«El silencio del desierto me enseñó a escuchar y a escucharme», dice el sacerdote Jesús Segura comentando su experiencia de seis meses en una cueva del desierto argelino.

Al leer la entrevista recordé algunas líneas de Margarita Rivière en El Malentendido:

«El mundo en general, no se entiende a sí mismo[…] No es el Apocalipsis sino la constatación de un sentimiento de orfandad, de desarraigo, de incertidumbre.[…] Los seres humanos tenían conocimientos elementales que permitían la supervivencia primaria… hacer pan, coser, realizar objetos útiles. Hoy todos esos saberes quedan atrás, como si nunca hubieran existido. […] vivimos sin raíces, en plena contradicción  […]  lo que hoy parece recomendable mañana puede ser letal y pasado mañana inocuo.

[…] Quién sabe si nosotros mismos existimos. Al menos esto es lo que piensa muchísima gente, cada noche, cuando comprueba que no sale por televisión[…], el chicle de los ojos, […] una realidad compartida en todo el planeta […] y que permite escuchar el ruido del mundo […] El ruido del mundo lo llevamos en el cerebro.

[…]Mi niñez estuvo llena de largos tiempos muertos —en los que se percibía de múltiples formas la realidad próxima— que hoy nadie sabe lo que son […] creíamos ser dueños de nuestra acciones […] éramos nosotros los que íbamos al encuentro del mundo y no al revés como ahora sucede.

Ahora el mundo, tal como nos lo muestran los Médiums, sobre todo el Gran Médium, vive en nuestro cerebro y tiende a apoderarse de él.[…]

La sobredosis comunicativa que vivimos —el estruendoso ruido del mundo— cambia no sólo nuestro cerebro, como dice Humberto Eco, sino y sobre todo las reglas de la comunicación. Al competir por hacerse un hueco efectivo en la comunicación de unos con otros, los mensajes, los contenidos se desgarran, se exageran y se convierten en gritos estremecedores o espectaculares  […]   El que más grita —y más insiste— es finalmente quien hace un hueco a su discurso.»

«Saborear el silencio para que las personas entiendan que existe la sociedad del bienestar, pero ¿y la del bien ser?» Dice finalmente Jesús Segura. «Viví algo distinto y esa experiencia supuso para mí una mirada nueva, otra perspectiva». Alejarse de la soledad del ruido para buscar la soledad del silencio. Dejar de escuchar para poder empezar a oír. Dejar de mirar para poder empezar a ver.

 El silencio es el grito más fuerte”, dijo Shopenhauer.

 Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.