El magnífico formato del Thinkglao te obliga a una síntesis inicial de 18 minutos, pero te deja después una hora para desarrollar ideas a la vez que respondes las preguntas e intervenciones del público. Tengo la sensación de que, en parte, no dije todo lo que debiera o no lo dije como debiera. He aquí algo de lo que hubiera dicho con un poco más de temple:

Alguien me preguntó sobre las características de la red:

Hubo una vez un sueño que se llamaba INTERNET…: un Internet educativo, estimulante, lleno de posibilidades insospechadas. Un internet inteligente que une, enseña, te vincula con gente interesante, te permite compartir, crear contenido, te informa, te saca de la zona de confort, genera puestos de trabajo para el futuro, descubre y potencia talentos, te acerca lo lejano e inaccesible…. PERO la ambición de las grandes corporaciones y la desidia y pereza de los usuarios han ido construyendo un internet distraído que llena la pantalla de notificaciones urgentes para atraer nuestra atención, que nos impide concentrarnos en nuestra actividad.;  un internet adictivo que excita nuestras pulsiones emocionales y sensoriales para hacernos incapaces de escapar a la gratificación instantánea del “dame más” y “dámelo ya”; un internet  Gran Hermano  que nos vigila y almacena  nuestros datos para poder “dirigir” mejor nuestras decisiones y vendernos al mejor postor; un internet que nos separa, nos aleja de lo próximo, dificulta el desarrollo de las habilidades sociales, crea problemas relacionales nuevos: sexting, ciberbullying, grooming, cotilleo, postureo…; un internet sin derecho al olvido que imprime nuestra huella digital con todas las búsquedas e intervenciones que tenemos en la red; un internet burbuja que desinforma a la medida de nuestros clics, un internet de fake news, de algoritmos que refuerzan nuestros prejuicios ofreciéndonos solo una cara de la realidad; un internet pornográfico que se ha convertido en una auténtica escuela de educación afectivo-sexual para generaciones de pornonativos  distorsionando gravemente el desarrollo de su sexualidad; una Deep web, en fin,  profunda que es la selva habitada por seres malignos dispuestos a seducir a víctimas ingenuas que piensan que todo el mundo es bueno.

Una red que ha ido adquiriendo los siguientes rasgos: en Internet  no hay autoridad: no hay nadie que marque una pauta de actuación. Es como un juego: lo que allí pasa no tiene importancia por su carácter virtual, sin peso, sin densidad, sin papel, sin miradas, sin cuerpos físicos: es sólo cristal líquido y teclado. Esta desencarnación excluye fácilmente la empatía, la emotividad, las respuestas a la inexistente presencia del otro. Desencarnado, pero, paradójicamente, corpóreo: está lleno de imágenes de cuerpos. Nos obliga a  una conexión permanente que dificulta las relaciones físicas cara a cara, tensiona y dificulta el descanso de estar entre iguales. Una red que ha inventado la extimidad: el ver de manera continuada cómo otros pierden su intimidad ante las cámaras, la banaliza y la vacía de sentido, resquebrajando  la privacidad y desdibujando la frontera entre lo público y lo privado.  Una red en la que la impunidad del anonimato on line convierte a la pantalla en un parapeto que nos expone a la impostura frente a la responsabilidad presencial.  Una red en la que se puede ser cualquier cosa  editando una identidad a la carta frente a la  tozudez de la identidad real. Una red en la que la amistad se devalúa premiando la cantidad frente a la calidad, la instantaneidad y facilidad del clic frente al valor de la espera.

Hubo muchas preguntas sobre el QUÉ HACER. He aquí algunas sugerencias desde lo educativo:

Hay que educar en cómo moverse por la red, pero, sobre todo, en cómo moverse por la vida. Necesitamos amueblar bien las cabezas y ocuparnos de los corazones en vez  de inundar las aulas  y las casas de tecnología creyendo que esta por sí sola nos hará más listos y capaces. “No es delante de una pantalla, sino detrás, donde se forja el cerebro capaz de utilizarla correctamente”, dicen que dijo Steve Jobs.

Es imprescindible poner límites. Desde pequeños, hay que educar en la no satisfacción inmediata, para no confundir deseos con necesidades. La dinámica “me apetece, luego satisfago” no es educativa.

Dejémosles que se aburran: aburrirse estimula mucho la creatividad.

El juego social y físico, mejor que el digital

Educar en la conversación.

Antes de los dos años, nada de pantallas: más que conectar, contactar: “Estar contigo es importante para mí”. De tres a cinco años: ocasionales, no cotidianas y selectivas. A partir de los 5 años, plan concreto de uso, reservar momentos para la actividad física, evitar que se tenga un dispositivo digital en el cuarto al irse a dormir (televisión, móvil, tableta u ordenador). Evitar que hayan estado ante alguna pantalla una hora antes de irse a la cama.

La compra del móvil o la Tablet: una decisión educativa. ¿Cuándo?. Cuando creamos que está preparado/a para ello y cuando creamos que los padres estamos preparados para lo que nos va a exigir su acompañamiento.

No adelantar la edad de acceso a las redes sociales para darle tiempo al cerebro a configurarse de manera natural. Dejarles crecer.

Utilizar sistemas de control parental cuando la edad o las circunstancias lo exijan.

Despegar a los chavales de las pantallas, fomentando alternativas:  el deporte, las salidas, los juegos, las visitas, las conversaciones… y proporcionando espacios y tiempos libres de tecnología” en casa: la cocina, el comedor, la comida, la tertulia, la cena, la cama…

La tecnología tiende a ocupar el vacío que deja la familia. HACER FAMILIA. La familia es el mejor antídoto contra el ambiente  y lo que más a largo plazo se graba en el corazón.

Hubo también una breve polémica sobre las ganancias y las pérdidas de cada cambio tecnológico. Las ganancias son  siempre evidentes, las pérdidas, sutiles. A veces insignificantes, pero,  en ocasiones, decisivas, potentes e incluso irreversibles. ¿Qué nos aportan hoy las tecnologías de la comunicación? ¿Merece la pena frente a la toxicidad personal y social que han provocado y provocan? La cosa es compleja y va mucho más allá del estupor que a veces causa la novedad técnica: