
«A los niños y a las niñas que vuelven a casa del colegio cada tarde cargados con una pesada mochila y unos deberes pendientes les espera en la sala de estar, o en el cuarto de cada uno, la programación televisiva ritual, una programación por lo general, salvo honrosas excepciones, poco propicia a la sedimentación de los valores o de la información que hayan podido recibir en las aulas. Esa programación se impone en las horas libres, y se necesita mucha fuerza de voluntad para evitarla porque se adoba con un lenguaje fácil, pobre y caótico, con situaciones en las que sobrenada la violencia y la procacidad, con la presencia de unos cuerpos atractivos y tentadores que todo lo experimentan sin dificultad en un clima de falso compañerismo, de indolencia o de pasotismo.(…) Nuestros niños y adolescentes crecen y la sociedad se encuentra así de modo irremediable con unos individuos que han pasado por el medio escolar, pero a los que les resultad difícil convivir y que hacen difícil la convivencia, atiborrados de imágenes zafias, de cotilleos inútiles y absurdos, alejados de una realidad que por ley natural están obligados a tomar en sus manos sin recursos aprendidos para transformarla».
D.Enrique Mújica Herzog
Defensor del Pueblo.Y así cada día, todos los días del año.
Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella


