universidad americana se escandalizan de que en 200 películas de éxito masivo realizadas después de 1989, sólo en una se habla del preservativo en una relación sexual y en todas las demás la gente se acuesta alegremente sin protección y sin que ello conlleve ni paternidad, ni Enfermedad de Transmisión Sexual alguna. Pero ¿en cuántas de ellas, se habla de amor y de familia y se presenta el sexo contextualizado en una relación profunda y verdaderamente humana? Quizá estamos demasiado ocupados por integrar en las series de consumo masivo de los adolescentes, las nuevas alternativas a la sexualidad tradicional para ocuparnos de la sexualidad tradicional que sigue tradicionalmente ocupándoles a ellos.

Y así llevamos 30 años de imágenes sin imaginación, soluciones erróneas y resultados pésimos. Aunque, eso sí, como siempre y sobre todo dentro de la más estricta corrección política.

Cíclicamente, de nuevo, la innovadora solución de los condones y, si estos no funcionan, últimamente la píldora del día después gratuita y a la carta en todas las urgencias y ambulatorios y sin autorización paterna no vaya algún padre a decir que no. Póntelo y haz lo que quieras que, si aún así falla la cosa, papá Estado le dará a ella una pildorita que evitará que el óvulo fecundado se implante en el útero y, como máximo, tú nada de nada, como siempre, y ella abortará con sólo las molestias de una regla normal. En los colegios no se permite administrar ni una aspirina sin autorización de los padres, pero el gobierno puede administrar la píldora abortiva sin que nadie se entere. De nuevo los condones, esta vez a ritmo de hip hop mola mogollón, con koko yo gozo mogollón, tronko yo no korono rollos con bombo…

¿Es realismo eficaz o ideología sectaria lo que lleva a un permanente más de lo mismo? Y, si no, al tiempo: dentro de 10 años les emplazo a comentar los resultados estadísticos de esta correctísima y de nuevo nueva solución política.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.